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La cancha de polvo de ladrillo de Casablanca no se sentía como un club de tenis. Era una caldera ruidosa, cargada de tensión. Colombia llegaba a Marruecos para una serie de Copa Davis que tenía un ambiente más propio del fútbol. Entre sus convocados había una novedad: Juan Sebastián Gómez, quien llegaba para tener por fin el debut que esperó por años. Era parte del equipo no como esparrin, sino como uno más.
La convocatoria la anunció el capitán Alejandro Falla con un grupo que mezclaba experiencia y presente. Nicolás Mejía y Adrià Soriano eran los singlistas principales, y como alternativa estaba Miguel Tobón Jr. Para el partido de dobles los opcionados eran Sebastián Gómez y Nicolás Barrientos.
Para Gómez, nacido en Bogotá hace 33 años, estar en esa serie fue el premio al trabajo que realizó en los últimos meses, como llegar a la final del Challenger Seguros del Estado que se celebró en el club Los Lagartos o la medalla de oro conseguida junto a María Paulina Pérez en los Juegos Bolivarianos de Ayacucho 2025.
La serie contra Marruecos los recibió con un clima especial por el ambiente de Copa Davis que contrasta con la solemnidad de los grandes torneos. Esos días tuvieron al público encima, barras pegadas a la línea. La primera jornada concluyó en empate y el tercer duelo, el de dobles, les permitió a Barrientos y Gómez dejar a Colombia a un punto de la clasificación.
En el cuarto partido, que sería el definitivo, el incendio estalló. Nicolás Mejía cerró el punto que sentenció una serie dramática. Botellas volaron hacia la cancha y hubo intentos de invasión mientras las delegaciones discutían. El equipo colombiano tuvo que esperar la llegada de la policía para irse escoltado al hotel.
“No sabía exactamente qué le decían, porque estaba en el otro lado, pero eran cosas muy ofensivas, como narcotraficante, cocaína, vamos a secuestrar a tu mamá, cosas así. Eso me comentó Nicolás después. Se lo guardó durante el partido para no desconcentrarse. (...) Al final reaccionó hacia el público. Para mí, Nicolás se tuvo que desahogar así, y está bien que lo haya hecho”.
En el balance, Colombia ganó 3–1 y aseguró su paso a la siguiente estación del torneo. El reto que viene será en septiembre por el Grupo Mundial I, también en condición de visitante, frente al equipo de Países Bajos, con el objetivo de seguir en carrera hacia los Qualifiers.
Para entender por qué ese debut en Copa Davis fue tan esperado hay que volver a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur 2010.
Gómez se estableció como promesa mundial al coronarse campeón olímpico juvenil luego de vencer en la final de sencillos al indio Yuki Bhambri. Fue su primer gran cumbre competitiva.
La promesa del tenis colombiano
Esa medalla dorada lo empujó a una zona extraña de demasiada atención y expectativas. “La fama fue mucha para lo que estaba preparado. No la asumí con la mejor responsabilidad. Me desenfoqué un poco por eventos y entrevistas”, confesó.
Por esos años Colombia sostenía un equipo de Copa Davis más competitivo, con nombres asentados en la élite. Alejandro Falla y Santiago Giraldo se consolidaban en el top 100 de la ATP, y eso estrechaba el espacio real para que un juvenil irrumpiera sin escalas.
En paralelo, para Sebastián hubo un salto que costó bastante. Después de ganar esa medalla pensó en irse al profesionalismo y estar entre los mejores 100 del mundo. Su mejor ranquin fue 469. “Pasaron muchas cosas personales que me impidieron llegar más alto después de salir de júnior”.
Y ahí apareció una lectura que comparte de este deporte como un oficio duro, caro y desigual. En la entrevista lo explicó con un tono más estructural. “Solo viven de esto los 100 mejores del mundo, y tienes que mantenerte unos cuatro o cinco años para que puedas tener la vida que siempre quisiste tener. El tenis les da muy poco a los jugadores”.
El renacer de Sebastián Gómez
A pesar de que el plan original no salió como esperaba, nunca soltó una idea fija. Lo hablaba con Cristian, su entrenador, que en algún momento, sea como fuere, se le iba a dar lo de estar en la Copa Davis.
El resurgimiento se construyó en semanas concretas y con resultados recientes. De ahí que la Federación lo señalara como una novedad ligada a un buen 2025, con competencia sostenida y un cierre de temporada que lo devolvió a la conversación a nivel nacional.
Resultados como la final en el Challenger de Bogotá y la medalla de oro en los Bolivarianos le demostraron que todavía hay historia por escribir con su raqueta. “Este es el segundo mejor momento de mi carrera. El primero fue después de la medalla de oro olímpica. Ahora vuelvo a enfocarme fuerte en sencillos y en dobles, también. Quiero respaldar los puntos que hice en Bogotá y mejorar físicamente. En dobles quiero llegar a grandes torneos y a los Grand Slams”.
También mira el panorama colombiano con realismo. Reconoce que ya no hay la misma cantidad de top 100 que en otros momentos y que llegar al Grupo Mundial es más difícil. Aun así, insiste con optimismo en que no es imposible, y ubica el objetivo en el largo plazo. “El camino del tenis es hermoso. Lo que es de uno es de uno. Me enfoco en hacer las cosas bien con la madurez que tengo ahora. Si no hubiese pasado por lo que pasé, no habría aprendido. Estoy contento con lo que he vivido”.
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