Vuelve la campaña Profesión Líder y esta vez con su capítulo Hoy por ti

Que la solidaridad sea sostenible

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Docenas de empresas en Colombia entendieron la importancia de ayudar cuando más se necesitaba, incluso muchas de ellas sin tener ventas ni mover su caja registradora. La inclusión y la igualdad son la meta. El camino: un beneficio social que permita ayudar a quien más lo necesite.

“Yo creo mucho en el liderazgo, pero en el liderazgo auténtico, el que uno adquiere porque tiene esa habilidad para influir en los demás, en encaminar equipos de trabajo a hacer ejecutorias importantes que ayuden a crecer empresas, a mejorar políticas públicas, y creo que esa es la idea: servirles a los demás. Esa capacidad de influencia, que algunos llaman poder, debe ser para poder servirles a los demás”. Las palabras, justo antes de dejar el timón de una de las organizaciones más importantes de las llamadas multilatinas, rumbo al retiro, las soltó David Bojanini, en entrevista con El Espectador, donde reflexionaba sobre el liderazgo que tanto necesita este país. Era febrero de 2020 y apenas se estaba asomando la pandemia.

La amenaza a la salud y a la economía ni siquiera estaba sobre la mesa, pero cuando le preguntamos sobre el tipo de líderes que estábamos buscando, dijo con mucha razón: “Deben ser líderes que tengan la capacidad de escuchar, empatía y sensibilidad social para entender los problemas de los demás”. Tener humildad, agregó, no sin antes sentar su posición: debe “poder ayudar a tomar medidas que ayuden a solucionar esos problemas”. Bien podría servir como un catálogo de recomendaciones que leyeron muchos empresarios y otros líderes cuando nos llegó el COVID-19 y con él, el peor escenario económico y social de las últimas décadas en Colombia.

Cuando baja la marea es que se ve lo que dejó la tempestad, y en el país bastaron un par de semanas en cuarentena para evidenciar la desigualdad que tenemos como sociedad, la importancia de la informalidad en la generación de empleo y el aporte a la economía, la necesidad en la efectividad de los programas sociales del Gobierno, pero, sobre todo, la necesidad de iniciativas por parte del sector privado que mostraran que le estaban devolviendo algo a los colombianos que más lo necesitaban.

Y entonces la solidaridad se hizo presente. Aparecieron gremios donando equipos de laboratorio para análisis de muestras de COVID-19, empresas que regalaron miles de mercados para recicladores mayores de sesenta años; otras, que son grandes jugadoras del negocio alimenticio, entregaron más de 200.000 mercados a los bancos de alimentos, llegando a 18 ciudades de Colombia; otras de la industria química dieron unos 50.000 kilogramos de detergentes para ayudar a los establecimientos médicos, unas más, que usan alcohol como materia prima, entregaron miles de litros para la fabricación de geles antibacteriales; también aparecieron las lecheras donando su producto base y hasta las automotrices ofreciendo parte de sus vehículos para transportar al personal médico.

Pero a la par otras tantas despedían a sus empleados, algunas los obligaron a tomar licencias no remuneradas y también se contaron casos donde redujeron salarios, incluso la realidad hizo que muchas empresas entraran en procesos de reestructuración. Sin embargo, y en medio de toda la preocupación, sobresalieron aquellas que, a pesar de la realidad, sacaron pecho y aseguraron que seguirían pagando el salario de todos sus empleados. Y la sociedad no tardó en aplaudirlos: en redes sociales se leen mensajes por montones que advierten que, cuando se pueda, saldrán a comprar en esas marcas como premio a ese gesto social que asumieron desde el comienzo.

Bien lo dijo el empresario Carlos Arturo Calle, en entrevista con este diario: “Si aprendemos una lección es que debemos cambiar el rumbo que llevaba la humanidad. Por un lado, nuestras formas de interactuar. Se nos olvidó que lo fundamental es el ser humano, las familias, los principios”. Por eso, y en línea con el presente, desde El Espectador relanzamos nuestro proyecto Profesión Líder, esta vez con un capítulo especial: Hoy por ti, “una estrategia enfocada a contar, difundir y dar mayor alcance a las acciones, esfuerzos e iniciativas que las empresas están realizando como aporte al país”.

La realidad es que a todos no se les puede medir con la misma vara, pero sí es hora de tratar de ajustarnos al unísono. Por ejemplo, el más reciente informe de ANIF, llamado la Gran Encuesta a las Microempresas (GEM), confirmó que “en Colombia existe una baja propensión al ahorro entre los microempresarios (cerca del 30 % del total). Al preguntar sobre las razones para no ahorrar, la mayoría lo atribuyó a la falta de ingresos (alrededor del 81 %), mientras otros respondieron no necesitar ahorrar o no estar interesados (rondando el 11 %)”. Ahí debemos replantearnos.

Sobre el futuro, también nos preguntamos si ¿será posible lograr que toda esta solidaridad, todas estas ganas de ayudar, se quedarán para siempre? Alejandro Moreno Salamanca, director de Inalde Business School, cree que “es probable que algunos de los comportamientos solidarios tan notorios y evidentes en los últimos meses no prevalezcan. Los momentos de crisis dejan en evidencia la cruda realidad de los más necesitados y ahí nacen las intenciones de ayudar. Por esta razón, se vuelve fundamental pensar que hay seres humanos que han vivido, viven y vivirán en estado de crisis, sin importar la actual coyuntura”.

Agrega que “mientras que la abundancia adormece y la comodidad impide ver el dolor ajeno, las crisis y la inequidad deben ser una invitación a despertar para actuar y darse a los demás. En este sentido, los líderes tienen en sus manos un gran potencial, no solo para cumplir con los mínimos, como generar empleo o dar salarios justos, sino para buscar máximos como una verdadera y constante transformación de la sociedad”.

Sin duda en lo que menos podemos fallar como sociedad es en la educación: “Las personas que mejor pueden enfrentar las crisis son aquellas que están mejor formadas” y por eso, previendo que esta situación puede volver a ocurrir, “para que la crisis sea más corta necesitamos gente mejor preparada” con un trabajo de las cuatro hélices: “unión de la empresa, Estado, universidad y comunidad para abrir nuevos caminos”, le dijo a este diario el hermano Niki Murcia, rector de la Universidad de La Salle.

Cuatro hélices que deben trabajar más allá de la retórica y los ideales. Se trata de ejecutar, como lo haría el buen líder que es capaz de dejar huella en la sociedad. Hoy por ti contará todas esas historias que dejan esa huella, porque como lo dijo el director de El Espectador, Fidel Cano, bajo la sombrilla de esta misma campaña: “Resulta tan importante, en estos tiempos de confusión y de búsqueda de algo o alguien en quién creer”, un “liderazgo empresarial que sepa mirar más allá”, y en esa tarea encontrar el “cómo puede contribuir a encauzar de nuevo este mundo por los caminos de la igualdad, la inclusión y el bienestar”.

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