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Industria del nacionalismo, en su cuarto de hora

En los últimos tiempos los colombianos lucen orgullosos elementos que resaltan el país.

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Ricardo Gutiérrez Zapata
24 de mayo de 2008 - 04:49 a. m.
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Hasta hace dos años, María Mercedes Ruiz trabajó como profesora de un prestigioso colegio de Medellín. En ese momento decidió dejar de lado su labor como docente para dedicarse a otra de sus profesiones: el diseño. La decisión no fue fácil, pero para tomarla se basó en lo que veía a su alrededor: decenas de personas, especialmente jóvenes, luciendo elementos en los que el orgullo de ser colombiano salía a relucir.

La percepción de María Mercedes no estaba errada. La realidad es que desde hace unos seis años, manillas, camisetas, bolsos, lapiceros, pocillos y cientos de otros objetos con motivos relacionados con Colombia se empezaron a vender como nunca antes dentro y fuera del país.

Así lo señala el analista Juan Ramón Samper, quien asegura que los colombianos volvieron a creer en lo suyo, lo que se manifestó en las prendas que empezaron a usar. “Con la llegada de Uribe al poder se dio una sensación generalizada, fomentada por los medios, de que lo colombiano es bueno. También incidieron en esto ferias como Colombiamoda, Bogotá Fashion o Plataforma K. Arrancó con una manilla y mire dónde va”.

A la recuperación en la confianza en lo nacional se sumaron campañas como las de las Tiendas Juan Valdez y Colombia es Pasión. La de los cafeteros tomó un nuevo rumbo en 2002, cuando se empezaron a abrir locales donde, además de bebidas, los consumidores encontraron ropa y utensilios con las marcas Juan Valdez y 100 % Café de Colombia.

Para Samper, docente de mercadeo del Colegio de Estudios de Administración (CESA), los colombianos estaban ávidos de productos que los hicieran sentir orgullosos de su nacionalidad, y la primera marca en llenar ese espacio fue Juan Valdez. Hasta su aparición, en el país se solían portar con orgullo elementos propios de otras culturas, sobre todo de la estadounidense y de la europea.

La vicepresidenta de las Tiendas Juan Valdez, Adriana Ochoa Calderón, explica esta tendencia en los lazos de identidad que generaron sus productos. “Notamos un cambio de actitud, percibimos en los consumidores una gran conexión emocional con la marca Juan Valdez, debido a que es 100% colombiana; vemos una afinidad importante, al punto de convertirse en moda. Lo podemos ver en nuestra categoría de ropa, en donde las personas la portan con orgullo”.

Las cifras indican que el año pasado Procafecol, dueña de la marca Juan Valdez, obtuvo ventas por 49 mil 686 millones de pesos y que se abrieron 57 nuevas tiendas en Colombia, completando así 125 en el país y en el exterior.

La marca país

De otro lado, Colombia es Pasión fue una marca país que surgió en agosto de 2005 por iniciativa del sector privado y que entre sus objetivos resaltaba “la necesidad de los colombianos de sentirnos respetados y sentir que se respete nuestro país”. Como un proyecto experimental, sus creadores montaron una tienda el 3 de julio del año pasado con cerca de 200 productos y en menos de un año obtuvieron ventas por $130 millones.

De acuerdo con directivos de este proyecto, los buenos resultados obtenidos por esta tienda, que se ubica en el Centro Internacional de Bogotá, originaron la apertura de una segunda tienda en Unicentro y próximamente la idea es extenderse a otras ciudades del país. En total, 215 compañías nacionales y extranjeras se han unido al plan Colombia es Pasión.

Entre estas firmas se encuentran Avianca, que dibujó en la cola de algunos de sus aviones la imagen de la campaña; Fritolay, que lanzó las papas Margarita Pasión; Kokoriko con un combo y Sofasa, que presentó recientemente el Logan Pasión. En próximos días se firmarán convenios con Expreso Bolivariano y Alpina.


Pero no sólo las grandes firmas le apostaron al sentimiento colombiano: a lo largo y ancho del país, pequeñas y medianas compañías fabricantes de confecciones, correas, vasos, pocillos, bolsos, gorras y llaveros percibieron en el nacionalismo una buena opción para las ventas.

Es el caso de tuscamisetas.com, una microempresa de Armenia que imprime la imagen que el consumidor desee en sus prendas y que en los últimos años ha percibido la manera como los motivos relacionados con el país se incrementaron considerablemente. “Chivas, ríos, selvas, montañas, paisajes, animales y otros elementos netamente colombianos son los que más imprimimos. Es innegable que esto se empezó a dar desde la llegada del presidente Uribe”, explican los propietarios de esta Pyme.

Más allá del campo

Pero si bien es cierto que los elementos de la cultura rural, como los relacionados con el café, las artesanías o la biodiversidad nacional, fueron la punta de lanza de esta dinámica, en los últimos años han surgido alternativas que también destacan la colombianidad y que han despertado la inventiva de muchos creadores nacionales.

Algunos introdujeron conceptos urbanos, otros de literatura y otros más de gastronomía. “La gran mayoría de los colombianos somos habitantes de la ciudad y eso también se debe reflejar. Queremos dejar atrás los clichés de la vida romántica del campo y mostrar otros aspectos de nuestra realidad cotidiana”, asegura Andrés Quintero, uno de los propietarios de DCI Arte.

Esta empresa nació hace cinco años en Cali. Andrés, un arquitecto, se unió a su esposa, Carolina Llano, artista plástica, para plasmar en ropa, zapatos y accesorios conceptos urbanos que van desde los letreros que anuncian la venta de minutos de celular hasta representaciones de las registradoras que usan los buses. “En ningún lugar del mundo se encontrarán elementos como estos. Esto también es típicamente colombiano”, insiste Quintero.

Ha sido tal éxito de esta empresa, que DCI Arte hoy posee nueve tiendas en centros comerciales de Bogotá, Medellín, Cali, Popayán, Manizales, Pasto y recientemente abrieron un local en Barcelona (España), lo que les permite generar cerca de 40 empleos directos y un número similar de indirectos en talleres pilotos que les cosen sus productos.

En la misma línea trabaja Ana Cristina Soto Jiménez, una diseñadora antioqueña que en 2006 se metió de lleno en la confección de elementos que destacan el nacionalismo con su marca Rosa Rosa, que hasta ese año se dedicaba a elaborar prendas de vestir tradicionales. “Un día me dije ‘voy a hacer unos productos que muestren que Colombia no es solo amarillo, azul y rojo’. Así empecé”.

Inició haciendo camisetas y en la actualidad también fabrica bolsos y delantales donde aparecen recetas de platos tan típicos como el patacón pisao o el sancocho, fragmentos de obras como Cien años de soledad o íconos religiosos como el Divino Niño del 20 de Julio o el Sagrado Corazón de Jesús. En agosto empezará a comercializar jeans con este tipo de motivos.

Frente al futuro queda la inquietud de si lo que está sucediendo con los productos que exaltan el nacionalismo será una moda pasajera o un proceso que se mantendrá en el tiempo.

Analistas como Juan Ramón Samper consideran que la calidad de los productos que han nacido como consecuencia de este fenómeno dan a entender que las sombrillas, los cuadernos y la ropa alusiva a Colombia los usarán las futuras generaciones.

María Mercedes, Andrés, Ana Cristina y cientos de colombianos que hoy fabrican este tipo de elementos así lo esperan. Para eso trabajan todos los días.

Por Ricardo Gutiérrez Zapata

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