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21 Jun 2022 - 7:00 p. m.

Una empresa apicultora que apunta hacia el sostenimiento responsable de abejas

Están ubicados en los municipios de Guapotá y Simacota en Santander, caracterizados por tener un 98 % de apicultura hecha de manera tradicional, ofreciendo productos proporcionados por las colmenas: miel de abejas, polen, propóleos y cera.
Ella es Gloria Sáenz, una de las emprendedoras detrás de "Campo Apícola".
Ella es Gloria Sáenz, una de las emprendedoras detrás de "Campo Apícola".
Foto: Cortesía

“Estamos logrando posicionar varios productos derivados de las colmenas: las velas en cera de abeja y los jabones artesanales. Las velas en cera de abeja no emiten gases tóxicos perjudiciales para la salud, debido a que su base no es un derivado del petróleo. Se destaca que este tipo de velas compite con el mercado exterior, puesto que sus precios son casi tres veces mayores a los de Campo Apícola, haciendo que sean muchas veces inasequibles. Este producto ha generado no solo impactó en el mercado, sino que además ha generado nuevos empleos, propiamente a nuestras madres, quienes diseñan, cortan, elaboran, decoran y empacan cada una de las opciones de velas en cera de abeja”, así lo van contando las dos amigas que le dieron vida a un emprendimiento que trabaja con productos provenientes de abejas de Santander. Hablamos con ellas en 23 preguntas para emprendedores y sus emprendimientos y este fue el recorrido que nos hicieron por su idea de negocio.

1. ¿Cuántos años tengo? ¿Qué estudié?

Linna Ortiz Castro, 33 años, Sociología

Gloria Stella Sáenz Gutiérrez, 35 años, Licenciada en Artes con estudios de posgrado en Crítica y Difusión de las Artes.

2. ¿Cuál fue mi idea y cuándo nació? ¿Qué fue lo que creé?

De amigas pasamos a ser socias de manera fortuita, Lina invitó a Gloria a conocer los campos santandereanos y casualmente un vecino cercano a Lina, Marcelino, nos llevó al apiario. Allí, ampliamos la concepción que teníamos sobre el mundo desde el detalle. Nuestras miradas se inclinaron para observar esa organización esplendorosa de la colmena. Nos sentimos identificadas con ellas y sin saberlo empezó el proyecto.

Inicialmente, concertamos en alquilar un pequeño espacio de una finca en Guapotá, Santander, para tener algunas abejas, sacar un poco de miel y comercializarla a algunas amigas y conocidos. De un momento a otro nuestros enceres en Bogotá empezaron a verse desplazados por herramientas para el trabajo en la colmena, así que decidimos adoptar un espacio en la casa de Gloria, exclusivo para los productos apícolas. Las primeras ventas las hizo nuestra amiga Jessyka Delgado, para ese pedido compramos algunos envases de vidrio y las empacamos en bolsas de papel con una pequeña tira de fique ajustada con la tapa de la miel.

En la búsqueda de la identidad de la marca Gloria dibujó en acuarela una abeja, la intervino digitalmente (pintura que por cierto, aún conservamos) y agregó la interacción de la abeja con la floración del guamo para crear las etiquetas de la miel y del propóleo. Se hizo recurrente visitar los apiarios en compañía de Marcelino, de la pareja de Linna, Nelson Aguilar y la pareja de Gloria, Andres Buitrago, quienes se dejaron contagiar de la experiencia y poco a poco se vincularon en el proyecto. En cada una de las visitas tomamos fotografías e hicimos el primer video en torno a las abejas, donde se relató el ecosistema en el que habitan para acercar al consumidor al campo, acercarlo a la concepción de la miel y sobre todo sensibilizar sobre la vida de estos hermosos seres.

3. ¿Cómo logré hacerla realidad y llevarla a los hechos?

Nelson y Andres ampliaron las estrategias de mercado, abrieron Facebook, Instagram (@Campoapicolastdr y @miel_campoapicolastdr) Mercado Libre y compraron un hosting para crear la página web, aprovechando la fotografía obtenida en las visitas al apiario y la imagen artesanal que poco a poco fuimos perfeccionando. De esta manera, nos consolidamos como tienda virtual y las ventas ya no solo fueron locales, se extendieron a nivel nacional, en destinos como Chocó, Cali, Pereira, Cartagena, Nariño, Caquetá… con precios justos para democratizar su consumo.

Esta experiencia trajo cambios considerables en nuestras vidas. Linna se mudó junto con su mamá, esposo e hijos mellizos a Socorro, Santander para atender de manera más cercana los apiarios, llevar la contabilidad de las ventas de Mercado Libre y ampliar la oferta de productos, con la venta de insumos para el trabajo en la colmena. Gloria y su pareja Andrés, continuaron viviendo en Bogotá, porque es un punto estratégico para las ventas que se hacen en las redes sociales y página web, llevan la contabilidad de este punto y se encargan de la logística que implica tener un producto terminado y listo para la venta.

