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Son múltiples los impactos que tiene el clima en la vida de las personas y en la economía. Ahora se intensifican con los efectos del fenómeno de El Niño, que trae la sequía y, con ella, los incendios.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió recientemente una alerta sobre el fenómeno y señaló que se “intensificará hasta convertirse en un episodio muy fuerte durante los próximos meses, aumentando el riesgo de inundaciones, sequías y calor extremo en distintas partes del planeta”.
Este evento climático consiste en el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical central y oriental. Los modelos climáticos estiman que el actual será el más intenso de los últimos 30 años y una duración promedio de 18 meses, de acuerdo con un estudio realizado por ANIF.
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Con estas estimaciones, se hace necesario entender cómo los efectos climáticos extremos impactan a la economía.
«El fenómeno de El Niño impacta la actividad económica, reduciendo el crecimiento y presionando al alza la inflación», resalta el informe. De hecho, se asocia con un menor crecimiento económico del agro y del sector energético de 0,56 puntos y 0,47, respectivamente.
Otro de los impactos es directamente para los consumidores. «Mayores temperaturas tienen un impacto directo en el poder adquisitivo. El 19 % de la canasta de consumo de los hogares estaría comprometida», de acuerdo con el informe.
La razón es el incremento en los precios de la energía porque se incrementa la dependencia de las plantas térmicas, cuya producción es más costosa que la usada en condiciones normales: las centrales hidroeléctricas. Las reservas hídricas se ubican levemente por encima de la mediana, pero debajo de la meta fijada por la CREG.
De otro lado, los alimentos perecederos serían los más afectados por la sequía, generando presiones inflacionarias significativas. «Durante el fenómeno más reciente, los precios de los alimentos aumentaron 9,9 % más que el nivel general de precios», destaca ANIF.
Las razones son variadas. Una de ellas tiene que ver con la disminución de la oferta de los alimentos por la caída en la producción, que son sensibles a los cambios climatológicos. Además, el estrés hídrico afecta la supervivencia de las plantas y la calidad de sus frutos. De otro lado, con la reducción en la humedad de los suelos, aumenta la probabilidad de incendios, como ha ocurrido en diversos departamentos, pero especialmente en el Tolima.
El impacto también termina por ser macroeconómico, ya que con una mayor presión inflacionaria en el país se va a demorar más tiempo en llegar al rango meta establecido por el Banco de la República (que es de entre el 2 y 4 %).
«Un shock de oferta persistente podría retrasar la reducción de las tasas de interés», que hasta el momento está en el 12 %, según el informe.
Finalmente, bajo estas condiciones el crecimiento del subsector energía y agro se vería afectado, un choque que se amplificará a medida que el sector agropecuario gana peso en el PIB, concluye ANIF.
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