Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Hay trabajos que sostienen el día a día. Son la mayoría en el mercado laboral, pese a que no aparecen en nóminas, no cotizan pensión y no saben, en general, de licencias técnicas (vacaciones pagas, incapacidades o permisos formales).
La informalidad es un punto ciego para el empleo en Colombia. Entre septiembre y noviembre de 2025, el 55,4 % de las personas ocupadas en Colombia trabajaba en la informalidad, según las cifras del DANE. Una proporción casi idéntica a la del mismo periodo de 2024 (55,3 %), ligeramente mejor que la de 2023, y bastante mejor que en los años más duros de la pandemia.
Pero sigue siendo, en términos simples, más de la mitad del país trabajando sin protección.
De 24,5 millones de personas ocupadas, casi 13,5 millones son informales. Que el número no se dispare ni caiga con fuerza no significa estabilidad saludable, sino una informalidad estructural, incrustada como diamante en una almeja.
Si Colombia fuera una sola foto laboral, estaría borrosa. Son varias imágenes superpuestas.
En los centros poblados y zonas rurales dispersas, la informalidad llegó al 83,4 % en ese trimestre. Es decir, 8 de cada 10 personas trabajan por fuera del empleo formal. El dato subió frente a 2024, aunque sigue por debajo de los niveles de años anteriores.
Allí tener un contrato formal es la excepción, no la regla.
En contraste, las grandes ciudades muestran otro rostro. En las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, la informalidad fue del 42,3 %. En cambio, en 23 ciudades, el promedio rondó el 43,6 %.
Sigue siendo alta, una brecha de casi 40 puntos porcentuales frente al universo rural.
El mapa de la informalidad
El mapa urbano tiene contrastes claros. Sincelejo es la ciudad con mayor índice, con 67,1 %. Le siguió Valledupar, con 65,4 % y Cúcuta, con 61,3 %.
En el otro extremo, Bogotá con 35,3 %. Manizales, con 37,2 %, y Medellín, con 37,8 %.
Hombres más informales; mujeres, una leve mejora
El trimestre deja otro dato que merece lectura atenta. Entre los hombres ocupados, 57,8 % trabajaba en la informalidad. Entre las mujeres, 51,9 %.
La brecha sigue existiendo, pero hay un matiz importante: la informalidad masculina subió frente a 2024; la femenina bajó.
El tamaño de la empresa lo explica casi todo
Si hay una clave para entender la informalidad en Colombia, está aquí.
- Microempresas: el 84,5 % de sus trabajadores es informal.
- Empresas pequeñas: 21,9 % (aumentó un punto porcentual).
- Empresas medianas: 5,3 %.
- Empresas grandes: apenas 2,2 %.
Apenas lo obvio: la informalidad vive en los negocios pequeños, en el rebusque organizado, en el emprendimiento sin respaldo. En aquello que el ciudadano mismo puede solucionar sin externalizar.
El espejo juvenil del mercado laboral
La imagen se vuelve más nítida cuando se mira a los jóvenes. En noviembre de 2025, Colombia registró 2,26 millones de personas entre 15 y 28 años que no estudiaban ni trabajaban, los llamados ninis. Es la cifra más baja desde junio de 2016, según el DANE. En un año, el país redujo ese grupo en 117.000 jóvenes; frente a octubre de 2025, la caída fue de 38.000.
Hoy dos de cada diez jóvenes están por fuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral, dentro de un universo de 11,41 millones de personas en ese rango de edad. El descenso se explica más por el comportamiento entre los hombres —que alcanzaron su nivel más bajo desde finales de 2016— que por un cambio estructural entre las mujeres.
Ahí aparece una grieta persistente. En noviembre, 1,56 millones de mujeres jóvenes no estudiaban ni trabajaban, frente a 698.000 hombres. La brecha fue de 866.000 personas. El rostro del nini sigue siendo, mayoritariamente, femenino.
Leído junto al resto del mercado laboral, ser “nini” significa entrada temprana a la informalidad.
La comparación con 2024 ayuda a entender el punto muerto. Hace un año, la informalidad ya rondaba el 55,3 % a nivel nacional. En las ciudades incluso había subido frente a 2023, y el comportamiento por género mostraba un cruce: los hombres reducían informalidad mientras las mujeres la aumentaban. En 2025, el patrón vuelve a girar.
El país sigue atrapado en el “justo medio” que afecta a millones de colombianos, que los deja sin red, sin seguro y sin futuro claro, mientras el indicador se mueve apenas lo suficiente para no prender las “suficientes alarmas”.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.