El sector automotriz ve bien la recuperación

¿Cuánta participación tiene el carro en la nueva normalidad?

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Por la virtualidad, con su consecuente impacto en desplazamientos, y el auge de otros medios de transporte, la utilidad del vehículo particular en las ciudades es cada vez más cuestionable. Esto opina el sector.

Luego de casi ocho meses de pandemia, el país empieza a entender más claramente lo que significa y cómo funciona la llamada “nueva normalidad”. Hay que acostumbrarse a trabajar con compañeros que nunca se han visto, abrir una cuenta en cada plataforma de videollamadas y tal vez habrá que invertirle más a las pijamas que a los trajes. Además, ya no es claro si las modalidades de transporte usadas antes de la crisis del COVID-19 siguen siendo viables o útiles: ¿el carro hace parte de la nueva realidad?

Esta opción de transporte viene siendo blanco de ataques desde hace varios años, sobre todo en las grandes ciudades, donde el tráfico es cada vez peor. Por ejemplo, en Bogotá la alcaldesa, Claudia López, ha venido alertando que los vehículos representan solo el 15 % de la movilidad, pero ocupan el 85 % del espacio vial. Por esto, la mandataria prometió 280 kilómetros en nuevas ciclorrutas y 84 nuevos kilómetros de bicicarriles, lo cual en varias zonas (como en la carrera séptima) implica restarles espacio a los carros.

Es decir, en una nueva normalidad en la que la virtualidad permite trabajar y estudiar desde casa, y en la que hay menores vías para vehículos, pareciera que la utilidad de comprar un carro es cada vez más cuestionable. Pero no necesariamente implica que las viejas modalidades estén desapareciendo, o al menos no lo harán en el corto plazo.

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José Stalin Rojas, director del Observatorio de Movilidad de la Universidad Nacional, explica que “durante las etapas de la pandemia (confinamiento, apertura, etc.) se ha evidenciado que el automóvil ha recuperado el espacio perdido. Por esto, han regresado los trancones a pesar del avance en la bicicleta y el trabajo remoto. Sin embargo, la emergencia del COVID-19 sí ha dejado el mensaje de que se puede hacer trabajo virtual, que se puede mover en bicicleta”.

Por esto, Rojas indica que “para que se reduzca la cantidad de autos en las ciudades se necesita trabajar fuertemente en la percepción de seguridad para que haya más ciclistas, hay que mejorar el transporte público, se deben cambiar los horarios laborales y hay que impulsar nuevas modalidades de contratación enfocadas al trabajo virtual”.

Según el Índice Global de Ciudades Amigables para Bicicletas realizado por Coya, que mide noventa ciudades del mundo, en 2019 Bogotá ocupó la posición 81. Por su parte, Cali y Medellín quedaron en el lugar 82 y 89, respectivamente. De acuerdo con el estudio, mientras en ciudades como Utrecht, en Países Bajos (la mejor en el ranking) el porcentaje de uso de las bicicletas llega al 51 %, en las urbes colombianas no supera el 5 %. Además, el puntaje en seguridad es casi la mitad frente a ciudades como Hamburgo (Alemania), Melbourne (Australia) y Beijing (China).

Otro punto por considerar es analizar la rentabilidad de comprar un carro durante estos tiempos de pandemia; es decir, se debe pensar con cuidado si es una buena inversión adquirir este tipo de bienes en un período en el que la economía colombiana puede caer más del 8 %. Para Juliana Matiz, CEO de Investopi, “comprar auto nunca se ha catalogado como una buena inversión: si es un vehículo nuevo, al salir del concesionario ya se está perdiendo del 5 % al 10 %.

Por esto, no se considera un activo productivo, porque va perdiendo valor en el tiempo, además tiene varios gastos asociados y no ingresos (si es solo para moverse). La inversión se podría ver reflejada más en la calidad de vida si la persona vive muy lejos, necesita desplazarse con regularidad o si el carro hace parte del trabajo”.

Matiz agrega que “a escala mundial el carro se está convirtiendo cada vez más en un lujo, porque las ciudades están adoptando medios de transporte alternativos como la bicicleta y mantienen restricciones como el pico y placa que reducen la utilización de este medio de transporte”.

No obstante, la pandemia también implica oportunidades para este tipo de compras. Por un lado, el mercado de automóviles se ha visto altamente golpeado por la emergencia del COVID-19, pues solo en las primeras dos semanas de octubre de 2020 las matrículas cayeron 23 % (frente al mismo período de 2019). Una situación que se traducirá en mejores precios o en condiciones más flexibles de pago.

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Y por el otro lado, dado que el Banco de la República bajó su tasa de interés a mínimos históricos (a 1,75 %), las tasas de los créditos de los bancos también han venido bajando. Es decir, ya sea por lujo o por comprar un vehículo para trabajar, en este momento hay condiciones que pueden resultar favorables para ciertas personas al realizar este gasto.

Incluso, algunos concesionarios han comenzado a impulsar más duramente opciones como el arriendo de largo plazo de automóviles, opción que le evita al usuario cargas como la cuota inicial, la matrícula y los gastos asociados a impuestos y aseguramiento, entre otros. Además, el sector automotor no considera que la pandemia vaya a reducir la preferencia por el automóvil; todo lo contrario.

Fabián Rodríguez, gerente de la división de marketing de Renault-Sofasa, explica que “en el contexto actual de emergencia sanitaria en el que nos encontramos, algunas personas buscan alejarse del transporte público y buscar otras alternativas de movilidad más seguras, como las bicicletas o el carro particular; este último es el que mejor responde a esta necesidad en el país, debido a las largas distancias que hay que recorrer y también por la seguridad en nuestras vías”.

Frente a las ventas, Rodríguez señala que en “el mercado nacional, que inicialmente estaba previsto para la comercialización de unas 255.000 a 260.000 unidades aproximadamente, ahora tenemos una visibilidad cercana a los 165.000 vehículos vendidos. Sin embargo, para Renault, la tendencia actual de ventas nos está mostrando signos de recuperación del mercado”.

Los cambios que generó la pandemia son un impulso para animar a los colombianos a contemplar modalidades alternativas de transporte. Pero, a la vez, se requiere reforzar la inversión y mejorar las condiciones para que se dé una migración masiva hacia otras formas de movilizarse en las ciudades. No obstante, todavía hay razones para comprar un automóvil y el sector es optimista frente a la recuperación de las ventas.

Entonces, el carro seguirá siendo parte del panorama en la nueva normalidad, aunque la dependencia de este modelo de transporte bien podría reducirse para muchos usuarios, que entraron en nuevas formas de relacionarse con el trabajo y con sus propias vidas.

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