¿Cómo será el futuro del empleo en Latinoamérica?

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Una investigación del Banco Mundial concluye que el sector servicios concentrará 60 % de la mano de obra en la región. Hay retos grandes en temas como protección social, aumento de productividad y calificación de la mano de obra.

El sector servicios será uno de los que más concentre mano de obra en Latinoamérica de cara al futuro, pero, a la vez, en su conjunto es uno de los que más retos enfrenta en temas como crecimiento de la productividad. Esta es una de las conclusiones de un reciente estudio del Banco Mundial (BM) acerca de cómo está cambiando el panorama laboral en la región.

La investigación se centró en analizar cuáles eran los factores que estaban impulsando cambios en los sistemas laborales del continente antes de la pandemia y cómo éstos aceleraron o fueron modificados por el escenario COVID-19. El análisis concluye que, a ritmos variados, hay una ola generalizada de desindustrialización en la región y una pronunciada migración de la fuerza de trabajo hacia el sector de servicios.

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“Esta ‘desindustrialización prematura’ es preocupante porque el sector industrial tiene el nivel de productividad laboral más alto y la tasa de crecimiento de la productividad más alta en la mayoría de los países. Cuando ocurre la desindustrialización prematura, la mano de obra se desplaza del sector industrial a sectores de menor crecimiento de la producti- vidad, generalmente los servicios, reduciendo la productividad general (la llamada enfermedad de costos de Baumol), con consecuencias negativas para el crecimiento del ingreso real y las condiciones de vida”.

El informe asegura que el sector servicios concentrará 60 % de la fuerza laboral en el futuro, pero aún hay una pobre comprensión del complejo papel que este renglón tiene en temas como productividad, valor agregado y creación de empleo, por lo que se recomienda comenzar a crear políticas orientadas y específicas para éste.

Hablar de sector servicios como una masa homogénea, reconoce la investigación, no es posible, pues hay subsectores de éste que sí han tenido (y proyectan) mejorías en productividad y en remuneraciones salariales en promedio. Por ejemplo, se habla acá de empresas de tecnología o cercanas al sector de comunicaciones, que han adquirido dinámicas muy cercanas a las registradas en la industria (con mayor acceso a mercados internacionales y exposición a inversión extranjera directa, por ejemplo), lo que les ofrece mejores oportunidades de obtener beneficios de escala, entre otros factores que terminan redundando en una mayor productividad.

Pero este aspecto tiene, a su vez, una esquina oscura y es que estos subsectores de servicios son “muy intensivos en conocimientos técnicos”, señala el informe del BM, algo que a su vez podría implicar que no son los mejores lugares para absorber mano de obra no especializada, “por lo tanto, su capacidad de proporcionar empleo a mano de obra no calificada puede ser limitada”, dice el informe, que a renglón seguido agrega: “Sin embargo, algunos subsectores del sector servicios son intensivos en el uso de mano de obra no calificada. Lamentablemente, dichos subsectores son, por lo general, sectores de crecimiento de baja productividad y, por lo tanto, contribuirán menos a la productividad agregada”.

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Hay aquí, entonces, una necesidad que sólo se ve acelerada y profundizada por la pandemia, y que bien funciona en dos vías: concentrarse en incrementos de productividad del sector servicios, especialmente de los renglones que más absorben mano de obra no calificada; y, por otro lado, continuar los esfuerzos en capacitación y educación de la fuerza laboral para ponerla por fuera del espectro de reemplazo de la tecnología, cuya principal presión en este campo es la automatización.

La investigación del BM concluye que, si bien sí hay tareas sencillas que serán reemplazadas por procesos realizados por una máquina, no hay un riesgo inminente en la región de pérdida generalizada de trabajo por presiones tecnológicas.

El informe argumenta que “dado que las tareas más sencillas y rutinarias se automatizarán y las máquinas se ocuparán de ellas, los traba- jadores deberán adaptarse y realizar un con- junto diferente de tareas (…) y la educación ofrece el mejor seguro para los riesgos de la automatización”.

Ahora bien, que el sector servicios vaya a crecer, no significa que el papel de la industria pase a segundo plano. La investigación asegura que “el futuro de una mayor industrialización está sujeto a las crecientes necesidades de infraestructura complementaria, capacidad de asimilación de la tecnología y capacitación de la fuerza de trabajo”.

Una de las conclusiones no explícitas del informe es que la expansión de la industria es deseable en la medida en la que ésta contribuye positivamente a aumentos de la productividad y el valor agregado, pero que todo este escenario no redundará, necesariamente, en un crecimiento del empleo.

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¿Por qué? La respuesta básica tiene que ver con la tecnología: los procesos industriales son uno de los renglones en los que la automatización lleva décadas reemplazando manos humanas; así mismo, los incrementos en contrataciones o nuevos puestos de trabajo usualmente están relacionados con mano de obra calificada y especializada, debido a la naturaleza tecnológica del sector.

¿Entonces, si hay una concentración en el sector servicios, cómo puede crecer éste de cara al futuro? Además de una revisión general con énfasis en productividad, y un esfuerzo por ampliar la base de mano de obra calificada, la investigación del Banco Mundial recomienda con insistencia incrementar la competencia, así como “simplificar la normativa en el sector servicios. Los Gobiernos podrían incorporar el comercio de servicios en los acuerdos de integración regional y trabajar con miras a establecer licencias y acredita- ciones comunes para que los trabajadores y las empresas puedan operar en toda la región”.

El documento del BM hace una salvedad final, que no por esto es menos importante: una concentración en servicios, especialmente aquellos que estén ampliamente ligados a tecnologías y plataformas que tienden a flexibilizar los esquemas laborales, trae el enorme desafío de repensar la seguridad social y las protecciones al trabajador. “De cara al futuro, parece que cada vez se suministrará menos mano de obra a través de la tradicional relación entre empleador y empleado. Para una región que ya tiene dificultades con una alta infor- malidad en el mercado laboral, estas ten- dencias plantean un serio desafío al modelo tradicional de protección social que se finan- cia con las contribuciones de empleadores y empleados”.

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