“Confinamientos provocarán la mayor oleada de innovación de la historia”: presidente de Wobi

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Alberto Saiz, presidente mundial de World of Business Ideas (Wobi), analiza el cambio que vivimos y lo que se viene para la educación y los negocios.

Repensar las empresas, reconectar a las personas y reinventar los negocios. Nada fácil en medio de una pandemia. Pero, ¿acaso cuándo han sido fáciles los negocios? ¿Cuándo ha sido fácil emprender? Pero seamos realistas: en un año con todos los indicadores macroeconómicos en contra, con un futuro bastante confuso y con la incertidumbre como protagonista, hay que tratar de reducir al máximo los riesgos y sacar lo mejor en medio de lo peor. Por eso, en conversación con El Espectador, Alberto Saiz, presidente mundial de World of Business Ideas (Wobi), habla desde la experiencia que le han dejado grandes pensadores mundiales, de cómo seguir al mando del barco cuando la marea sigue alta y, sobre todo, del cambio en el modelo económico global en el que entramos gracias al uso masivo y obligado de herramientas básicas de tecnología.

Usted, como líder, ya había tenido que pasar por crisis económicas mundiales. Le pasó con la de 2008, la afectación de la quiebra de Lehman Brothers. ¿Cómo están planteando la salida de esta en la que estamos?

La verdad es que son dos crisis muy distintas. La crisis de 2008 fue una crisis con origen financiero y se fue desarrollando poco a poco, a pesar de tener momentos cumbre, como fue por ejemplo la caída de Lehman Brothers. Pero diría que todos tuvimos más tiempo para adaptarnos a las circunstancias, otra cosa es que todo el mundo lo hiciese. De igual forma, la recuperación fue lenta y dolorosa. Esta crisis ha caído, si me permite la expresión, como una bomba atómica. Hasta febrero el COVID-19 era algo que afectaba básicamente a China y es increíble que prácticamente nadie vio venir ni de lejos lo que iba a ocurrir. De hecho, yo viajé de Madrid a Bogotá el 8 de marzo y tuve que volver anticipadamente el 11.

Creo de verdad, y no es un eslogan, que esta crisis, por dolorosa que sea, trae un cambio de paradigma. Muchas cosas que se hacían antes se volverán a hacer, pero de forma distinta, ha producido un avance increíble en los procesos de digitalización a todos los niveles y además creo que estos cambios han llegado para quedarse. Y es en estos ámbitos donde estamos actuando nosotros: hemos adaptado en un tiempo récord nuestra oferta al espacio digital, donde ya veníamos haciendo pruebas que nos han resultado muy valiosas durante años y ahora estamos atendiendo un mercado global, sin fronteras, que ofrece oportunidades increíbles, más aún, cuando estoy convencido de que aportamos más valor que nunca a empresas y ciudadanos. Hace poco leí una teoría que decía que los confinamientos van a provocar la mayor oleada de innovación de la historia, con millones de personas en sus casas pensando cómo reinventarse.

Hace poco hablaba con el rector de una prestigiosa universidad en Colombia y me decía que era la hora de apostar por la educación, la única arma real contra cualquier tipo de pandemia. Hablaba de pregrados, posgrados e investigación. ¿Usted cree que la gente y las empresas seguirán invirtiendo en formación de alto nivel, como la que ustedes ofrecen, cuando vivimos tantas angustias económicas?

Espero que sí. Estoy convencido de que la educación, a todos los niveles, es la clave del progreso de las sociedades. Y creo que tenemos que adaptar la educación a todos los niveles, desde infantil hasta ejecutiva, pero teniendo en cuenta tres pilares fundamentales, que significan un profundo cambio en casi todos los modelos educativos: 1. Formación continua. Ya no vale decir estudié tal cosa y ya no necesito más. 2. Formación más corta y más precisa. 3. Apuesta decidida por las llamadas habilidades soft. La tecnología, cada vez más, es una commodity y la diferencia está en la capacidad de liderazgo, la comunicación, el trabajo en equipo, la empatía, comprender a nuestros clientes, etc…

Como resumen, creo que quien vea la educación como un gasto prescindible en tiempos de crisis en vez de una inversión imprescindible para salir victoriosos de un momento como este comete un grave error.

De tantos conferencistas que han pasado por Wobi, de tantas recomendaciones, ¿las de quién y cuáles son las que destaca para poner en marcha ahora mismo?

Muchas, muchísimas, pero por mencionar algunas: Tom Peters: apuesta por la gente, más que nunca. Mario Alonso Puig: enfócate en lograr lo que quieres, no en evitar lo que temes. Rachel Botsman: la confianza de nuestras marcas es la nueva moneda. Y por último una cita de Churchill que nos dedicó Kevin Roberts al principio de la pandemia: si estás en medio del infierno, no te pares; sigue adelante.

Cada vez hay más eventos en directo con todo tipo de personajes y expertos. Muchos, incluso, gratuitos. ¿Cómo van a lograr encontrar ese diferencial para que los asistentes de sus foros asistan a esta nueva propuesta?

