Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Los analistas, expertos y funcionarios sostienen que para enfrentar los nuevos retos del comercio, que incluyen el aumento del proteccionismo con medidas como los aranceles de Donald Trump y el panorama geopolítico, los países y las empresas deben diversificar sus mercados. Pero hacerlo es todo un reto.
Ante la pregunta de cómo pueden las empresas de América Latina llegar a nuevos mercados en este nuevo panorama, Pamela Coke-Hamilton, directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC, por sus siglas en inglés), respondió que la región necesita unirse. El ITC es una agencia de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio (OMC) que ofrece asistencia a países en desarrollo y pequeñas empresas para impulsar su participación en el comercio.
No se pierda: No reformar la OMC tiene un costo: ¿qué podría pasar con la economía mundial?
“Es hora de que finalmente suceda la discusión y la decisión sobre la integración regional. Creo que una de las cosas más poderosas que América Latina podría hacer ahora mismo es perseguir activa y deliberadamente un área de libre comercio regional”, dijo a El Espectador. El comercio intrarregional representa solo el 15 % de las importaciones y exportaciones de los países de la zona, según estimaciones de la CAF.
Por esa vía, explicó la experta en el marco del Foro Público de la OMC, que se realiza en Ginebra (Suiza), la región tendrá una base de poder más fuerte para negociar en el mercado comercial internacional. La diferencia entre lo que ha pasado con Asia, según Coke-Hamilton, es que sí se han tomado decisiones que en América Latina se siguen postergando. “No tienen que agradarse, solo reconocer que el poder de unirse cambia la trayectoria. Brasil, Colombia, Venezuela, Chile, Perú, Argentina, México… La región tiene todo lo que se necesita para ser competitiva”, agregó.
La guerra en Medio Oriente y los riesgos para los países en desarrollo
En medio del cierre del estrecho de Ormuz se han elevado los costos de la energía y del transporte, ejerciendo presión sobre las cadenas globales de suministro. Pero el impacto no se limita a esta área: la directora resaltó que las importaciones de urea, amoníaco y azufre provenientes de esa región cayeron más de un 80 % en el segundo trimestre de este año. Como estos son insumos fundamentales para los fertilizantes, la producción agrícola y de alimentos se ha visto afectada en el mundo.
“La urea, por ejemplo, se utiliza principalmente para fertilizantes, pero también para la alimentación animal. El amoníaco se utiliza para la nutrición de los cultivos y el azufre se utiliza para fertilizantes y control de plagas. Las consecuencias se sienten mucho más allá del Golfo. En los últimos años, los países menos desarrollados obtuvieron 61 % de sus importaciones de amoníaco y 68 % de sus importaciones de azufre de economías expuestas a Ormuz”, aseguró la directora.
Lea también: ¿Qué viene para Bre-B y las llaves? El Banco de la República explica
Países en desarrollo como Bangladesh, Pakistán, República Democrática del Congo, Kenia, Mozambique y Sudáfrica dependen en buena parte de las importaciones de fertilizantes de esa región. En Brasil, por ejemplo, los costos de la urea subieron 56 %. Así las cosas, el choque comercial y logístico se puede convertir en un desafío para la seguridad alimentaria.
En este panorama también surgen oportunidades: por ejemplo, Egipto casi duplicó sus exportaciones de urea, principalmente por los envíos a la India y en el caso de Nigeria aumentaron 81 %. Aunque persiste el reto de que las empresas puedan mantenerse en los nuevos mercados: un análisis del ITC muestra que solo entre tres y cuatro de cada 10 pequeñas empresas en África siguen exportando un año después de entrar a los mercados internacionales.
💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas? Lo invitamos a verlas en El Espectador.