Iván Ramiro Córdoba había llegado hacía poco a Bogotá. Desde tempranas horas de la mañana estaba atendiendo a medios de comunicación para hablar sobre Retrato de un luchador, su libro autobiográfico. Era mi turno. Antes de empezar se tomó un café para poder seguir conversando sobre sus memorias y proyectos. Nos contó que estaba cansado y adolorido porque un día antes estuvo jugando un partido con David Ospina, arquero de la selección de Colombia, en Rionegro, por el cumpleaños del guardameta del Napoli. “Lo seguimos dando todo”, dijo entre risas.
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Córdoba mantiene el mismo ceño fruncido con el que calculaba el momento exacto para cortar un avance del rival. Su mirada es fija y configura una especie de paradoja a sus brazos cruzados, postura que le ayuda a sentir seguridad y a mantenerse concentrado en su relato.
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Retrato de un luchador resguarda sus rabias, alegrías, tristezas, victorias y derrotas. En esas memorias tan difíciles de escudriñar, que necesitaron la ayuda de los protagonistas de cada suceso, están las razones de la personalidad que siempre ha defendido Córdoba. En el libro está la vez que huyó para evitar ser robado y notó que la velocidad era una virtud por explotar en su juego; está la emoción de saber que iba a vestir la camiseta número 2, la que se había guardado por el dolor del asesinato de Andrés Escobar; está el relato de cuando conoció a María, su esposa; hay varios capítulos del fútbol nacional e internacional: la amistad y la gratitud con Roberto Echeverry, Óscar Ruggeri, Francisco Maturana, Hernán Darío “el Bolillo” Gómez, Mario Alberto Yepes, Javier Zanetti y tantos otros con quienes compartió vistiendo las camisetas de Rionegro, Atlético Nacional, San Lorenzo, Inter de Milán y la selección de Colombia.
“A mí me convence mi esposa de escribir el libro. De parte mía, es muy difícil de que yo recuerde todas las cosas que hice, pero sobre todo del período que estuve en el Inter, que fueron doce años. Tengo un gran amigo, que es Edoardo Caldara, y yo a él le conté toda mi historia, de cuando comencé a jugar al fútbol, porque compartí con él en el trabajo todo ese tiempo, entonces le pude contar toda mi vida. Yo dije que tenía que ser una persona que me conociera muy bien para que me trate de sacar esos recuerdos, además que es una persona muy culta y muy preparada. Entonces comenzamos a hacer charlas de dos horas, hicimos diez charlas de dos horas donde él me hacía un montón de preguntas y se lograban conversaciones muy amenas. Fue, de verdad, una terapia para mí espectacular el hecho de repasar todos esos momentos de mi vida, porque a veces uno olvida y, lastimosamente, es así. La condición humana es así, uno se olvida muy rápido de las cosas porque vive a un ritmo increíble, y a veces uno debería hacer ese ejercicio de recordar todo lo que ha hecho como para subirse la autoestima en momentos en que uno tiende a ser débil”, aseguró Iván Ramiro Córdoba.
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El libro tiene capítulos dedicados a momentos particulares, con aspectos característicos de su personalidad. El comienzo y el fin de su ciclo con la selección de Colombia y la reflexión sobre la rapidez para jugar, pero la impuntualidad para las citas me llevan a preguntarle qué conclusión o relación tiene usted con el tiempo.
