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El camino de una carrera: la historia del fondista Rubén Barbosa

En entrevista con El Espectador, el atleta colombiano Rubén Barbosa habló sobre los sacrificios que ha tenido que hacer para consolidarse en el atletismo y sus expectativas para la próxima edición de la media maratón de Bogotá.

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Diego Alejandro Daza Gómez
23 de julio de 2026 - 11:00 p. m.
Rubén Barbosa en competencia.
Rubén Barbosa en competencia.
Foto: Cortes
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Rubén Barbosa apenas era un niño. Tenía entre siete y ocho años cuando cada mañana se levantaba, alistaba sus útiles, se cambiaba y emprendía el camino hacia el colegio, pero no lo hacía de la manera habitual. Desde la vereda Jerusalén, en La Calera, Cundinamarca, lo esperaba un recorrido de aproximadamente tres kilómetros hasta la escuela. En lugar de caminarlo, Barbosa corría. Y lo hacía de lunes a viernes, prácticamente sin falta. Sin saberlo, aquel trayecto se convertiría en el comienzo de una disciplina que años después lo llevaría a ser uno de los referentes del atletismo colombiano.

El camino no era sencillo. La ruta comenzaba por una vía destapada y, en determinado punto, se convertía en una estrecha calle de herradura que atravesaba un potrero. El recorrido de ida y vuelta estaba marcado por la montaña y por un desnivel pronunciado, en una zona ubicada a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar. Cuando salía de su casa hacia el colegio, la pendiente descendente hacía que el trayecto pareciera más rápido. Al regresar, en cambio, tocaba subir.

Para Barbosa, aquellos kilómetros no eran una obligación, sino un reto. Su hermana también hacía el recorrido, aunque caminando. Él, en cambio, prefería correr. Era una competencia consigo mismo: cada día intentaba bajar los aproximadamente 12 minutos que tardaba en completar el trayecto. Sin saberlo, esa competencia diaria consigo mismo lo estaba preparando para una competencia mucho más grande. Años después, cuando llegó a los Juegos Intercolegiados, Barbosa dejó de correr únicamente contra el reloj y comenzó a hacerlo contra otros atletas. Fue allí donde conoció a Rolando Ortiz, el entrenador que todavía hoy lo acompaña.

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“Inicié a correr en los Juegos Intercolegiados. Ahí conocí a mi entrenador, Rolando Ortiz, quien actualmente sigue siendo mi entrenador”, recuerda. En los 3.000 metros planos, Barbosa llamó la atención de Ortiz. “Corrí demasiado bien, y él me dijo que tenía unas cualidades, un talento especial”, comenta. Lo hizo, además, en condiciones que poco tenían que ver con las de un atleta profesional: era un principiante, competía en una pista de patinaje y llevaba unas zapatillas y un uniforme de fútbol.

Aun así, el resultado fue suficiente para abrirle una puerta. “A las dos semanas me llevó a correr a Duitama. Ahí estaban los mejores del país y logré quedar cuarto”. Ese resultado cambió la forma en la que Barbosa veía la carrera. Ya no se trataba únicamente de intentar bajar los 12 minutos de su recorrido hacia el colegio. Ahora había descubierto que podía competir y medirse con los mejores.

“Ya sabía que podía estar ahí, que tenía las capacidades para poder disfrutar esa clase de eventos”. Entonces entendió que el talento, por sí solo, no sería suficiente: “Antes pensaba que correr siete u ocho kilómetros era bastante, y que con eso ya tenía. Sin embargo, después de quedar cuarto me di cuenta de que me tocaba entrenar más”.

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Y así fue. Barbosa empezó a entrenar cada vez más. No obstante, los resultados esperados aún no llegaban y hubo un momento en el que estuvo a punto de dejarlo todo. Después de seis o siete años entrenando el atletismo todavía no le daba la estabilidad económica que necesitaba. Para poder seguir corriendo Barbosa participaba en carreras “piratas” y utilizaba el dinero que ganaba para comprar zapatillas y vitaminas, además de pagar viajes y hospedajes.

“Me dije que si no llegaba a correr bien en los Juegos Deportivos Nacionales, si no obtenía una medalla y no conseguía un patrocinador me retiraba”, recuerda. La competencia de 2023 se convirtió así en una última oportunidad. Y Barbosa respondió. Con 24 años consiguió una medalla de plata en los 5.000 metros planos y una de bronce en los 10.000. No solo subió al podio, sino que también apareció el equipo Porvenir.

A partir de entonces los podios comenzaron a llegar con mayor frecuencia. Dos años después, en 2025, fue subcampeón de la Corrida Internacional Ciudad de Cipolletti, en Argentina, con un tiempo de 29 minutos y 23 segundos en los 10 kilómetros, y terminó tercero en la Carrera Atlética Internacional Marathon.TV, en México, con un registro de 29 minutos y 57 segundos.

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“Muchas veces hubo momentos de duda. Aunque siempre confié en que algún día iba a dar resultados. Ahora me siento muy contento y orgulloso de mi esfuerzo. Pero esto no habría sido posible sin muchas de las personas que estuvieron en el camino, especialmente mis padres. Ellos fueron un punto clave para que pudiera estar acá, porque me ayudaron con muchas cosas. Realmente, no somos una familia con mucho dinero, pero ellos me ayudaron con lo que tenían”.

Ahora Barbosa se prepara para correr en las calles de Bogotá, en una prueba que representa un nuevo desafío dentro de su carrera. Para la media maratón de Bogotá ha trabajado especialmente la capacidad aeróbica y ha llegado a acumular cerca de 200 kilómetros semanales de entrenamiento. La preparación también ha incluido trabajos más largos y sesiones de potencia, con una meta clara: “Las expectativas son intentar entrar al top 5. Hemos hecho una buena preparación y, en general, nos hemos sentido bien, que es lo importante de cara a la carrera”.

La distancia ya no es la de aquellos siete u ocho kilómetros que recorría de niño para llegar al colegio. Ahora son 21 kilómetros en los que deberá volver a enfrentarse consigo mismo, al cansancio y al dolor. Sabe que la carrera exigirá llevar el cuerpo al límite, pero también confía en todo el trabajo que hay detrás. “Cuando uno entra en ese momento de estrés, piensa en el trabajo hecho. Uno dice: ‘No puedo echar a la basura todo ese tiempo de entrenamiento’”. El reto es grande. Ya no busca bajar los 12 minutos de un recorrido conocido, sino estar entre los mejores cinco en una de las carreras más importantes de toda Latinoamérica.

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Diego Alejandro Daza Gómez

Por Diego Alejandro Daza Gómez

Comunicador social y periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Escribe para El Espectador y ha colaborado con Directo Bogotá. Tiene experiencia en radio como locutor de la sección deportiva de Mix 92.9. Le interesan los temas deportivos y culturales.DiegoDazaGomezdadaza@elespectador.com

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