Creemos que el reconocimiento del saber que la región santandereana tiene sobre la apicultura, fue una parte supremamente clave para el desarrollo de nuestra empresa. Aliados como don Edilio Zúñega, apicultor magistral, nos permitieron apropiar la técnica, cultivar el respeto por las abejas y el territorio. El apoyo incondicional que don Edilio representa a Campo Apícola, más que una alianza, es la idea de que polinizar el territorio se hace de manera conjunta y bajo la integración de varios saberes que inicia con lo artesanal, se extiende a la apicultura y forja sus raíces con lo pedagógico y su aliada el arte.

Si está buscando más historias de emprendimientos, sus creadores y creadoras están aquí, en Emprendimiento y liderazgo de El Espectador.

4. ¿De dónde saqué la plata para ponerla a andar y cómo la pagué?

Hasta aquí habíamos invertido alrededor de veinte millones de pesos, una parte de nuestros ahorros y otra de las utilidades que dejó la venta de los productos Campo Apícola. Luego sacamos un préstamo para comprar una tierra en Simacota, Santander, en la vereda la Montuosa y hemos sido afortunadas porque las ventas han permitido que el pago de esta tierra se haga con gran parte de las utilidades de la empresa.

5. ¿Qué estoy logrando con mi emprendimiento? ¿Qué estoy cambiando con mi idea?

En las conversaciones con los clientes Campo Apícola se percató de los mitos que hay alrededor de la miel “si se cristaliza es que es azúcar y no es miel pura”, “sino es miel clara, no es buena miel” por lo cual, implementamos la estrategia de polinizar el territorio, como una metáfora para aproximar y fortalecer la cultura de la miel, que implica conocer sus características organolépticas, la variabilidad del color y sabor debido a la floración. Junto con la idea de resaltar el impacto que tienen las abejas sobre el planeta integramos lanas, manos y las puntadas de doña Stella, la mamá de Gloria, logrando que la abejita inicialmente retratada se expandiera a otra materialidad, dando nacimiento a Apis, que para la empresa es símbolo de la polinización y que obsequiamos a los clientes para que se aproximen de manera más significativa a la cultura de la miel y ayuden a preservar la vida de estos seres.

Adicionalmente, estamos logrando posicionar varios productos derivados de la colmena: las velas en cera de abeja y los jabones artesanales. Las velas en cera de abeja no emiten gases tóxicos perjudiciales para la salud, debido a que su base no es un derivado del petróleo. Se destaca que este tipo de velas compite con el mercado exterior, puesto que sus precios son casi tres veces mayores a los de Campo Apícola, haciendo que sean muchas veces inasequibles. Este producto ha generado no solo impactó en el mercado, sino que además ha generado nuevos empleos, propiamente a nuestras madres, quienes diseñan, cortan, elaboran, decoran y empacan cada una de las opciones de velas en cera de abeja.

Los jabones artesanales son creados bajo la experticia de Angie Rodríguez, conocida como Rosil, quien desde la investigación olfativa diseña aromas a partir de un proceso de reconocimiento del territorio, haciendo uso de las plantas, frutos y flores que han visitado las abejas para la producción de la miel y que evocan las montañas de Simacota, Santander. Además, toma como materia prima los insumos de la colmena: cera de abejas, la miel, propóleo e incluso la forma hexagonal que la identifica. De esta manera, el uso de estos productos, Campo Apícola más que una práctica de higiene, se convierte en una experiencia olfativa en la que los aromas transportan a las personas a un estado de bienestar, dulce y armonioso, la pausa necesaria para estos turnos vertiginosos y sin pausa.

6. ¿Soy feliz?

Ha surgido Campo Apícola, pero además nació una fraternidad que apropia y legítima el saber de las madres, parejas, amigas y apicultores; donde el trabajo colectivo representa una ganancia para la comunidad, los clientes y las abejas. La estadía en la finca que logramos comprar no es solo para quienes hicieron posible este proyecto, sino para salvaguardar la vida de las abejas y todo el ecosistema del que hacen parte. Estos logros llenan de felicidad a Campo Apícola, porque nunca se pensó en hacer tanto e impactar en tan poco tiempo.

7. ¿Vendería mi emprendimiento, mi empresa?

El trabajo que nos ha implicado consolidar este empresa, representa mucho para nuestras familias, porque es un lugar no solo donde habitamos, sino donde podemos salvaguardar parte de la inmensa población de las abejas. Por lo cual no la venderíamos.