Yo comencé el 6 de enero del 2000 y terminé el 6 de mayo del 2012. Hay muchas cosas que uno se pone a pensar, como si se hubiera dibujado un destino de vida mío y yo simplemente tenía era que agarrar, digamos, los caminos que conducían a esa vía. Yo creo que así ha sido todo el proceso porque, por ejemplo, en la selección de Colombia de mayores yo comienzo con el profe Hernán Darío Gómez, él me da a mí una confianza enorme, tanto así que me lleva a vestir la camiseta número 2 de Andrés Escobar, pero de la misma forma es él que me quita esa confianza, no poniéndome en el Mundial 98, en Francia. Son de esas cosas que uno dice que no tienen sentido, pero yo creo que tienen que suceder para aprender y para ir encaminado en ese destino que uno tiene trazado. A mí me sirvió. Esas circunstancias sirven para afrontar la vida de otra forma. Y yo termino bien con el profe. Si yo hubiera tenido una actitud diferente después de que él no me hace jugar ese en ese mundial, no me hubiera vuelto a ver nunca más. Yo superé ese momento y me volví a ver con el profe, y siempre seguiré agradecido con él por esa oportunidad tan bonita que me dio de poder vestir la camiseta de la selección de Colombia, sobre todo el número 2, y porque después me dio la oportunidad de terminar con la selección, entonces fue un ciclo muy bonito. Otro ejemplo fue jugar en San Lorenzo de Almagro y encontrarme después al papa Francisco, el primer hincha del equipo, que hasta hace pocos años iba al estadio a vernos jugar. Y ahora lo encuentro de papa en el Vaticano.
“He tratado de ser, como se dice, solidario con las demás personas y nunca he querido que todo sea para mí. Siempre he querido compartir a través de mi fundación y muchas otras fundaciones, porque yo creo que si Dios le ha permitido a uno tener la condición de ser protagonista y tener más oportunidades, es porque uno tiene que compartir eso; ese beneficio que uno tiene a través de tantas oportunidades hay que compartirlo con los demás. Él tiene para usted una misión y es que usted tiene que servir de vehículo para que eso se comparta a los demás, no solamente para usted. Si usted se vuelve egoísta, dé por seguro que le cortan la corriente rapidito”, comentó Iván Ramiro.
Siempre el interés colectivo por encima del personal, siempre la victoria en conjunto antes que la gloria individual. A raíz de ese pensamiento, le pregunté por algunos personajes específicos:
Roberto Echeverry: Él no solo es un técnico, sino también es un formador, porque agarraba a los jugadores y les dedicaba todo el tiempo posible de manera tal que entendieran la misión de ser un jugador y un jugador íntegro, y luchar mucho por sus objetivos. En ningún momento le dejaba olvidar a uno los objetivos que uno se trazaba.
Francisco Maturana: Para mí es un maestro, porque lo que nosotros tenemos es a una gran persona y a un técnico que nos debe llenar de orgullo. Hay un antes y un después de lo que hizo Maturana con todo su equipo y eso tiene que seguir así. Es una lástima que el profe haya estado por tanto tiempo “en el olvido”, digámoslo así, entre comillas, en el olvido, porque es una persona que tiene tanto, pero tanto para darle al fútbol colombiano a nivel de formación que nosotros ni siquiera nos imaginamos.
Mario Alberto Yepes: Con él es diferente. Tienes a tu mejor amigo y lo tenés que enfrentar y lo tenés que marcar encima. Yo me acuerdo un partido contra el Chievo, en el que Mourinho me dijo: “Tú marcas a Yepes” y yo sé por qué lo hizo, porque sabe que yo lo conozco, porque sabe que yo me tengo que hacer matar por porque no me haga un gol, pero igual era muy bueno y era difícil marcarlo. En un tiro de esquina, Mario cabeceó un balón y pegó en el palo. En el entretiempo Mourinho cambió: me puso a marcar al otro central y Samuel referenció a Mario. Fue muy charro porque es casi como si hubiera dudado de que yo sí le estuviera marcando bien. Yo en ese partido hasta le pegué un puño. No sabía ni como marcarlo, y con las ganas de agarrarlo le metí un puño que él recuerda muy bien. Pero son cosas que pasan en la cancha y ves que no tiene nada que ver con la amistad. La amistad sigue su curso normal y no la modifica nada.
