“… Ecopetrol mantendrá las operaciones de fracking en Estados Unidos hasta 2026. ¿Qué quiere decir eso? Si nosotros estamos en contra del fracking porque es la muerte de la naturaleza y de la humanidad. Yo quiero que se venda esa operación para invertirlo en energías limpias, que se discuta técnicamente y económicamente, pero no puede ser que estemos por la muerte en este Gobierno”.
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De las muchas cosas que se dijeron en el consejo de ministros del martes, sesión que fue televisada por primera vez, esta es, quizá, una de las que más lleva carga de profundidad.
Más allá de las renuncias en el gabinete y las otras derivaciones del espectáculo, una de las cosas que quedó claro en el encuentro es que al único que parece molestarle que Ecopetrol extraiga petróleo en Estados Unidos es al presidente. No al ministro de Minas, Andrés Camacho, quien no dijo una palabra al respecto durante el encuentro de cinco horas. Y ciertamente no a la empresa, que un día antes anunció que prorrogó el contrato que tiene con Oxy en ese país para sacar crudo de la cuenca conocida como Permian mediante fracking.
El momento de la declaración de Petro, un día después de anunciada esta decisión, la forma de comunicarla (vía televisión) y la fuente del descontento (un titular de prensa leído en la mañana) dejan muy mal sabor. Si bien nadie espera que el presidente esté al tanto del día a día de las operaciones de una compañía como Ecopetrol (la mayor empresa del país), algunas decisiones estratégicas quizá sí transitan por su espectro de atención.
Esta es apenas una hipótesis (con bemoles que ya expondremos), pero al final de cuentas la junta directiva de Ecopetrol fue mayoritariamente propuesta por el Gobierno y el presidente de la petrolera es una persona con cercanía al presidente, por decirlo de la forma más ligera posible.
Ahora bien, el revés de esta moneda es que, justamente, ese tipo de decisiones no deben pasar por la mesa del presidente, pues para eso hay un gobierno corporativo instituido (con elección validada por los accionistas, así el proceso haya tenido críticas) que se dedica, justamente, a manejar la compañía.
Bajo cualquiera de los dos escenarios que se quiera examinar, los comentarios del presidente y su deseo son desafortunados, cuando menos. Cuando más, “son una locura”, como lo dijo una persona en la empresa, quien pidió no ser identificada al no ser un vocero oficial.
Vale anotar que el empleo de la palabra locura quizá dé pie para una (larga) elucubración que involucre al Quijote o a Erasmo de Rotterdam para la próxima sesión televisada porque “él sigue tratando de inscribirse en el mito, pero lo que nos regaló fue más tragicomedia”, como dijo la fuente.
En sus declaraciones, el presidente habló de discusiones técnicas y económicas alrededor del Permian. Nada más adecuado.
¿Qué representa el Permian para Ecopetrol?
“La producción del Permian, de un poco más de 100.000 barriles por día, significa cerca del 14 % de la producción del grupo empresarial y la única que ha venido en crecimiento constante en el último año y la de mejores condiciones operativas y financieras como tal”, explica Julio César Vera, presidente de Xua Energy.
La propia empresa referenció la operación en estos términos en su informe de resultados del último trimestre (tercero de 2024): “Incremento en el volumen de ventas principalmente de crudos (…) gracias a mayor disponibilidad de crudos para exportación, dada la mayor producción de Permian”.
Las ventas internacionales de la compañía, que en el trimestre en referencia representaron casi 60 % del total, crecieron 16,1 % debido, entre otros factores, a “incremento del 55,1 % (+5.4 kbped) en ventas de Gas Natural por éxito en la campaña de desarrollo de Permian”.
En los nueve primeros meses de 2024, la producción de Ecopetrol alcanzó un máximo histórico para los últimos nueve años, llegando a 752.000 barriles de petróleo por día. Pero si se saca al Permian de la ecuación, este número baja a poco menos de 657.000 barriles por día, lo que supondría una cifra aún más baja que la registrada durante 2020, año de la pandemia y peor momento para el desarrollo económico, petróleo incluido.
Viendo estas cifras es que comienzan a llover las advertencias, como la que hace César Loza, presidente de la USO, el principal sindicato de Ecopetrol. “Esta determinación del presidente Petro es apresurada y carece de fundamento técnico. Esta situación, aunque se esté o no de acuerdo con el fracking, no se puede ideologizar porque le representa a Ecopetrol una pérdida de US$4.200 millones, que es la inversión que ha hecho desde 2019”, dijo en declaraciones a medios.
Y añadió: “Es bueno precisar que del plan de inversiones que tiene Ecopetrol para este año, que es de US$4.000 millones, US$800 millones van para el Permian. Ecopetrol vale por las reservas y por la producción. Hoy se producen 775.000 barriles, de los cuales 100.000 barriles equivalentes (entre petróleo y gas) se producen en el Permian”.
