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¿Por qué es importante el petróleo de Venezuela para Estados Unidos?

Estados Unidos va por el petróleo venezolano, a pesar de ser uno de los grandes productores actuales. Sin embargo, una resurrección a gran escala de la industria petrolera venezolana no es un asunto fácil, ni rápido, ni barato.

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05 de enero de 2026 - 01:10 a. m.
Fotografía de un buque de patrulla naval de la Armada desde el malecón del Lago de Maracaibo el pasado 17 de diciembre de 2025, en Maracaibo (Venezuela). Imagen de referencia.
Fotografía de un buque de patrulla naval de la Armada desde el malecón del Lago de Maracaibo el pasado 17 de diciembre de 2025, en Maracaibo (Venezuela). Imagen de referencia.
Foto: EFE - Henry Chirinos
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Para finales de noviembre de este año, Nicolás Maduro, ahora depuesto presidente venezolano, aseguró que la exportación de gas venezolano hacia Colombia estaba lista.

El anuncio causó reacciones que oscilaron en su momento entre sorpresas y risas, una especie de colectivo “¿de qué me hablas, viejo?”, para citar las palabras que inmortalizó el expresidente Iván Duque.

Lo cierto es que el gasoducto por el que debería llegar el gas hacia Colombia necesita una serie de trabajos de reparación y mantenimiento que tomarían, en el mejor de los casos, un año y medio, según varios analistas consultados por este medio. “Y ese es el caso del gas, que está algo mejor que el resto del panorama petrolero. Para el resto estamos hablando de varios años, en conjunto, y de una cifra de billones de dólares que nadie tiene muy clara aún”, dijo en su momento una de las voces consultadas, que pidió no ser citada al no ser un vocero de una compañía privada de petróleo.

Este episodio sirve para resaltar, de cierta forma, el estado de la industria petrolera venezolana, que está cimentada sobre las mayores reservas de crudo del planeta, pero cuya producción actual es apenas un vago recuerdo de lo que llegó a ser en su momento de apogeo.

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Cuánto petróleo produce Venezuela hoy

Para 1997, Venezuela respondía por 17 % de la demanda global de crudo. Hoy pone 1 % de esa tajada, según análisis de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés).

En su momento, el país llegó a bombear 3,4 millones de barriles diarios; hoy, este número es cercano a 1,1 millones, contando con que la extracción ha mejorado en tiempos recientes. El punto más bajo de esta actividad llegó, sin sorpresas, con la pandemia, cuando se llegó a un piso de 392.000 barriles diarios para julio de 2020. Todo esto con números de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), un grupo que ayudó a fundar Venezuela, precisamente.

De una industria que produjo billones de dólares en riqueza para Venezuela, hoy se cuenta con instalaciones abandonadas y problemas ambientales en los pueblos que antes eran las capitales petroleras de Sudamérica.

Bombas oxidadas, oleoductos con fugas, acumulación de gases tóxicos, petróleo en las calles de algunos lugares. De tanto en tanto, también se registran accidentes cuando civiles tratan de desmantelar equipos industriales para venderlos por chatarra o para extraer gasolina de algunas instalaciones abandonadas.

Factores como la falta de inversión, el deterioro de la infraestructura, la escasez de insumos necesarios para procesar el crudo extrapesado y las sanciones internacionales han limitado la capacidad del país para traducir su riqueza petrolera en mayores volúmenes de producción.

Estados Unidos impuso sanciones a individuos y entidades venezolanas desde 2005, pero las restricciones que afectaron directamente al sector petrolero y a PDVSA se profundizaron a partir de 2019.

El destino del petróleo venezolano ha experimentado cambios relevantes en las últimas décadas. De acuerdo con cifras de la EIA y la OPEP, China se ha afirmado como el mayor comprador. Para 2023, el país asiático absorbía el 69 % de los envíos de crudo de Venezuela.

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La EIA indica, asimismo, que la recuperación parcial de los despachos ha contado con el respaldo del suministro de condensados y diluyentes provenientes de países como Irán, insumos clave para el procesamiento del crudo extrapesado venezolano, además de mecanismos de apoyo en las áreas de comercialización y transporte en los que ha participado Rusia, todo ello en un contexto de sanciones internacionales que afectan a ambos países.

