
“Tuvimos un incendio muy áspero desde el día del terremoto, el 10 de agosto. Fueron 10 días seguidos apagando candela porque lo apagábamos y se volvía a prender. Se consumieron bosques, cultivos y pastos. No dejamos que se metiera a la vivienda y al cultivo de pancoger. Afortunadamente, tuvimos buena ayuda, entre 300 y 400 personas apagando el fuego”, relata Jhon Ider Gamboa, productor de la vereda Calabozo del municipio de Ortega, Tolima.
Gamboa reconoce que no estaban preparados para enfrentar una situación de ese tamaño. Pero lo que más le preocupa es que la sequía siga hasta febrero o hasta más allá porque podría perder los cultivos de aguacate, mango, maíz y animales que le quedan. Ya perdió dos hectáreas de plátano por cuenta de la sequía.
Aunque las llamas también se extinguieron hace unos días en la vereda Jagua Flor, de San Luis, la comunidad no descansa todavía. Saben que la zona tiene riesgo de incendio. Por eso, “en la vereda estamos haciendo guardias en diferentes zonas entre las personas del sector. Nos organizamos para estar pendientes de que no se inicien, ya sea porque ocurran o lleguen personas malintencionadas que los provoquen”, cuenta Milton Moscoso.
Más de 31.000 hectáreas del departamento tolimense se han visto afectadas, con corte al 26 de agosto, de acuerdo con Cortolima. El recuento que hace la Federación de Ganaderos de Colombia (Fedegán) en el departamento incluye 600 animales afectados, 2.200 animales desplazados y unas 400.000 hectáreas con alguna afectación.
Respecto al inicio de las llamas, se han provocado de varias maneras. David Suárez Rivero, docente de Ingeniería Agroindustrial en la Universidad Agraria, explica que los incendios pueden ocurrir de forma natural o por causas asociadas al humano.
En el primer caso, Suárez dice que se debe a la escasez de lluvias que seca la vegetación y al sobrecalentamiento del pasto. Del otro lado están los factores humanos, que pueden ser intencionales o accidentales. Un ejemplo es cuando se arrojan botellas de vidrio o plástico cerca de las carreteras, pues esto puede producir un efecto lupa que incrementa la temperatura sobre la vegetación seca y desencadena un incendio. Otro caso son aquellos provocados deliberadamente para expandir la frontera agrícola o ganadera en zonas que eran áreas de reserva.
Cenizas y vacas flacas
En las cenizas quedaron bosques nativos, pastizales del ganado y fuentes de agua; incluso casas y cultivos enteros. Además de múltiples afectaciones de cara al futuro.
Moscoso asegura que el calor de los incendios dificulta la respiración de las plantas, también les falta la lluvia, por lo que se están perdiendo cultivos como: mango, aguacate, limón Tahití, naranjas, yuca, plátano, auyama. Y por este camino es que se van por la borda cosechas enteras y los ingresos de miles de campesinos. En el mejor de los casos, los productores aspiran a mantener las plantas con vida.
El panorama con los animales no es mejor. A las vacas se les marcan las costillas, tienen patas delgadas y las acechan los gallinazos. Sin pasto no hay comida y esa suele ser, justamente, el área más vulnerable al fuego.
Gamboa asegura que el precio del silo, que es la mejor opción para alimentar al ganado en épocas críticas, está por las nubes “Se aprovechan de la necesidad para aumentar el precio y no hay quién regule las ventas para evitar que pase eso”, expresa.
Los productores destacan que la comida, en general, escasea, que necesitan reservorios de agua, tanques de almacenamiento y kits de emergencia para apagar incendios. Aunque el Gobierno ha anunciado ayudas, no todos los afectados han podido acceder a ellas.
Entre los apoyos que anunció la administración están:
- COP 7.000 millones para recuperar cultivos y unidades productivas.
- 5.000 toneladas de heno y 5.000 toneladas de tamo de arroz para alimentación animal.
- COP 2.000 millones para adquirir 80.000 pacas de pastos en Mombasa y Angleton.
- COP 65 millones para vivienda rural en 343 subsidios.