Es que la oferta, como nunca, se volvió más amplia y, hay que reconocerlo, más barata. Intentamos estar atentos a todo lo que ocurre, ya que todo evoluciona a una velocidad vertiginosa. No estamos especialmente preocupados porque aumente la oferta de este tipo de eventos; ya nos ocurrió con los eventos presenciales durante muchos años y en muchos mercados.

Estamos centrados en ofrecer el contenido de máxima calidad que nuestros clientes están demandando, más que nunca. Y con base en esta oferta, fijar precios consecuentes. Pienso que es un error que los conceptos barato o caro se basen solo en el precio y no es nuestra forma de ver las cosas. Una cosa puede ser gratuita, pero si no me aporta ningún valor, me está haciendo perder el tiempo, así que será muy cara. Si tengo que pagar un precio más alto por algo que realmente me está ayudando me está saliendo barato. Estamos muy centrados en ofrecer contenidos de alto valor para nuestros clientes a un precio que sea muy rentable para ellos.

Nuestro liderazgo está en crisis. Lo veíamos antes de la pandemia: Hong Kong, Chile, Colombia, Estados Unidos con el tema racial, y así más y más países. ¿Cómo deben ser esos nuevos líderes que, realmente, representen a todos, incluso los que están saliendo a exigirlo en las calles?

Es un tema extremadamente complejo. Vuelven los nacionalismos, vuelven los populismos, los gobiernos en todos los sitios tienen más poder que nunca sobre los ciudadanos. No hay un solo líder que tenga una gran aceptación en su país. Soy un firme defensor de la democracia, pero probablemente el país que mejor funciona en el mundo es Singapur y no es una democracia como nosotros la entendemos. Solo quiero dejar un dato: en las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2016 Donald Trump obtuvo 62’984.828 votos: el 46,15 % de los votos emitidos y el 27 % de los ciudadanos con derecho a voto. Hillary Clinton obtuvo casi 66 millones y el 48 % de los votos. El presidente fue Trump. ¿Es esto lo que entendemos por una democracia representativa de la voluntad de los ciudadanos? Creo que en la mayoría de los países tenemos que hacer una reflexión. Que las propuestas electorales sean vinculantes, que no se pueda mentir a la ciudadanía y que tengamos sistemas que sean realmente representativos.

La pandemia demostró las grandes disparidades sociales en muchos países. Varios premios Nobel de economía creen que llegó la hora de plantear un nuevo modelo económico, más distributivo y equitativo. ¿Cuál es su propuesta?

Para mí, esta es la clave del futuro de la humanidad en las próximas décadas. Estoy bastante seguro (antes de la pandemia, totalmente seguro) de que la abundancia en el mundo va a crecer y lo va a hacer de forma exponencial. La cuestión es cómo se va a repartir esa abundancia, porque la desigualdad está aumentando y si no se distribuye de una forma justa, los ciudadanos se van a rebelar. Los gobiernos se han mostrado incompetentes totales para redistribuir de forma coherente esta renta y nadie tiene la respuesta de cómo debe ser, pero creo que va en conjunto con la reflexión anterior de cómo debería de ser el sistema de gobernanza. Yo, en particular, pienso que las decisiones en muchos casos deberían estar en manos de profesionales, en vez de en manos de políticos.

¿Cómo van a seleccionar este año a sus “speakers”? Seguramente muchos de los consejos que nos daban en esos foros ya no cuadran con la nueva realidad, donde estamos privilegiando comportamientos que antes no eran valiosos.

Me consta que todos nuestros “speakers” están adaptando sus contenidos y sus teorías a esta nueva realidad. En general son autores que están permanentemente estudiando y buscando soluciones. Estoy seguro de que las soluciones ofrecidas van a estar más vigentes que nunca.

En Colombia la gente está volcada en apoyar a los emprendimientos y les están dando la espalda a muchas grandes empresas que, por años, les dieron la espalda a sus clientes. ¿Qué deben hacer los primeros para aprovechar el momento y qué los segundos para recuperar?

Lamentablemente desconozco la situación exacta en Colombia, pero creo que puedo hablar de una tendencia general. No sé si es tanto apoyar a los emprendimientos y dando la espalda a las grandes empresas. Yo creo que la gente cada vez está más por apoyar a las empresas en las que pueden confiar y que están volcadas en cumplir con su propósito con sus clientes y con la sociedad, ya sean pequeñas, grandes o medianas. La información vuela en tiempo real, y ya no puedes construir una reputación a base de campañas de publicidad. Me gusta siempre poner este ejemplo: hace años si iba a hacer un viaje iba a consultar los hoteles de dos o tres grandes cadenas hoteleras, porque la marca era una garantía para mí. Ahora, la marca sigue siendo una garantía, pero si un hotel de esa marca tiene muchas reseñas malas no lo reservaré. Si, por el contrario, veo un hotel desconocido con muchas reseñas buenas, me generará confianza y lo reservaré, da igual si es pequeño o si no ha podido hacer una campaña de publicidad. Esta es una revolución sin precedentes.

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