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11 Oct 2015 - 10:00 p. m.

China y EE. UU., el poder de cambiar el comercio mundial

Esta semana se firmó el Acuerdo Transpacífico, considerado el más importante de la historia. China le hace contrapeso con la “nueva ruta de la seda”, sin concretar. Se consolida el paradigma del libre comercio.

Óscar Güesguan Serpa

El liderazgo económico asiático es indiscutible. Fácilmente se podría concluir la idea luego de que Estados Unidos liderara la conformación del bloque económico más importante de la historia, que se ha dicho abarca más del 40 % del PIB mundial.
 
El ascenso de China y la influencia que tiene en su región, diría la teoría realista de las Relaciones Internacionales, se configura como una amenaza para Estados Unidos, un “hegemón” que no puede permitir que haya un estado con su misma influencia. Por eso el Acuerdo Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) podría ser considerado como la manera en la que el país del norte quiere ingresar al caudal por el que están transitando los mayores flujos de capital del planeta y ganar participación, hacer nuevos amigos.
 
“El que China esté fuera del acuerdo refleja el interés estratégico de Estados Unidos y Japón, especialmente, de contrarrestar el creciente peso económico de China. La estrategia actual de China es felicitar el acuerdo y mostrar un cierto interés en el mismo, en la filosofía de que todo acuerdo de libre comercio es positivo. Sin embargo, sin duda China observa este acuerdo con desconfianza e interés al mismo tiempo”, dijo Gonzalo Garland, economista y profesor de IE Bussiness School, en España.
 
El acuerdo –del que son miembros Japón, Chile, Perú, México, entre otros– ha suscitado críticas por la privacidad en la que fue negociado. Lo conocido hasta ahora ha sido gracias a unas filtraciones hechas por Wikileaks que dejaron en evidencia la posible creación de derechos de propiedad intelectual en internet, la supuesta prohibición de la venta de medicamentos genéricos y privilegios para las corporaciones que trasladen sus inversiones a los países miembros del TPP.
 
Para Javier Garay, docente investigador de la Universidad Externado de Colombia, “hay una crítica que se puede analizar desde dos posturas: por qué se hacen negociaciones a espaldas de la opinión pública y son muy válida los reparos, pero por el otro lado, comparándola con el proceso de paz que hay en Colombia, hay unos elementos y temas que generan muchas pasiones. En el caso de los tratados comerciales hay sectores perdedores en los que están concentradas las pérdidas y quieren socializarlas. Estos sectores tienen capacidad de lobby y las presiones pueden llevar al fracaso de los procesos”.
 
La presencia de Perú, México y Chile en el TPP también hacen pensar que EE. UU., además de hacer contrapeso al papel de China en oriente, busca recuperar el terreno que perdió en América Latina tras la crisis financiera del 2008, cuando el país asiático aprovechó para financiar a estados que hasta ese momento habían generado cierta dependencia económica estadounidense.
 
De manera paralela, mientras se negociaba el TPP en Colombia junto con Chile, Perú y México acordaban la Alianza del Pacífico. Una iniciativa que, según el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), Javier Díaz, nos vinculó con los países latinoamericanos pero no con los “grandes jugadores” de la economía mundial.
 
Hoy lo más cercano que tiene Colombia a Asia es la Alianza del Pacífico y, aunque no fue sino hasta mediados de este año que entró en vigencia, los beneficios en la práctica ya son cuestionados. Sin embargo, Max Rodríguez, representante de PromPerú en Colombia, no está de acuerdo con estas aseveraciones.
 
Para él, los acuerdos tienen que ser analizados según el espacio histórico, pues la realidad de hace cinco años, cuando se estableció la mesa para configurar la Alianza del Pacífico, no es igual a la actual. “Gracias a la Alianza del Pacífico, en la actual coyuntura el comercio en los países miembros se ha fortalecido y hay un comportamiento económico mejor que en el del promedio de los países de la región. La inversión de Colombia en Perú, entre 2011 y 2015, se ha duplicado, pasando de US$5 mil millones a US$10 mil millones, y la de Perú en Colombia también aumentó cerca de un 50 %. Que no haya resultados es una falacia”, manifestó.
 
Lo cierto es que Colombia, bien o mal, no hace parte del TPP. De acuerdo con la ministra de Comercio, Industria y Turismo, Cecilia Álvarez-Correa, “no estamos en el TPP porque cuando comenzaron las negociaciones no hacíamos parte del APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico), no teníamos ningún tratado de comercio con ese continente y por eso llegamos tarde”.
 
Esta semana, la mayoría de expertos consultados por los medios de comunicación de Colombia, al unísono, cuestionaron que el país no hubiera hecho gestiones para pertenecer al TPP. Pero también castigaron una estrategia, tibia si se quiere, en los procesos de la apertura. “Es terrible, Colombia siempre llega tarde a las estrategias. Diferentes países latinoamericanos ingresaron al APEC y Colombia de manera muy tardía solicitó la adhesión. Ha habido una estrategia equivocada, en términos de apertura comercial, y eso se debe al cambio en la política ambiciosa comercial expansiva que se dio durante el gobierno Uribe y que frenó el de Santos. Esto no es solamente un tema de política exterior y comercial, sino de cómo las políticas domésticas han afectado la dinámica de apertura comercial”, apuntó Garay.
 
Al margen de las diferencias locales particulares, Estados Unidos y China están modificando la concepción del comercio y economía internacional consolidando el “paradigma del libre comercio” o “el tercer grado de apertura”, debaten los académicos.
 
Solamente cuando entre en vigencia el TPP y se concrete la “nueva ruta de la seda” impulsada por China, en la que 60 países, con la tercera parte del PIB mundial, quedarán vinculados, se definirá hacia donde van los negocios mundiales. 

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