París acogerá este domingo una de las finales más simbólicas del tenis en los últimos tiempos. No será solo la coronación del nuevo rey de Roland Garros, sino el primer gran duelo en una final de Grand Slam entre los dos nombres llamados a dominar la próxima era: Jannik Sinner, número uno del mundo, y Carlos Alcaraz, número dos y vigente campeón.
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Será la primera vez que se enfrenten en esta instancia de un grande, en un escenario que desde hace décadas sirve de consagración o de frontera. Y será también la primera final de Roland Garros entre dos jugadores nacidos en este siglo: Sinner de 23 años, Alcaraz de 22.
El italiano, impecable durante el torneo —sin ceder un solo set—, dominó en las semifinales a Novak Djokovic, quien, pese a su experiencia y resistencia, no pudo contrarrestar la intensidad del joven líder del circuito. El marcador de 6-4, 7-5 y 7-6 selló una actuación que ratifica el momento de forma de Sinner, quien llega a esta final como el jugador más sólido del año.
“Es un honor afrontarlo. Siempre te enseña cosas nuevas jugar contra él”, dijo tras batir al serbio, en un duelo que representó también el paso de testigo simbólico de una generación a otra.
Carlos Alcaraz, por su parte, selló su billete a la final tras superar un partido complejo contra Lorenzo Musetti, que mostró un gran desempeño durante el primer set, pero acabó retirándose en el cuarto set por una lesión en el muslo izquierdo.
El español reaccionó con madurez en el segundo set, imponiéndose en el tie-break, y a partir de ahí aceleró el ritmo hasta inclinar definitivamente el duelo. El marcador final quedó en 4-6, 7-6, 6-0 y 2-0, antes de la retirada del italiano. “Solo queda un paso más. Me siento muy bien”, aseguró el murciano, que llega a la final con títulos recientes en Montecarlo y Roma (contra Sinner), y una única derrota sobre tierra batida este año.
Una rivalidad que pinta para ser histórica
Ambos llegan a este duelo con un historial particular que revela su creciente rivalidad. Se han enfrentado ya once veces: Alcaraz lidera 7-4, incluyendo las últimas cuatro victorias, la más reciente en Italia. El registro muestra además el equilibrio de fuerzas: en cemento el balance es parejo, mientras que en tierra batida —superficie que será protagonista el domingo— los últimos dos enfrentamientos se han decantado para el español, incluida la semifinal de Roland Garros del año pasado.
No obstante, el contexto de esta final otorga un matiz distinto a cualquier duelo anterior. Será la primera vez que ambos se midan con un título de Grand Slam en juego. Hasta hoy, ambos mantienen un récord perfecto en finales de grandes: Alcaraz ha ganado las cuatro que disputó, mientras que Sinner ha vencido en las tres que ha jugado. La final del domingo no solo coronará a un campeón, sino que empezará a definir una narrativa que probablemente marque la década.
Más allá de los números, lo que propone esta rivalidad es una nueva estética del tenis: la combinación de potencia y elasticidad en Alcaraz; la precisión quirúrgica y el control emocional de Sinner. El italiano ha dado un salto cualitativo en los últimos dos años, mostrando una madurez táctica y física que parecía el último peldaño que le faltaba. Alcaraz, por su parte, continúa consolidándose como el jugador más completo de su generación, con una variedad de recursos difícil de igualar.
Gauff, la nueva reina de París
La final femenina también confirmó el pulso renovador que vive el tenis. A sus 21 años, Coco Gauff conquistó su primer título en Roland Garros al remontar a Aryna Sabalenka en un duelo vibrante. La estadounidense, que hace apenas cinco años irrumpía como promesa precoz en Wimbledon, se consolidó como una de las grandes referencias del circuito. Su madurez y resistencia mental, claves ante la número uno del mundo, rubrican un cambio de guardia en la WTA.
En una Philippe Chatrier que presenció la caída de Swiatek en semifinales y ahora el relevo a Gauff, la estadounidense completó el círculo que Serena Williams abrió una década atrás. Así como la final entre Alcaraz y Sinner anuncia la era por venir en el tenis masculino, el triunfo de Gauff marca el surgimiento de una nueva generación femenina dispuesta a romper los moldes y a tomar el testigo en los grandes escenarios.
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