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Recuerdo muy bien un viaje periodístico que tuve que hacer hace ya unos diez años a un desierto. Éramos varios periodistas de América Latina en un bus andando sobre una carretera y, a lado y lado, arena, montañas y más y más arena. Un grupo de dromedarios en medio de las pocas zonas mezcladas con rocas y más arena, eso era de lo poco que por allí se movía.
Un par de horas con ese plano por la ventana y a lo lejos avistamos una mancha gris. Brillante bajo el sol inclemente. Nos acercamos y poco a poco el brillo se hizo más intenso. Era una gran estructura de plástico en medio del desierto. Para entender un poco la imagen, se veía como los cultivos de flores en la Sabana de Bogotá, o la forma en la que ahora están protegiendo las plantaciones de tomate en Cundinamarca.
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Bajamos del bus y, como si nos estuvieran dando acceso a una nevera gigantesca, cruzamos un par de puertas y logramos ver allí adentro un sin fin de plantas cuyos frutos eran alimentos. Sí, en medio del calor sofocante del desierto del Néguev, existía un lugar creado por el hombre en donde los científicos israelitas que estaban al mando, lograron que las plantas crecieran en medio de la arena.
La clave, en el fondo, era el sistema de riego por goteo que desarrollaron en ese tiempo. Y las condiciones climáticas artificiales que lograban imitar el trópico, esta zona del mundo como en donde está Colombia y donde tenemos la fortuna de ver nacer una despensa agrícola envidiables. El ecosistema, como un todo, era tecnología pura, pero quienes plantaban, quienes cuidaban, quienes construyeron la gran estructura, quienes recolectaban los alimentos, esos eran todos humanos.
Y recordé esta experiencia justo ahora que el Foro Económico Internacional reveló, de acuerdo con sus investigaciones, “cuáles son los puestos de trabajo que experimentarán un mayor crecimiento de la demanda de aquí a 2030″. Los detalles aparecen en el Informe sobre el Futuro del Trabajo 2025 y en donde aseguran “cinco factores clave que impulsarán la creación neta de millones de empleos en todo el mundo de aquí a 2030″.
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“Por los cambios demográficos y conflictos geopolíticos, se espera que esta situación genere 170 millones de puestos de trabajo en esta década”, dice el Foro. “Esto es realmemente interesante, los empleos con mayor crecimiento son los que constituyen la columna vertebral de la economía. Lo que vemos en la vida cotidiana, mucho más que los empleos realmente técnicos”, cuenta Sam Grayling, líder de insights de Trabajo, Salarios y Creación de Empleo del Foro Económico Mundial.
¿Y cuáles son, entonces, esas cinco profesiones u oficios que registrarán el mayor crecimiento en la demanda? La escala comienza de atrás hacia adelante:
5.Vendedores de tiendas
4.Encargados de la construcción, acabados y oficios afines
3.Desarrolladores de aplicaciones de software y aplicaciones
2.Conductores de camiones ligeros o servicios de reparto
1.Agricultores y trabajadores agrícolas
“Los trabajadores y peones agrícolas son los empleos que más crecen y aquí entran en juego muchas cosas. El más importante es la transición ecológica. Y lo que hemos visto es que, a medida que avanzamos hacia un futuro más ecológico, la demanda de trabajadores agrícolas cambia sin duda. Y la demanda de prácticas más sostenibles queda clara en nuestros resultados”, agrega el especialista.
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Pero la investigación no se quedó ahí y fue un poc más allá: “Mientras tanto, el 39 % de las habilidades clave de los trabajadores cambiarán de aquí a 2030″, dice el Foro Económico Mundial, quien encuestó a más de 1.000 empresas en todo el mundo que representan a 22 grupos industriales y más de 14,1 millones de trabajadores. “No se trata de lo que teóricamente podría ocurrir, se trata de qué están haciendo los ejecutivos ahora mismo, qué decisiones están tomando, y qué esperan que ocurra en los próximos años”, agrega Grayling.
