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Braian Angola, la esperanza de una selección que ya hizo historia

El llanero es la gran figura del combinado nacional, que por primera vez logró clasificar a los cuartos de final de la Americup de la FIBA.

Fernando Camilo Garzón

27 de agosto de 2025 - 06:06 p. m.
Braian Angola, la estrella de Colombia en la Americup.
Foto: FIBA
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Braian Angola tenía todo para llegar a la NBA. Un tirador efectivo, con puntería desde la media y larga distancia, manejo de balón pulido, una capacidad atlética sobresaliente y una estatura que roza los dos metros, atributos que lo convertían en un alero moderno, eficaz tanto en ataque como en defensa. En Florida State, destacada universidad del baloncesto NCAA, sus promedios lo perfilaban con potencial para el “draft”. La ilusión creció cuando vistió la camiseta de Orlando Magic en la Summer League, pero una lesión muscular truncó ese momento soñado. Desde Álvaro Terán, que estuvo en campamentos con los Sixers de Filadelfia, ningún colombiano había estado tan cerca y Angola fue la antesala al debut de Jaime Echenique con los Wizards. “Mucha gente desconoce esos procesos. Se cree que es algo muy sencillo llegar a ese lugar, la gran élite, y realmente está sujeto a muchísimos factores que dependen, casi al 100%, de nuestro trabajo. Es un esfuerzo individual y muy solitario”, le dijo el basquetbolista a El Espectador.

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Braian Angola, en el partido de Colombia contra Argentina.
Foto: EFE - STR

En todas las gestas recientes del baloncesto colombiano los nombres se repiten; Tello, Ibargüen, Echenique o Angola, quien precisamente es el rostro de la selección que no solo clasificó por tercera vez consecutiva a la AmeriCup, sino que por primera vez en la historia avanzó a cuartos de final. Superó, como el segundo mejor tercero, un grupo en el que estaban Dominicana, Nicaragua y Argentina, un mérito notable para un país que hace una década no figuraba siquiera en el escalafón de la FIBA. Colombia está ahora entre las ocho mejores selecciones del continente. El progreso es innegable, aunque hay que decirlo: gran parte reposa sobre los hombros de sus jugadores, no de una estructura sólida.

“Creo que somos una generación que ha hecho historia en medio de muchas carencias”, reflexiona Angola. Es una camada que se forjó a contracorriente. Hoy hay colombianos brillando en distintas partes del mundo: Andrés Ibargüen acaba de coronarse campeón en Argentina con Boca Juniors; Echenique es figura en Italia tras su paso por Turquía; Angola, por su parte, se prepara para disputar la Liga ACB en España, una de las más competitivas del planeta. A ellos se suma una nueva ola de talentos que se forma en academias y universidades de Estados Unidos, como Jaret Valencia, hijo del histórico Álvaro Terán. Una diáspora de talento que ha florecido sin suelo firme bajo los pies. Y la lista es mucho más larga.

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Tierra firme no hay. La liga profesional colombiana apenas dura un par de meses. Las divisiones inferiores funcionan con lo mínimo. El básquet es popular en los barrios, pero la formación es escasa. La pasión existe, los sueños también, pero no hay plataformas que los sostengan. Y aun así, surgen. Como si el talento colombiano se negara a desaparecer, incluso en el abandono.

La historia se repite. Casi todos los basquetbolistas que hoy brillan en el exterior se formaron lejos de su país. Angola, por ejemplo, dejó su tierra en Casanare escapando de la amenaza de los paramilitares. A los 14 años, su familia decidió sacarlo de Villanueva para evitar que fuera reclutado. Llegó primero a Villavicencio y más tarde saltó a Estados Unidos, donde comenzó el camino inconcluso hacia la NBA.

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“No haber llegado siempre va a pesar, siempre va a doler. En el fondo, nunca voy a dejar de creer que tenía con qué. Pero, también entiendo mi historia y lo que he logrado. Hoy voy a jugar a España, pero fui figura en Turquía, campeón de Europa en Israel. Soy un afortunado de la carrera que he construido y sé lo que he significado para generaciones que vinieron después”, asegura la estrella de la selección.

La Americup de Nicaragua ha sido su cima con el combinado nacional. Nadie había llevado al equipo tan lejos. Y eso que esta vez Colombia jugó sin piezas importantes como Tello, Trocha, Ibargüen, De Luque o Echenique. Con ellos, quizás el podio no hubiera sido un imposible. Ahora en cuartos la pelea es con el mejor del torneo: Canadá. El camino no parará ahí, este grupo no ha dejado de soñar con estar en un Mundial o en unos Olímpicos. Y si alguna vez lo logran, será por la voluntad de jugadores como Angola. Que, en medio del miedo, la ausencia o el olvido, eligieron hacer historia.

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