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Leonardo Villar decidió no ir a la invitación del Ministerio de Hacienda para un foro sobre “la política monetaria en un contexto progresista”.
La respuesta llegó por carta en medio de la tensión entre el gobierno Petro y la junta directiva del Banco de la República, luego de dos aumentos consecutivos de tasas que las dejaron en 11,25 %.
“Sin perjuicio de los comentarios anteriores, debo excusarme de participar en este evento debido a consideraciones sobre su oportunidad y el contexto en que se realiza”, señaló Villar.
Esos “comentarios anteriores” giran alrededor de lo que hace unos días el ministro Germán Ávila había dicho frente a la legitimidad de la junta del Banco de la República cuando sus decisiones no coinciden con las del Gobierno.
Ávila no solo se apartó de la última reunión de la junta, también anunció que el Gobierno se distanciaba de sus decisiones. “El Gobierno no va a validar la decisión que allí se tome”, dijo, al tiempo que cuestionó que estas respondan a intereses del sector financiero.
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La carta de Villar recoge esas acusaciones y les responde de frente.
El choque venía escalando desde la discusión técnica. A finales de marzo, la junta subió las tasas de 10,25 % a 11,25 %, en la segunda alza consecutiva de 100 puntos básicos. La decisión desató la ruptura pública.
El ministro se apartó de la reunión y luego fijó posición por fuera del Banco. Cuestionó el enfoque del emisor y el peso de las expectativas del sistema financiero en la lectura de la inflación.
Desde el Banco, la línea es otra. “El Banrep tiene un mandato restringido, pero esa misión debe darse en conjunto con el Gobierno y otras autoridades económicas del país”, explicó Villar en el Congreso.
La meta de inflación es 3 %, con un rango entre 2 % y 4 %. Cuando las expectativas se desvían, la tasa sube. Cuando ceden, baja.
Ávila ha insistido en que ese marco es rígido y que el país podría operar con una inflación más alta. “La economía no se desmorona si la meta pasa a ser del 4 o 5 %”, planteó. También puso en duda el origen de las expectativas: “Muchos de ellos son bancos (…) a ellos les beneficia que suba la tasa”.
La respuesta del Banco apunta a los tiempos. “En períodos más cortos una política monetaria más laxa (…) puede estimular la demanda (…) pero generando posteriormente (…) aumentos en la inflación que generan el impacto contrario”.
“Usted, señor Ministro, ha expresado públicamente que un grupo mayoritario de los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República carecemos de legitimidad para participar en las decisiones de política monetaria cuando esas decisiones son contrarias a los lineamientos recomendados por el gobierno al cual usted pertenece”, explicó Ávila en su carta.
Villar responde que esa visión de la autonomía “es diferente de la que estableció de manera clara nuestra Carta Magna”.
“Se trata de una acusación infundada y abiertamente contraria a la verdad”, afirmó.
El Gobierno ha insistido en que la política monetaria debería alinearse con el mandato democrático de las urnas. Ha hablado de rediseñar el Banco e incluso de modificar la composición de su junta.
“Esa frase no tiene sentido porque en Colombia hay separación de poderes, hay poderes independientes de la voluntad del Gobierno”, dijo el exministro José Antonio Ocampo en su momento.
El foro al que fue invitado Villar aparece en medio de esa tensión.
En su carta, el gerente vuelve a lo básico, el rol de un banco central.
“Existe consenso entre los banqueros centrales de las principales economías del mundo en que mantener la inflación en niveles bajos y estables es conveniente para facilitar y estimular el crecimiento económico y el empleo”, explicó.
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Ahí está el punto de fricción. El Gobierno ve margen para relajar tasas con una inflación de 5,29 %. El Banco mira la inflación básica y prefiere sostener el ajuste.
Para el Gobierno, el problema está del lado de la oferta: choques internacionales, alimentos, energía. Subir tasas no corrige eso. “¿Acaso subiendo las tasas vamos a controlar los precios internacionales de los insumos o del petróleo?”, cuestionó Ávila.
El Banco mira otra cosa. Expectativas, presiones internas, efectos acumulados. Subir tasas enfría la economía, sí. También busca evitar un ajuste más costoso después.
El propio ministro lo puso en términos de crecimiento: la decisión podría restar cerca de 0,36 % a la actividad económica.
“Fue precisamente por esa razón que se concibió una autoridad monetaria autónoma, que pueda adoptar decisiones basadas en una perspectiva de largo plazo”, remató.
El ministro había planteado que el enfoque de control de inflación responde a una corriente “neoclásica y neoliberal”.
Villar se aparta.
“No comparto esa frase”, respondió. “Tenemos casos como el de Venezuela o el de Argentina en los cuales no se cuidó la estabilidad macroeconómica y el control de la inflación y los resultados están a la vista”.
La carta también delimita el alcance del Banco. No discute que el desarrollo va más allá de la inflación. Enumera políticas sociales, infraestructura, redistribución. Luego fija la línea.
Al final, Villar no irá al foro.
Tampoco varios de sus colegas, según escribe.
“Entiendo que varios de mis colegas que han recibido ataques injustificados y descalificaciones por parte del gobierno tampoco consideran oportuno participar”.
Hay otra capa. El calendario.
“Espero sin embargo que ello sea con posterioridad a las elecciones para evitar la percepción de que se trata de un evento asociado a ellas”.
Y una más, con lo que pretende recordar la necesidad de que el ministro Ávila asista a las reuniones de la junta directiva: “Las normas que nos rigen (…) son suficientemente claras (…) a cada una de ellas debe asistir el Ministro de Hacienda y Crédito Público”.
La presencia del ministro preside las reuniones. Es parte del diseño que buscaba coordinar política fiscal y monetaria desde 1991.
“Si la junta no puede sesionar porque no participa el Gobierno, eso podría convertirse en una manera de evitar que el Banco tome decisiones con la autonomía que le da la Constitución y la ley. En tal caso, debería revisarse el mecanismo que ha funcionado bien hasta ahora”, agregó Villar.
Villar deja abierta la puerta a debatir, pero bajo otras condiciones. Sin acusaciones previas, sin ruido electoral y con las reglas básicas en pie.
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