8. ¿Qué tan duro fue para mí emprender?

El inicio fue progresivo, quizás lo complejo en este tipo de emprendimientos fue conservar la constancia y la pasión por lo que se ama. No hemos sentido que esta experiencia haya sido dura, más bien llena de retos que hemos sabido sondear bajo la confianza depositada hacia el otro, los saberes, el respeto a la comunidad, a las abejas y la red de apoyo de nuestras familias, amigos y amigas.

9. ¿Cumplí mi sueño? ¿Qué me hace falta?

Cada año se ha logrado cumplir un sueño, que se veía como el más inalcanzable. Primero tener abejas, tener nuestra primera cosecha de miel; luego que alguna de nosotras se mudara a Santander. Otro sueño cumplido fue vender nuestra primera miel por Mercado Libre y hoy somos uno de los mayores distribuidores por esta plataforma a nivel nacional. A propósito, fue la señora María del barrio Jerusalén quien nos hizo la primera compra por redes sociales y a la fecha continuamos siendo sus apicultores de confianza. Finalmente, uno de los sueños cumplidos recientemente y en el que se evidenció que Campo Apícola era más que una empresa, fue la compra de la finca y la adecuación de la casita que traía consigo, junto con el desarrollo del taller apícola en Santander, expandiendo nuestra oferta de productos y aportando a los apicultores de la región.

Nos hace falta generar más empleo, así como hemos ayudado a nuestras madres a generar un ingreso económico, porque ninguna de ellas es pensionada, sabemos que muchos de nuestros colegas, vecinos campesinos tampoco lo son. Para ello, la gestión de algún estímulo para empresas como la nuestra debe ser ahora una prioridad, porque nuestros ahorros se fueron allí y vemos que el impacto que Campo Apícola puede llegar a tener es a un mayor.

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10.  ¿Y ahora qué? ¿Qué sigue?

Ya tenemos nuestro terreno, tenemos aliados claves de la región, la comunidad de la vereda apoya esta empresa y poseen unos paisajes, saberes invaluables para ampliar y legitimar la premisa de polinizar el territorio. Queremos incursionar en el apiturismo que beneficie la comunidad, a quien vive en la ciudad y quizás no sabe que la yuca tiene una flor; que amplié el saber de aquellos que están estudiando o para aquellos que desean expandir su mundo a partir de estas experiencias en torno a las abejas y la flora que visitan.

11. ¿Mi emprendimiento es escalable?

Claro que sí. Durante estos tres años hemos agregado varios productos y proyectamos realizar apiturismo en Simacota, Santander. Además, hemos adoptado el bitcoin como uno de los medios de pago oficiales y confiables en nuestra página web www.campoapicola.com, consolidándola así, como la primera empresa de productos apícolas en Colombia en adoptar esta instrumento de pago. Esta estrategia responde a las necesidades de comercio que actualmente mueven la economía del mundo.

12. Para crecer, ¿recibiría inversión de un desconocido? ¿Le cedería parte de mi empresa?

Sí, siempre y cuando esta persona tenga una visión muy cercana a la de Campo Apícola, que trabaje a la par de las personas que hacemos parte de esta empresa y que el liderazgo lo interpreté como una forma de apropiarse de un rol, de proyectar lo que le gusta hacer bajo la consigna de que el otro o la otra se beneficie de ese saber. La inversión económica que alguien quiera hacer a esta empresa es significativa, pero debe tener esta humanidad para poder trabajar en colectivo.

13. ¿Qué no volvería a hacer?

Creemos que algunas decisiones fueron erradas en este camino, sin embargo, estos errores nos llevaron a tomar decisiones acertadas y a consolidarnos en la empresa que somos actualmente. En cualquier proceso se falla, pero debemos aceptarlo como parte de la vida, así que responder de manera tácita a lo que no volveríamos hacer es algo complejo para nosotras.

14. ¿Quién me inspiró? ¿A quién me gustaría seguir?

Nos inspiró don Marcelino apicultor del municipio de Guapotá, puntualmente su destreza para acercarse, alimentar y preservar a las abejas. Fue quien nos abrió la puerta a este universo. Hacemos memoria y hemos venido replicando su pedagogía de aproximar a las personas al apiario, bajo una visita tranquila, que empieza saludando a las abejas y termina distanciándonos del apiario esperando a que las abejas nos dejen de seguir para podernos quitar el overol sin temor a que nos piquen.

15. ¿Fracasé en algún momento? ¿Pensé en tirar la toalla?

No hemos tenido una situación que nos haya cuestionado nuestro quehacer o que nos haya llevado al fracaso y en pensar en dejar botada la iniciativa, más bien se han presentado situaciones de impotencia, como cuando llegamos al apiario y dos colmenas de abejas estaban muertas, porque no sabíamos qué había pasado y si había algún culpable. En este momento desconocíamos cómo proceder ante esta situación.

