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La emprendedora que diseña microbios para reducir la dependencia de los pesticidas químicos

Ella hace parte de la “comunidad de empresas emergentes de todo el mundo dedicadas al desarrollo de tecnologías para el bien social”.

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Andee Wallace, fundadora y CEO de Robigo, junto a uno de sus investigadores.
Andee Wallace, fundadora y CEO de Robigo, junto a uno de sus investigadores.
Foto: Cortesía Robigo
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Esta semana hablaba con un emprendedor de esos que han creado varias empresas, unas que siguen vivas, otras que no. Y él me recordaba que no todo en el mundo de los negocios modernos tiene que ser startups de base tecnológica tipo Rappi que se convirtieron en el unicornios y ahora son el modelo a seguir de toda una generación de empresarios que quieren construir los siguientes Rappis.

Pero también me recordaba que gracias a la tecnología es que se pueden escalar las empresas rápidamente. Entonces el escenario ideal tiene que ver con cómo logramos una intersección de sectores análogos con los que nacieron con el celular debajo del brazo y, con lo mejor de los dos mundos, crear las soluciones a los problemas que tiene la sociedad.

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Y en esa búsqueda me encontré con la historia de esta emprendedora que, entendiendo la necesidad de una industria manual, como la agricultura, encontró en la ciencia y la tecnologóía el camino para que la humanidad, “reducir la dependencia de los pesticidas químicos”. ¿Quién resulta ganando? Todos, el suelo de cultivo, los cultivadores y todos aquellos que comemos el fruto de lo que se cultivó.

Se trata de Andee Wallace y su empresa Robigo. “Los pesticidas químicos causan muchos daños colaterales: al suelo, a la biodiversidad y a la salud humana. Además de matar los hongos, las plantas y los insectos que dañan los cultivos, los pesticidas también pueden dañar a especies no objetivo. ¿Podría la ingeniería microbiana resolver este problema? La empresa emergente estadounidense Robigo cree que sí. Utiliza una tecnología llamada interferencia de ARN para desactivar los genes problemáticos de las especies objetivo, evitando que causen daños y dejando intacto el resto del ecosistema local", cuenta el Foro Económico Mundial.

“Los pesticidas han sido la columna vertebral de la economía durante los últimos 70 años, pero cada vez sabemos más que tienen un impacto negativo en la salud y la calidad del suelo”, cuenta la emprendedora. Lo que hizo fue desarrollar una tecnología que permite “desactivar” las características genéticas dañinas de los microoorganismos que infectan a las plantas.

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“Utilizamos el ARNi para silenciar con precisión los genes esenciales de los patógenos objetivo que causan enfermedades en las plantas. Aplicamos el aprendizaje automático y la ciencia de datos para diseñar moléculas de ARNi que sean realmente eficaces contra el patógeno objetivo, pero seguras para los serres humanos y el medio ambiente en general”.

Explica el Foro que la startup “inserta sus moléculas de ARNi en microbios naturales que transportan las instrucciones genéticas de Robigo a las especies a tratar”.

Mmmm, no está fácil de entender, así que apliquemos la variable de explicarlo con un ejemplo: “El control de plaga de Fusarium, una enfermedad fúngica que afecta a muchos diferentes tipos de cultivos especializados, como la lechuga, las fresas o los plátanos”.

De acuerdo con la investigación adelantada por la emprendedora y su equipo, “no existe un tratamiento químico eficaz contra el daño provocado por el Fusarium”, razón por la cual “puede arruinar cosechas enteras”.

“Con nuestro tratamiento, los agricultores solo tienen que realizar una única aplicación al comienzo de la temporada, Pueden aumentar el rendimiento y pasar de perder todo el campo a cosechar más del 90 % de sus lechugas”, cuenta Wallace.

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Si se escala, asegura la emprendedora, no solo se trataría de mejorar el rendimiento agrícola sino que se podría llegar a lo que se denomina “seguridad alimentaria”. Y, para sumar siendo también importante, se lograría sin contaminar el medio ambiente.

“Realmente buscamos crear soluciones que pueden tener un impacto beneficioso demesurado en términos de sostenibilidad, salud humana, salud del suelo y productividad en general del sistema agroalimentario”, comenta.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, Robigo “forma parte de una comunidad de empresas emergentes de todo el mundo dedicadas al desarrollo de tecnologías para el bien social” que son destacadas precisamente por su impacto en varios frentes.

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa@EBohorquez_EyLebohorquez@elespectador.com
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