Así las cosas, esos ejecutivos revelaron las que serán las cinco habilidades que más valoran hoy:
5.Resiliencia, flexibilidad y agilidad
4.Pensamiento creativo
3.Conocimientos tecnológicos
2.Redes y ciberseguridad
1.IA y Big Data
“Tendencias como los avances en IA, robótica y otras tecnologías están impulsando el aumento de la demanda de la IA y la big data, así coo las habilidades de alfabetización tecnológica. ¿Qué significa eso? Que en los próximos años, entender cómo aprovechar la tecnología será tan importante como leer y escribir “, dice Ximena Játiva, líder de Insights en Educación, Competencias y Aprendizaje del Foro Económico Mundial.
Es claro que preocupa a todos aquellos que no han basado su desarrollo profesional en la tecnología, pero dice el mismo Foro que no todo son unos y ceros, haciendo referencia al desarrollo de software con la escritura de código y, por ende, lo que de allí se desprende, como la big data y la IA, “también hay una gran demanda de competencias ”humanas"“.
“Con la tecnología automatizando muchas tareas rutinarias, la creatividad se ha convertido en nuestra arma secreta, impulsando la innovación, pero también permitiéndonos resolver problemas complejos, así como adaptarnos al cambio”, detalló Játiva.
Recordé, después de todo esto, una conversación que tuve con Freddy Vega, emprendedor y fundador de Platzi, cuando le pregunté por la IA y el futuro. Entonces me dio que la IA no elimina empleos, sino que transforma el trabajo y potencia la productividad y creatividad de quienes deciden aprender a usarla.
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Creo, entonces, que el camino, si nos basamos en lo que proyecta el Foro Económico Mundial, está trazado y lo que hay que hacer es capacitarse si no se tiene el conocimiento, o comenzar ya si se cuenta con él. Por ejemplo, hay miles de oportunidades para emprender en los sectores que prometen ser los que más plazas laborales van a generar.
Centros de capacitación para vendedores de tiendas, porque aunque muchos no lo crean, ahí también hay asuntos por aprender. Incluso desarrollar herramientas para automatizar ese aprendizaje. Crear “clínicas” de entranamientos con tecnología 3D para que los vendedores hagan pruebas como si fueran de verdad con clientes reales.
Emprender con academias que logren profesionalizar el sector de la construcción y que, por ejemplo, deje de ser uno de los oficios más informales y se consolide como un trabajo que realmente pague por todo el esfuerzo humano que hacen las personas. Incluso podrían surgir empresas que ofrezcan servicios más eficientes, más baratos y con mejor calidad, donde los usuarios mismos sean los ecargados de promocionar a los maestros de obra y, como en Uber, escalar la oferta de servicio gracias a la disponiblidad de los obreros y la propuesta de pago de los usuarios a través de una aplicación.
Pero sin una sola duda sobre el que hay más oportunidades y más aun en países como Colombia, es en el sector agrícola, no sin antes recordar que de acuerdo con los expertos, Colombia podría convertirse en una despensa mundial de alimentos si logra tecnificar procesos que hoy siguen siendo manuales, y si el Gobierno apuesta por desarrollar las vías terciarias.
Recuerdo, por ejemplo, un compañero de clase del programa 1.000 líderes por Colombia. Se trata de un emprendedor, Ciro Gélvez, quien creó un desarrollo en whatsapp para que los agricultores tomen fotos y envíen audios sobre todo lo que sucede con sus cultivos. Esta información se sube a la nube y luego es almacenada para ofrecerles en un tablero de datos toda la data necesaria para que tomen mejores decisiones. Eso es, poco a poco, piedra a piedra, la forma de avanzar entre todos. Si los israelitas lo lograron en medio del desierto, ¿se imaginan lo que podríamos lograr en este país con la resiliencia que nos caracteriza?
Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻💻 🤓📚
