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Así se redefine el mapa de obras con infraestructura 5G: más fragmentada y multimodal

Colombia deja atrás el ciclo de megaproyectos viales 4G y entra en la era 5G, con obras más fragmentadas, multimodales y exigentes en lo financiero y jurídico.

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28 de enero de 2026 - 06:33 p. m.
El Índice de Producción de Obras Civiles creció 11,6 % en 2024 y 9 % en 2025, con impulso en carreteras y energía.
El Índice de Producción de Obras Civiles creció 11,6 % en 2024 y 9 % en 2025, con impulso en carreteras y energía.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Las vigas y el cemento se ponen cada vez con más frecuencia en la infraestructura del país en medio de una transición menos visible que las grandes inauguraciones, pero decisiva para su sostenibilidad.

El más reciente informe del Grupo Cibest (Bancolombia) expone las dificultades del cambio de un país que deja atrás el ciclo de megaproyectos viales de cuarta generación (4G) y entra en una etapa distinta, marcada por una quinta generación (5G) más fragmentada, multimodal y exigente en lo financiero y lo jurídico.

El cambio no implica menor relevancia del sector. Implica otra lógica. Durante más de tres décadas, el modelo concesional evolucionó por capas. En los años noventa, la primera generación abrió la puerta al capital privado y se concentró en construir y rehabilitar corredores estratégicos. La 2G funcionó como etapa de ajuste, con menor escala y aprendizajes en asignación de riesgos. Ya en los 2000, la 3G elevó la complejidad técnica y operativa con ampliaciones, modernizaciones y estándares más altos de conectividad. En conjunto, las concesiones 1G y 3G sumaron 1.399 kilómetros, una base física que aún sostiene buena parte de la red troncal.

La 4G llevó ese proceso a su punto más alto en tamaño, financiación y visibilidad. La 5G, en cambio, redefine el mapa. Los proyectos promedio son más pequeños en kilómetros intervenidos y en CAPEX (inversión a largo plazo), pero más diversos en tipología: carreteras, infraestructura urbana, sistemas férreos, fluviales y aeroportuarios.

El impulso, cercano a COP 30 billones, deja de depender de unos pocos contratos emblemáticos y se reparte en una canasta amplia de iniciativas con esquemas de pago, cronogramas y riesgos diferenciados.

El avance, sin embargo, es modesto, con un avance cercano de 20 % a corte de septiembre, según la CCI, el gremio del sector.

Una recuperación que avanza

La actividad reciente confirma que el sector salió del bache más profundo. El Índice de Producción de Obras Civiles del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) volvió en 2024 a niveles cercanos al promedio histórico (100 puntos), tras el mejor tramo observado entre 2013 y 2019. Para 2025 y 2026, las proyecciones de crecimiento de 10 % y 7 % describen un escenario positivo, aunque todavía por debajo del potencial que tuvo el ciclo 4G.

Esa recuperación, sin embargo, no es homogénea. Hasta el tercer trimestre del año pasado, el IPOC muestra que el sector pasó de una contracción de -12,3 % en 2023 a crecer 11,6 % en 2024 y 9 % en 2025. El repunte se concentró en frentes puntuales, mientras otros siguieron contenidos por cuellos de botella asociados a estructuración, servidumbres, licencias y coordinación interinstitucional.

En 2025, el impulso provino sobre todo de carreteras, construcciones en minas y centrales eléctricas. En contraste, perdió tracción la infraestructura de comunicación de larga distancia, las líneas eléctricas, el riego y la infraestructura deportiva.

Carreteras, energía y una oportunidad social

En el frente vial, el balance fue favorable con matices. Los túneles y las pistas de aterrizaje repuntaron con fuerza, coherente con obras que entraron en fases finales o se reactivaron desde bases bajas. En el otro extremo, puentes y carreteras elevadas moderaron su dinamismo, señalando un giro hacia frentes más atomizados de mantenimiento, mejoramiento y unidades funcionales.

