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El empleo juvenil en Colombia se mueve. No corre, no despega, pero se mueve. Y en un mercado laboral acostumbrado a la inercia, cualquier cambio en el pulso ya es algo.
Entre septiembre y noviembre de 2025, más jóvenes entraron al trabajo, menos quedaron desempleados y una parte decidió, simplemente, no buscar. El retrato hoy es menos oscuro que hace unos años, aunque todavía está lejos de ser luminoso.
Según el DANE, la tasa de ocupación juvenil se ubicó en 47,1 %, dos puntos porcentuales más que en el mismo periodo de 2024. Esto equivale a que 205.000 jóvenes más consiguieron algún tipo de trabajo en el último año.
Hoy hay 5,25 millones de personas entre 15 y 28 años ocupadas, dentro de un universo de 11,14 millones de jóvenes en una población total de 53 millones en el país.
Al mismo tiempo, la tasa de desempleo juvenil descendió a 14 %, el nivel más bajo desde antes de la pandemia (23,5 %) y comparable al de 2014 (14 %), después de un ciclo de reducción iniciado en la primera década del siglo y que se interrumpió con el repunte de 2015 hasta el pico de 2020.
Pero el avance tiene bordes irregulares. No todos los indicadores mejoran por las mismas razones.
¿Dónde están encontrando trabajo?
La respuesta no sorprende, pero sí explica mucho.
El mayor volumen de empleo juvenil sigue concentrado en sectores tradicionales y de baja barrera de entrada:
- Comercio y reparación de vehículos: 963.000 jóvenes ocupados (18,3 % del total).
- Agricultura, ganadería, caza y pesca: 792.000 (15,1 %).
- Alojamiento y servicios de comida: 546.000, el sector que más empujó el crecimiento reciente.
Son actividades intensivas en mano de obra, muchas veces temporales y con alta rotación. Es decir, absorben jóvenes rápido, pero no siempre construyen trayectorias estables.
En contraste, dos sectores que suelen asociarse con empleo “calificado” retrocedieron:
- Actividades artísticas y recreativas: 390.000 ocupados (37.000 empleos menos).
- Actividades profesionales, científicas y técnicas: 381.000 ocupados (36.000 menos).
Así, el empleo juvenil crece donde la formalidad es más frágil.
El trabajo que más crece: por cuenta propia
Si se mira la posición ocupacional, la imagen se vuelve todavía más nítida. Más de la mitad de los jóvenes ocupados (56,3 %) son obreros o empleados particulares. Pero el mayor aporte al crecimiento del empleo vino del trabajo por cuenta propia.
- Jóvenes empleados particulares: 2,95 millones (subieron 57.000).
- Jóvenes trabajadores por cuenta propia: 1,70 millones (subieron 89.000).
Es decir, el rebusque organizado sigue siendo la puerta de entrada al trabajo juvenil. Se trabaja más, sí, pero muchas veces sin contrato, sin protección y sin proyección clara.
El empleo público, por su parte, sigue siendo marginal y decreciente entre los jóvenes.
Las ciudades muestran una cara más amable
En las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, los indicadores son mejores. La tasa de ocupación juvenil se ubicó en 50,9 % y la de desempleo en 13,8 %, casi tres puntos menos que en 2024.
Las ciudades generan más empleo, más rápido y con mejores condiciones relativas. El problema es que no todos los jóvenes viven allí, ni pueden migrar con facilidad hacia esos mercados.
La brecha territorial sigue marcando quién entra primero y quién queda rezagado.
Participar menos también es una señal
La tasa global de participación juvenil —el porcentaje de jóvenes que trabaja o busca trabajo— se ubicó en 54,8 %. Es más alta que en 2024, pero sigue lejos de los niveles de hace una década, cuando superaba el 60 %.
Eso significa que el 45,2 % de los jóvenes no está participando activamente del mercado laboral. Pero no es un bloque homogéneo. Una parte relevante está dedicada exclusivamente al estudio u otros quehaceres. Otra, más reducida pero persistente, quedó por fuera tanto del trabajo como del sistema educativo.
Esa distinción importa, porque no todo el que no trabaja está rezagado. Pero sí hay un grupo que no encuentra puerta de entrada.
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El espejo de los “ninis”
El dato que completa el cuadro es conocido, pero no por eso menos inquietante.
En noviembre de 2025, 2,26 millones de jóvenes no estudiaban ni trabajaban (20,3 %), el nivel más bajo desde 2016. Es decir, dos de cada diez jóvenes están en tierra de nadie.
La reducción se explica, sobre todo, por los hombres. Entre las mujeres, la cifra sigue siendo estructuralmente alta: 1,56 millones, frente a 698.000 hombres. El rostro del “nini” continúa siendo mayoritariamente femenino.
El empleo juvenil muestra señales de alivio. Más jóvenes trabajan, menos están desempleados, pero muchos lo hacen en condiciones frágiles y fuera de trayectorias sostenibles.
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