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El valor de las relaciones externas

Hace cuatro años mis colegas y yo escribimos un artículo advirtiendo sobre los riesgos de traer ejecutivos estrella de la competencia. Descubrimos que cuando una estrella cambia de empresa, cae su desempeño y el valor de mercado de la nueva compañía empleadora.

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Boris Groysberg
17 de agosto de 2008 - 04:09 p. m.
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Pero un análisis más profundo de los datos revela que la cosa no es tan simple. Un grupo de analistas mantuvo sostenidamente su estrellato después de cambiar de empleador: las mujeres. A diferencia de sus colegas hombres, las estrellas femeninas que cambiaron de firma se desempeñaron igual de bien que quienes se quedaron donde estaban. Las firmas que adquirieron estrellas masculinas sufrieron una pérdida en el precio de sus acciones de 0,93%, mientras que las adquisiciones de las estrellas femeninas generaron un aumento insignificante en el precio de las acciones de 0,07%.

¿Por qué esta discrepancia? Por dos razones. Primera, las analistas mujeres parecen haber construido su valor profesional sobre relaciones externas y transportables con clientes y empresas que cubrían, más que dentro de sus firmas.

Segunda, las mujeres tenían más cuidado cuando evaluaban un posible nuevo empleador. Evaluaban sus opciones con mayor cautela y analizaban más factores que los hombres cuando decidían salir de una empresa donde ya eran exitosas.

La transportabilidad del desempeño de las estrellas femeninas parece ser el resultado de elecciones estratégicas que hicieron en respuesta a situaciones que enfrentaron en el trabajo. Estas estrategias las volvieron estrellas y también hicieron que sus habilidades fueran muy eficaces en otras empresas.

Aunque las mujeres estrella adoptan estas estrategias de carrera como una forma de superar las normas institucionales que las ponen en desventaja, sus estrategias no son una segunda mejor alternativa sino más bien un poderoso conjunto de habilidades de las que cualquier ejecutivo debería aprender. Algunas de las acciones de las mujeres estrella fueron diseñadas para ayudarles a avanzar dentro de sus empresas, y sólo aumentaron su transportabilidad de forma incidental.

La mayoría de la gente de ventas, corredores y ejecutivos de banca de inversiones son hombres, y los hombres tienden a pasar el tiempo con otros hombres. Las mujeres estrella en mi estudio se movieron bastante lejos para cultivar las relaciones con sus clientes y sus contactos en las empresas que cubrían. Su decisión de mantener un foco externo se basó en cuatro factores principales: relaciones internas difíciles, malos mentores, colegas que las ignoraban y una posición vulnerable en el mercado laboral.

Puesto que son una minoría llamativa entrando en una cultura cerrada, las mujeres de este estudio carecían de las alianzas


naturales cuando llegaron a Wall Street. Las empresas hicieron pocos ajustes, ya sea por un abierto sexismo o simplemente porque a los hombres que dirigían el negocio no se les ocurrió que la cultura corporativa tendría que cambiar.

La mayoría de las analistas que se han convertido en estrellas ha tenido mentores; de hecho, la mayoría de las diferencias entre mujeres estrellas y no estrellas en análisis bursátil es el acceso a un mentor que las apoyara.

Los reportes y las ideas de inversión de los analistas son normalmente difundidos a clientes compradores por parte de la fuerza de ventas de los bancos de inversión, la que tradicionalmente está compuesta por hombres. Un vendedor le dirá que está vendiendo al producto y a la persona, y que cuando viaja con un analista, el tomarse un trago es parte importante del proceso en que se forja la confianza y el conocimiento mutuo. Es menos probable que las mujeres viajen y la probabilidad de que vayan a un bar es menor que la de un hombre.

Algunos aspectos de las elecciones hechas por las mujeres en el estudio representaron un esfuerzo consciente por proteger su transportabilidad ante un eventual despido. Incluso las firmas amigables con las mujeres tienden a despedir a más mujeres que a hombres durante las contracciones económicas. Aunque las mujeres constituían 21% de los analistas de Wall Street en 1986, por ejemplo, 64% de los despedidos después del crash de 1987 eran mujeres.

Ellas se concentraron en construir relaciones externas con los clientes para compensar estas desventajas internas. Ésta es una estrategia altamente adaptativa y estratégicamente astuta.

Hay un acuerdo abrumador entre hombres y mujeres respecto de que las mujeres cambian de empleador con mayor prudencia, probablemente porque la experiencia les ha enseñado la importancia del entorno y la cultura tanto en su desempeño como en su satisfacción laboral. Mientras los hombres tienden a concentrarse en las compensaciones, es más probable que las mujeres sopesen múltiples consideraciones al tomar una decisión de ese tipo.

Aparte de la receptividad hacia las mujeres en general, ellas buscan organizaciones que les den la bienvenida como individuos y que diferencien su valor profesional.

Las estrellas femeninas admiten con rapidez que estudian a sus directores de análisis, quienes fijan el carácter del departamento. Las mujeres saben que la gerencia también puede influir en cómo son tratadas las ejecutivas por la fuerza de ventas y por los banqueros de inversiones.

Finalmente, varias mujeres hablaron del valor de un sistema imparcial de medición dentro del departamento como un baluarte frente a las maniobras políticas y el favoritismo.

Otra lección para los empleados es que la decisión de cambiar de trabajo debe tomarse estratégicamente, no sólo con un ojo puesto en los ascensos y aumentos, sino también a partir de una percepción informada de los recursos y la cultura de la nueva empresa. Los hombres en el estudio eran mucho más proclives que sus contrapartes femeninas a ser tentados por grandes compensaciones y pagaron el precio de ver disminuir su desempeño.

Por Boris Groysberg

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