Vera tiene una postura similar al decir “que Ecopetrol salga de dicho activo sería un error craso, dado que no tendría como reemplazarlo en el corto e inclusive en el mediano plazo y de inmediato una disminución en su producción, reservas y resultados financieros”.
La idea de explotar crudo en el Permian, como ya se dijo, convence también a la propia petrolera, que esta semana anunció que prorrogaba el contrato existente con Oxy en esa cuenca de EE. UU. hasta 2026, como mínimo.
“La verdad se esperaba que Ecopetrol tomara esa decisión: los ingresos del Permian han permitido que la compañía esté a flote y las noticias positivas, que no son muchas, siempre vienen del lado de esa explotación”, según César Pabón, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.
En esa cuenca, la exploración no sólo ha sido útil para la petrolera colombiana, sino para EE. UU. también, como argumenta Pabón: en los últimos 15 años, este país pasó de producir menos de un millón de barriles diarios a 12,5 millones y el Permian representa la mayoría de ese incremento (15 % de crecimiento anual en los últimos 10 años).
Petróleo y transición energética
Parte de la razón esbozada por Petro para salir del Permian (que, ya veremos, no es un asunto hecho ni fácil de cumplir) es la intención de reinvertir esos recursos en energías limpias.
Pero este fin, más allá del discurso de la vida, resulta algo contradictorio, si se quiere: el crudo que le llega a Ecopetrol vía el Permian permite generar ingresos que alimentan el presupuesto nacional (pues la Nación es el principal accionista de la empresa), además de traer divisas a Colombia.
Instalar proyectos de energías limpias en el país tendría, principalmente, el fin de abastecer de energía a la red nacional. Y, si bien es una necesidad urgente introducir más generación solar y eólica en la matriz energética nacional, el fin que suple el crudo del Permian es bien distinto del que tienen los proyectos de energía limpia en el país. Esto es como tratar de juntar peras y, no manzanas, sino bujías.
Incluso si se ponen en la misma línea de funcionalidad ambos temas (el crudo del Permian y la generación de energía limpia en el país), la idea tiene peros que no son menores, como lo dice Vera: “Los proyectos de energías renovables no tendrían efectos inmediatos, sino más a mediano plazo y requieren algunos ajustes legales y regulatorios para que Ecopetrol pueda desarrollar los mismos con fines comerciales. En resumen, sería cambiar una vaca gorda por una vaca flaca y medio enferma”.
Problemas y más problemas…
Lo dicho por Petro podría pasar por anecdótico si no existiera el antecedente del proyecto Oslo, que en su momento era la posibilidad de extender las operaciones en el Permian, y cuya explotación habría contribuido con 10 % de la producción de Ecopetrol y 14 % de las utilidades, aproximadamente.
Ese proyecto, después de meses de estudio por parte de la junta directiva, estaba a punto de ser aprobado hasta una reunión de Petro con algunos de los miembros del órgano de gobierno de Ecopetrol. Y hasta ahí llegó la iniciativa.
Pero entre ambas historias hay una diferencia fundamental: el proyecto Oslo era eso, un proyecto. Por el contrario, las operaciones actuales de Ecopetrol en el Permian están mediadas por un contrato cuya prórroga ya fue firmada, según confirmó la propia petrolera este miércoles.
Salirse de esta obligación es posible, claro. Pero con un costo que, según personas cercanas a este proceso, “saldría por un ojo de la cara”. La petrolera informó que, después de las palabras de Petro en el consejo de ministros, el asunto “se está analizando en detalle”, a la vez que afirmaron que una retractación tiene “consecuencias económicas fuertes”.
Por ejemplo, para el proyecto Oslo (que, de nuevo, era una posibilidad, no un hecho) también se firmaron documentos con penalidades si la petrolera se salía del proceso en determinado momento. Los castigos para una iniciativa que ya está en marcha, y que recién acaba de ser expandida, serían mucho mayores.
Por último, hay otros daños que generan las intenciones del presidente: problemas reputacionales. Y esto no es poco, si se tiene en cuenta que la misma Oxy es socia de Ecopetrol en el pozo de Komodo, que hoy tiene problemas ambientales, pero que podría (junto con Sirius y Papayuela) duplicar las reservas de gas del país para 2029, según las primeras estimaciones.
Para algunos expertos, lo que sucedió el martes en la noche fue una nueva desautorización a la junta directiva de Ecopetrol. “Y eso queda muy mal ante los ojos de Oxy, por ejemplo, pero también de otros potenciales socios. Mandamos un mensaje de que somos los peores compañeros de negocios”, dijo un analista, quien pidió la reserva de su nombre, pues tiene relaciones con la petrolera.
Al final, falta ver si la declaración en el consejo de ministros se queda en palabras al viento o si se transforma en acciones por parte de Ecopetrol, que desde prácticamente todo lado se advierten como nefastas.
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