Historias de los mundiales

En Uruguay se abrió el camino

Las anécdotas de la primera Copa, realizada hace 88 años, con 13 selecciones. Las cuatro delegaciones europeas viajaron durante dos semanas para llegar a Montevideo.

Los jugadores argentinos el día de la final. / www.fifa.com

El enorme éxito que tuvo el torneo de fútbol en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, fue el impulso definitivo para que el entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet, decidiera organizar un mundial.

Hungría, Italia, Holanda, España, Suecia y Uruguay presentaron sus candidaturas, pero desde un comienzo la del país suramericano tuvo mayor fuerza. Primero, porque la selección charrúa venía de ser bicampeona olímpica. Segundo, porque en 1930 esa nación conmemoraba su independencia. Y tercero, porque prometió asumir los costos de transporte y alojamiento de todos los participantes.

En esa época Europa se encontraba en plena crisis económica y varios países se excusaron en eso para no participar. Finalmente Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia confirmaron su presencia.

Esas delegaciones emprendieron una complicada travesía marina que duró dos semanas. A bordo del barco Conte Verde realizaron la preparación física e intentaron mantener los trabajos con balón, aunque, como es de suponer, muchos de ellos cayeron por la borda.

Los contratiempos para los organizadores no faltaron. El espectacular estadio Centenario, especialmente diseñado para el torneo, no estuvo listo a tiempo, por lo que los primeros partidos se disputaron en los escenarios de Parque Central y Pocitos, sedes de los populares clubes Nacional y Peñarol.

El éxito deportivo y económico fue notable, aunque la Asociación Uruguaya quedó decepcionada por la escasa participación. Al final, apenas 13 equipos asistieron al campeonato, cuyo título definieron charrúas y argentinos.

La solemnidad, elegancia y buenas maneras durante las primeras fases del torneo, se perdieron a la hora de luchar por el trofeo. Ante cerca de 70 mil personas, el duelo definitivo fue casi una batalla.

Como uruguayos y argentinos jugaban con balones diferentes y no lograron ponerse de acuerdo para usar uno, el primer tiempo se disputó con el de los albicelestes, que se fueron a las duchas ganando 2-1. La segunda parte se jugó con la pelota que preferían los charrúas, que lograron darle vuelta al marcador e imponerse 4-2, para conquistar en su casa el primer título mundial.