Adicciones

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La adicción, ya sea al alcohol, el juego, las drogas o el sexo, según dice la Sociedad Médica Estadounidense de Adicciones (ASAM por su sigla en inglés), es una enfermedad crónica del cerebro, no solo un mal comportamiento o criterio.

De todo lo que se ha dicho de la muerte de Maradona (Diego vivirá por siempre, Maradona quizá murió hace mucho más tiempo), pocos han reparado en la importancia de este aspecto a la hora de analizar su comportamiento fuera de las canchas. De ese análisis pueden salir enseñanzas para conversar con nuestros hijos, entender a quienes sufren esa enfermedad y poder ayudarlos de mejor manera.

Maradona consumió drogas por primera vez durante su paso por el Barcelona. Allí unos “amigos” le abrieron una puerta que jamás pudo cerrar; pero fue durante su paso por Italia, en donde fue capaz de lo mejor en la cancha y de lo peor fuera de ella, cuando se convirtió en adicto. Miembros de la Camorra lo exhibían en sus fiestas como trofeo y el 10, que según sus amigos nunca supo decir no, continuó por la senda sin regreso que supone la adicción.

Lo intentó de mil maneras. Tratamientos en Cuba, desintoxicaciones en clínicas una y otra vez marcaron su vida. Incluso se dice que dejó las drogas y al final las cambió por el alcohol; pero la adicción mortal no fue ninguna de esas. Cuenta el propio Maradona en uno de los tantos documentales que se hicieron sobre su vida, el del serbio Emir Kusturica, que una vez, estando en Suiza salió del hotel para dar una vuelta por la calle y nadie lo reconoció durante los primeros metros hasta que llegó a un café. Dice que fueron los peores momentos de su vida.

Esta es una pequeña demostración de que Maradona era adicto al personaje que la sociedad construyó de él. Un personaje con tintes de dios que ningún humano es capaz de afrontar y menos uno al que nunca prepararon para nada, Ni siquiera para jugar a la pelota, porque ese don lo traía desde el más allá.

Pero la sociedad nunca aceptó ni aceptará su responsabilidad. Los ídolos nacen de la necesidad de ver en los demás nuestras propias incapacidades.

En la otra orilla están los adictos a sus oficios que han logrado cambiar el mundo en lo positivo. El mismo Maradona, con lo que le quedaba de lucidez, fue importante en la creación de la ley Bosman, que reguló la actividad profesional de los futbolistas.

Cuestionó a Grondona, el Corleone del fútbol suramericano, hasta el punto que este, para sacárselo de encima, lo puso a dirigir a la selección de Argentina. Cuestionó a la FIFA y siempre ganó. ¿Cómo hubiera sido si toda su energía la hubiera podido enfocar en el fútbol? Que la vida de Maradona sirva como ejemplo para ayudar a enfocar a nuestros seres queridos propensos a la adicción, que no es otra cosa que una enfermedad.

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