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El arriendo dejó de ser un renglón secundario y se volvió una economía en sí misma. En 2025, el arriendo movió COP 66 billones, mitad en vivienda, mitad en locales y oficinas.
Y aun así, orbitó en segundo plano en la política del gobierno Petro.
“Es clave que el arrendamiento tenga un lugar central en las políticas públicas de vivienda”, dijo Mario Ramírez, presidente de Fedelonjas, durante el Foro Económico Nacional del gremio.
Hoy, el cuatro de cada diez hogares vive en arriendo, unos 7,3 millones en total. La vivienda propia, durante décadas el ideal dominante, ya no es mayoría.
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La urbanización, la movilidad laboral, los hogares unipersonales y monoparentales y, sobre todo, la capacidad de pago, están empujando esa transición. Arrendar no es una fase previa a comprar; para muchos, es el destino final.
Mientras tanto, el resto del sector vivienda atraviesa un momento más bien áspero. Lleva dos años cayendo en su valor agregado y cerró el año pasado 21 % por debajo de los niveles prepandemia.
El entorno macro tampoco ayuda a suavizar el golpe. Corficolombiana revisó a la baja el crecimiento esperado para 2026, de 2,8 % a 2,3 % —en línea con el Fondo Monetario Internacional— y elevó la proyección de inflación a 6,5 %. Las tasas ya van en 11,25 % y el mercado anticipa que podrían cerrar en 12,25 %.
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“La aceleración que venía mostrando la economía se frenó antes de lo previsto”, explicó César Pabón. Consumo y gasto público sostienen el ritmo; inversión y exportaciones siguen rezagadas.
Según el DANE, entre enero y diciembre de 2022 el déficit de la balanza comercial —la diferencia entre exportaciones e importaciones— fue de USD 13.331 millones. Es decir, Colombia importó más de lo que exportó.
Para 2025, el panorama fue distinto: el déficit en la balanza comercial fue de USD 16.377,3 millones, lo que se traduce en un incremento del 22,85 %.
En tres años, cerca de 100.000 hogares desistieron de comprar, según Camacol. El crédito hipotecario pesa más y los subsidios alcanzan menos.
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Eso se siente directo en la vivienda. El resultado es previsible: más presión sobre el alquiler.
El mercado, mientras tanto, se adapta sin pedir permiso. Hoy hay 13,9 millones de viviendas urbanas; casi la mitad ya está bajo propiedad horizontal. En ciudades como Bogotá y Bucaramanga, ese modelo domina. Cambia la forma de vivir y también la de invertir.
“El inversionista inmobiliario ha cambiado más en los últimos tres años que en los 15 anteriores: antes compraba por tradición; hoy es más informado, más estratégico y también más nómada”, dijo Andrés Moreno Jaramillo en el panel del foro.
El sector inmobiliario, sumado a la construcción, roza el 13 % del PIB. Solo, representa 8,83 %. Como se ha explicado, no es poca cosa, y por ende la necesidad de una política pública que ayude a solucionar las necesidades de los millones de hogares que cada vez menos pueden acceder a vivienda. Y no quieren, por un lado, por el alto endeudamiento que supone, y por el otro, los escasos metros cuadrados de los proyectos nuevos.
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