Este giro cambia la mezcla de riesgos, con menor concentración en pocos contratos de gran tamaño y mayor exposición operativa asociada a cronogramas, disponibilidad de frentes, permisos, interferencias y coordinación con terceros, además de una sensibilidad más alta a adiciones, reajustes y reclamaciones”, señala el informe.

En energía y actividades industriales, las centrales eléctricas lideraron el ciclo reciente. A medida que más proyectos alcanzaron hitos de entrada en operación, la ejecución se sostuvo y el sistema ganó resiliencia.

En paralelo, emerge una oportunidad en infraestructura social. Equipamientos urbanos ligados a cultura, deporte bajo techo, centros de eventos y entretenimiento empiezan a consolidarse como anclas de renovación urbana y turismo.

Los materiales como termómetro del ciclo

La dinámica reciente de materiales ayuda a ubicar el punto exacto del ciclo. El concreto premezclado destinado a obras civiles volvió a terreno positivo en el acumulado de doce meses a noviembre de 2025, con un crecimiento cercano al 1,4 %, tras caer 5,1 % en 2024.

La mezcla asfáltica también dejó atrás el terreno contractivo y pasó a crecer 0,2 % a nivel nacional. La divergencia territorial es clave. La infraestructura vial urbana avanzó 3 %, mientras la interurbana retrocedió 3 %, lo que sugiere una reactivación por etapas. Primero lo urbano; luego, el impulso se extiende conforme se normalizan cronogramas y recursos.

Los contrastes regionales refuerzan esa lectura. Valle del Cauca mostró un crecimiento cercano a 32 % en mezcla asfáltica, consistente con un entorno logístico activo.

Bogotá registró una caída aproximada de 1,2 %, reflejo de restricciones operativas en una ciudad congestionada.

Cundinamarca exhibió señales de recuperación y Antioquia avanzó con mayor lentitud frente al promedio nacional.

La recuperación convive con un entorno de costos más exigente. El índice del DANE registró un aumento anual de 4 % a noviembre de 2025, con la mano de obra como principal factor de ajuste. El efecto acumulado de incrementos del salario mínimo y la indexación de tarifas en actividades intensivas en empleo presionan los márgenes de los contratistas, que enfrentan dificultades para trasladar esos costos a contratos vigentes.

Los insumos, que representan cerca de 44 % de la estructura de costos, crecieron 3,5 % anual, con el concreto como principal contribuyente. En equipos, con una participación del 12 %, el costo aumentó 6 %, en un contexto de menor utilización de maquinaria pesada en algunos frentes viales.

El límite fiscal y la búsqueda de nuevas fuentes

La financiación entra a 2026 con restricciones claras. Entre enero y octubre de 2025, el sector Transporte comprometió 78,2 % del presupuesto, pero solo pagó 33,2 %, una brecha que refleja rezagos de ejecución y presiones de caja. En la Agencia Nacional de Infraestructura, los compromisos alcanzaron 80,1 %, con pagos de 27,8 %; en Instituto Nacional de Vías, 73,7 % comprometido y 39,6 % pagado.

Las vigencias futuras siguen siendo el pilar para grandes obras, pero no bastan para cerrar la brecha de inversión. Las APP, las obras por impuestos, la valorización, los peajes y el mercado de capitales completan la canasta. Cada uno aporta, con límites.

Entre 2026 y los primeros años de la década de 2030 se concentran pagos relevantes de proyectos ya contratados. Después, el espacio fiscal se reduce. El foco se desplaza hacia ejecución eficiente, optimización y refinanciación, más que hacia una expansión agresiva del portafolio.

De este modo, la era 5G perfila un sector que crece con más cautela y mayor complejidad. Pasa de la inauguración de la megaobra, a reflejar también un impacto social y multimodal. Por ende, licencias y consultas con clave, aunque también un cuello de botella bien conocido que ha ralentizado el cambio de escala.

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