Javier Zanetti: Somos compadres con Javier y con Mario. Hay cosas que ya nos ligan demasiado y que seguramente permanecerán así, porque han pasaron muchas dificultades y la amistad siempre ha seguido y ha estado en pie. Javier es una persona muy especial, es muy detallista y es está muy pendiente de los detalles, de las fechas, de cada circunstancia. Él fue una de las pocas personas a las que le conté que me quería retirar ese día (en un clásico Inter-Milán) y que lo hacía porque era un partido muy bonito, en un partido importante, así yo no jugara desde el inicio, pero el solo hecho de poder estar en el banco, y si de pronto el técnico me metía algún minuto o algo, para mí ya era especial porque era un derbi y era un partido que contaba. Yo le dije a Javier: “Javi, qué rico poder retirarme en este partido, pero no quiero que sea lo más importante. Tenemos que ganarles a estos manes, al Milan tenemos que ganarle. Nosotros no podemos perder contra ellos”. Le dije: “No quiero que prepares nada”. Y cuando salimos a calentar y veo que todos salen con la camiseta número 2 se me encharcaron los ojos, encima toda la gente coreando el nombre mío fue espectacular, pero yo tenía miedo y era de comprometer el resultado, porque para mí siempre ha sido más importante el objetivo de grupo y teníamos que ganarle al Milan. El partido empezó, creo que empezamos perdiendo, si no recuerdo mal, empatamos y ganamos 4 a 2.
Usted habla en varias partes de la conciencia política, y en el capítulo de la Copa América 2001, donde usted anotó el gol del título, se habla de eso y de la responsabilidad que asumió el grupo para darle una alegría al país en medio de tanta violencia.
Uno tiene que convertir ese tipo de situaciones en una motivación muy grande, porque es que si hay una cosa que de verdad une a la gente es el deporte y el fútbol, el ciclismo y atletismo, todo el deporte que nos hace vibrar tanto a la gente. Yo no digo que olvidar los problemas no es afrontar los problemas con otra actitud también, porque no todo tiene que ser malo y el fútbol nos hace vivir sensaciones también muy buenas. Casi cincuenta millones de personas pendientes de nosotros, eso es una responsabilidad muy grande. Si yo no entro a la cancha y me hago matar por cincuenta millones de personas ¿entonces quién soy? Así de sencillo.
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Usted dijo dijo que le gustaría llegar a hacer parte de la Federación Colombiana de Fútbol o ser director técnico, ¿es un objetivo a mediano plazo? ¿Cómo mejorar, más allá de lo administrativo, la formación de jugadores y dirigentes del balompié en el país?
Alguien es corrupto porque demostraron que lo fue y sigue ejerciendo como si nada hubiera pasado, eso no tiene ninguna presentación. Y más haciendo un papel que es tan importante, que es el de dirigir el ente más importante del deporte en nuestro país. Tienes la posibilidad de hacer cosas tan espectaculares con el fútbol y no, te dedicas a hacer otras cosas, otras cosas que pagan para generar más plata a favor tuyo. Eso no puede existir. O sea, que la gente corrupta tenga la posibilidad de seguir siendo corrupta. Eso tiene que terminar de alguna otra forma. No es el problema principal de este momento en nuestro país, y no tiene que serlo, pero es un problema importante, porque es que nosotros no podemos tener una selección Colombia de un nivel como el que tenemos con nuestros jugadores, pero un sistema directivo que no funciona y no va a la par de nuestro nuestra selección. Yo tengo un plan a largo plazo y es ser parte de la Federación, aportar todo lo que yo pueda, pero eso lo dirá el tiempo. Hay que conformar un buen equipo de trabajo y prepararse muy bien. El fútbol no tiene que ser solamente de personas que hayan tenido experiencia futbolística. No. Se necesita mucho de la parte de personas que tengan conocimiento en lo administrativo, pero asimismo, esas personas que tienen mucho conocimiento de la parte administrativa deben aprender mucho de la parte deportiva, porque es la única forma de hacer la diferencia.