- Tres meses de alivio en la amortización de créditos de productores afectados.
- Programa de compra de cartera para pequeños y medianos productores.
- “Tolima Verde Renace”: un programa para restaurar ecosistemas, recuperar suelos.
“No vamos solamente a apagar los incendios. Vamos a recuperar lo que el fuego destruyó, a levantar nuevamente al campo tolimense y a garantizar que nuestros campesinos vuelvan a producir”, afirmó en su momento el presidente Abelardo de la Espriella.
Una sequía que se infiltra profundo
Los incendios son la más grave expresión de la sequía, la más destructiva. Ahora, se espera que el fenómeno de El Niño llegue a ser "muy fuerte" entre septiembre de 2026 y febrero de 2027, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).
Con este panorama, se proyecta que los incendios serán más recurrentes en el país, pues se asocian a la disminución de las precipitaciones. Esto reduce tanto el agua superficial, como la disponible en los suelos y acuíferos. Así mismo, los ríos, lagunas y embalses disminuyen paulatinamente sus niveles. Como consecuencia, hay menos disponibilidad de agua para controlar incendios cuando ocurren, resalta el docente Suárez.
El fuego no es lo único que preocupa en el campo. La llegada de El Niño ha dejado múltiples afectaciones en los productores y ganaderos del país.
Las estimaciones de Fedegán apuntan a que, para el periodo comprendido entre el 1 de junio y el 1 de agosto, las pérdidas a nivel nacional por la sequía han sido aproximadamente de COP 70.833 millones, con 15.125 animales muertos, 392.614 desplazados y 2.808.712 hectáreas afectadas de alguna forma.
“Las condiciones climáticas comienzan a trascender el ámbito productivo para afectar directamente los ingresos, patrimonio y la capacidad de sostenimiento de miles de familias ganaderas”, sostiene el gremio en una carta dirigida al Ministerio de Agricultura.
La prolongación del fenómeno es lo que más inquieta a los productores, puesto que pueden resistir unos meses con poca agua, pero no mucho más que eso. Ante una extensión tan amplia en el tiempo no hay preparación que valga, dicen algunos productores.
Medidas y peticiones
El Ministerio de Agricultura ya anunció dos medidas para proteger al campo colombiano frente a la sequía. La primera es un programa nacional de producción de heno y silos de forraje en las instalaciones de Agrosavia, para garantizar alimento al ganado y brindar un apoyo inmediato a los pequeños productores. Esto responde a uno de los asuntos más críticos para los campesinos: evitar la muerte de animales.
Lo segundo es que Finagro activó una línea de crédito con tasa subsidiada e Incentivo a la Capitalización Rural (ICR) de hasta 30 % para financiar el riego, que incluye: pozos profundos, motobombas sumergibles, paneles solares y sistemas de conducción de agua. Esta financiación tendrá plazo de hasta 10 años y periodo de gracia.
Pero hay otras propuestas que hacen Fedegán al Minagricultura. Entre ellas están:
- Cofinanciar el transporte de alimentos e insumos hacia las zonas más afectadas y priorizar al Caribe, Tolima, Huila y Santanderes.
- Impulsar una estrategia nacional para producir forrajes de emergencia y promover contratos, compras anticipadas, créditos y arrendamientos para asegurar la producción de heno y ensilaje.
- Fortalecer sistemas silvopastoriles y el seguro agropecuario que proteja a los ganaderos ante las pérdidas.
- Cambiar de una respuesta reactiva a una estrategia permanente de prevención de los incendios forestales.
- Medidas a largo plazo que aseguren la seguridad hídrica y reservas estratégicas de alimento para ganado.
Ya son muchos los daños que va dejando El Niño y podrían seguir aumentando conforme lleguen los meses más críticos. En adelante, las medidas de prevención, mitigación y atención serán claves para el campo.
"Esto sigue. No sabemos qué nos espera", dice Moscoso. Con El Niño proyectado hasta febrero de 2027, esa incertidumbre es, por ahora, lo único seguro para los productores de Tolima: ni ellos ni las autoridades saben todavía cuánto más va a exigirles esta sequía.
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