Según un estudio de la EIA, desde la imposición de sanciones en 2019, una parte significativa de los envíos de crudo se ha destinado al cumplimiento de compromisos financieros, en particular con China, país que ha concedido a Venezuela préstamos cercanos a los USD 50.000 millones a cambio de suministros de petróleo a lo largo de la última década.

Chevron es la única compañía de EE. UU. autorizada para extraer y vender crudo venezolano. Y esto se da con bemoles, pues en medio del cerco sobre Maduro, las actividades de Chevron también quedaron en entredicho, aunque la agencia Bloomberg logró verificar el zarpe y descargue de dos tanqueros cargados y fletados por la compañía.

¿Por qué Trump quiere el petróleo venezolano?

Dentro de la visión “pos Maduro” que tiene Trump de Venezuela, el petróleo es un asunto vital.

EE. UU. es uno de los grandes productores globales de petróleo, con más de 20 millones de barriles diarios extraídos en 2024, según cifras del Energy Institute. Pero, a la vez, también es uno de los principales compradores de crudo en el mundo (en las últimas semanas de 2025, las importaciones semanales de crudo oscilaron en 5,9 millones de barriles por día). ¿Por qué?

La respuesta en parte tiene que ver con el tipo de petróleo que produce y el que necesita. Buena parte de la producción de EE. UU. es de crudo ligero (el que proviene, en su mayoría, de las operaciones con fracking en ese país). Pero una porción importante de sus refinerías (especialmente las ubicadas en la costa Sur, en lugares como Texas o Louisiana) están hechas para recibir petróleo pesado, como el de Venezuela.

De hecho, el tipo de petróleo que abunda en Venezuela sólo es popular en otros dos lugares, principalmente: Canadá y Rusia.

Acá hay dos puntos importantes: por un lado, la carga de las refinerías es clave para la producción de cosas como gasolina y combustible para avión, entre otros asuntos esenciales. Por el otro, reconvertir estas instalaciones para recibir petróleo ligero es un proceso en extremo complejo, costoso y lento.

Por este camino es que llegamos al petróleo venezolano, que se encuentra relativamente cerca a EE. UU. y del cual hay más reservas que en cualquier otro lugar del planeta.

Y esto ayuda a explicar por qué en la rueda de prensa de Donald Trump de este sábado, en la cual discutió detalles de la operación contra Maduro y el ataque contra Venezuela, la palabra democracia no fue pronunciada una sola vez, pero el crudo sí fue mencionado al menos una media docena de veces.

Trump afirmó que su plan contempla la entrada de compañías estadounidenses al sector energético venezolano. “Haremos que grandes compañías de petróleo estadounidenses entren y gasten billones de dólares, arreglen la infraestructura petrolera, que está casi rota, y empiecen a hacer dinero para el país”, señaló.

Si bien Trump ya habló del petróleo venezolano como si fuera propio en sus declaraciones, el futuro de esa industria luce tan viscoso como el crudo que yace en el subsuelo del país. Se presume que eventuales envíos de petróleo podrían incrementarse hacia Estados Unidos y, al mismo tiempo, reducirse hacia China, pero en toda esta ecuación, el crudo venezolano aparece sobre todo como una herramienta central de presión política y económica.

El llamado “oro negro” sigue siendo un pilar crítico de las finanzas del país: el sector genera cerca del 80 % de los ingresos por exportaciones y constituye una parte sustancial de los recursos del Estado para gasto público, según estimaciones del Council on Foreign Relations.

De ahí que cualquier control, restricción o reorientación de los flujos petroleros tendría un impacto directo sobre la capacidad de maniobra del gobierno encargado, que quedó (por lo pronto) en cabeza de Delcy Rodríguez, quien fungía como vicepresidenta de Venezuela hasta este sábado. Sin embargo, todavía es pronto para anticipar cómo se traducirá ese pulso sobre el petróleo en la gobernabilidad del país.

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Por Daniel Felipe Rodríguez Rincón

Comunicador Social y Periodista. Desde 2017, se ha desempeñado en diferentes medios de comunicación colombianos.@DanfeRodriguezdrodriguez@elespectador.com
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