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16. ¿Hago parte de algún tipo de comunidad que me ayuda en este camino de emprender?

Las redes de apoyo han sido nuestras familias, los apicultores de la región y algunas cooperativas que bajo su experticia nos ha orientado en temas técnicos frente al diseño de las láminas de cera de abeja, recomendaciones para pulir la extracción de la miel, junto con la conexión a la red de apicultores de la región.

17. ¿Lo que estoy haciendo trasciende? ¿Podrá impactar a nuevas generaciones?

Como lo hemos venido contando, nuestra familia, amigos y amigas, vecinos de la vereda han hecho parte de este proceso. Todos nos hemos acercado al mundo de las abejas, entrando al apiario con susto, emoción, ansiedad y esta experiencia significó observar y comprender a las abejas bajo otra perspectiva. Mi sobrino Juan Manuel de 12 años ha visitado varias veces el apiario y sé que esta experiencia ha nutrido su sensibilidad frente a la vida en el campo y su rol como sujeto que puede transformar el mundo. Las personas que confían en nosotros y compran nuestra miel, en muchas ocasiones se ha generado un diálogo más ameno, donde narramos la manera en que las abejas crean la miel, el por qué de su tonalidad, su sabor e incluso muchos nos han contado historias de vida, donde sus padres y abuelos fueron apicultores y reconocen que esta práctica debe mantenerse en cada generación. En conclusión, creemos que sí hemos trascendido en la vida de muchas personas a través de nuestros productos, en las conversaciones, visitas al apiario y con la pedagogía de nuestro personaje Apis.

18. ¿Cómo me veo en 10 años y cómo veo a futuro mi emprendimiento, mi empresa?

Esperamos que en 10 años la apicultura pueda consolidarse como nuestra principal actividad económica. Esperamos que la finca tenga una productividad más alta y que las plantas y árboles que hemos venido sembrando sean robustos, para que le den una buena sombra al café. Además, proyectamos que el apiturismo esté posicionado, junto con el punto físico para la venta de material apícola.

19. ¿Qué papel han jugado mi familia y mis amigos?

Hasta aquí el trabajo implicó, constancia, organización bajo el acompañamiento de una red de apoyo dada por nuestras familias, parejas, amigas, amigos y apicultores de la región santandereana. Todos se han sumado desde el consejo, la compra de nuestros productos, la visita a los apiarios y donando enceres para la finca. La familia Poveda Niño, propietarios de restaurante Sitio Casa Candelaria, nos han permitido instalar nuestros productos allí, sin pretensión alguna, solo con la idea de apoyar y visibilizar el trabajo colectivo de lo que es la familia Campo Apícola.

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20. Yo lo logré. ¿Ayudaría a otros emprendedores a que lo logren?

Por supuesto, desde la asesoría de cómo crear una imagen para el producto, cómo constituir una cámara de comercio, que quizás esto es lo que apabulla un poco en términos de legalizar el proyecto. En cosas tan imprescindibles como pagar una pauta publicitaria a Facebook, que es una estrategia clave para la movilización de los productos en la virtualidad. Todos nos hemos formado y trabajado en la enseñanza, así que, si alguien requiere de una asesoría, aquí estaremos atentas.

21. ¿Qué papel jugó mi equipo? ¿Quién es?

El equipo está formado por dos familias, Nelson, Linna y sus hijos mellizos, junto con Gloria y Andres, todos casualmente hemos trabajado en educación en áreas como la sociología, filosofía, artes y física-matemática. Esta característica y la experiencia que Campo Apícola nos ha brindado, permitió que nuestros saberes traspasarán los muros de las aulas y apuntaran ahora hacia el sostenimiento responsable de las abejas.

22. ¿Cuál es mi sello personal? ¿Qué me diferencia del resto?

Nuestro sello personal es la imagen artesanal que nace de la acuarela, que ha sido tejida en crochet por las maravillosas manos de doña Stella (la mamá de Gloria). Además esta estética artesanal, se proyecta en el diseño de nuestras velas en cera de abeja y jabones que traen consigo la memoria de la textura y olores de la colmena. La imagen de Campo Apícola enuncia un saber, un trato cercano con nuestros clientes y el amor hacia lo que hacemos.

23. ¿Qué he aprendido de todo esto?

Hemos aprendido a que si no se ama lo que se hace, la idea no fluye. Hemos aprendido a confiar en el saber del otro, a valorar la fuerza que tienen los campesinos, sus destrezas y quizás a envidiar su energía prodigiosa para caminar. Que todo lo que se aprende en la vida sale a flote y hemos sabido reconocerla y apropiarla.

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

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