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El 10 de agosto un sismo de magnitud 7,4 afectó a más de un millón de estudiantes en Chocó, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca. Un mes después llegó otra sacudida, menos visible pero profunda: los resultados de PISA 2025. Ambos hechos nos dejan la misma pregunta. ¿Vamos a reconstruir lo que teníamos, o aprovecharemos este momento para hacer bien la tarea educativa con las niñas, niños y adolescentes de Colombia?
Aunque los promedios globales de PISA cayeron, Colombia está aún más atrás. Obtuvimos 414 puntos en ciencias, 399 en lectura y 381 en matemáticas, frente a 482, 461 y 463 del promedio OCDE. El 43,9% de nuestros estudiantes de 15 años no alcanza el nivel básico en ninguna de las tres áreas, y solo el 9,2 % en situación de vulnerabilidad logra un buen desempeño. A esto se suma la situación reportada por el Ministerio de Educación: en 2025 había 1.587.248 niñas, niños y adolescentes de 5 a 16 años fuera del sistema educativo: uno de cada seis. Y a mayo de 2026 la matrícula había caído en 421.142 estudiantes.
PISA también muestra un reto que no vemos: Solo uno de cada cuatro estudiantes colombianos no se distrae con dispositivos digitales en clase. Más de la mitad usa inteligencia artificial cada semana para “estudiar”, mientras nuestras instituciones educativas tienen muy poca capacidad para acompañar ese uso. La OCDE lo resume bien: la IA debe ser un andamio para pensar, no una muleta que reemplace el esfuerzo de aprender.
A pesar de esto, Colombia cuenta con importantes leyes que promueven la educación y desarrollo de niñas, niños y adolescentes. Tal es el caso de la ley que reconoce la corresponsabilidad entre familia, sociedad y Estado, la Ley que promueve la alianza familia–escuela en todas las instituciones educativas del país y los entornos alimentarios saludables. Además, contamos con organizaciones de la sociedad civil, universidades y académicos con años de experiencia y evidencia sobre lo que funciona. Y tenemos a las familias dispuestas a trabajar por una mejor educación. A pesar de que en PISA, el apoyo familiar cayó en casi todos los países desde 2022, los estudiantes colombianos reportan más apoyo de sus familias y de sus docentes que el promedio de la OCDE. Es un activo que pocos países tienen y que debemos cuidar.
En Colombia, una evaluación de impacto liderada por un investigador de la Universidad de Harvard encontró que los estudiantes de instituciones educativas que hacen parte de Red PaPaz obtuvieron 7,8 puntos más en Saber 11 y 4,3 más en Saber 9. El efecto crece con la permanencia y el compromiso de cada institución con el trabajo en llave entre familia y escuela.
A esto se suma la solidaridad tras el sismo, donde empresas, fundaciones, cooperación internacional, gobiernos locales y ciudadanos quieren ayudar. Esa voluntad es una oportunidad para reconstruir y hacerlo mejor. Sin embargo, para Red PaPaz, hacer bien la tarea educativa no es solo subir puntajes. Una niña que llega con hambre, un niño que vive con miedo o un adolescente atrapado en una pantalla no pueden aprender. La atención integral requiere garantizar alimentación real libre de productos ultraprocesados, atención física y mental oportuna, instituciones educativas libres de violencia, reglas claras para el uso de celulares en el colegio y de uso de IA con protección frente al ciberacoso y grooming, y relaciones de acompañamiento con afecto y límites firmes.
La ministra de Educación, Ilva Myriam Hoyos, tuvo el valor de nombrar las fracturas del sistema y desde la sociedad civil queremos aportar a la solución con cinco propuestas: en primer lugar, que la reconstrucción en Chocó, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca incluya ambientes alimentarios saludables, conectividad segura y espacios para el encuentro con las familias. Segundo, hacer realidad la alianza familia–escuela, con recursos de acompañamiento y medición de resultados. Tercero, llevar el Proyecto LEA (Leer, Escribir y Amar) a los hogares, para recuperar el gusto por leer y fijar reglas claras para celulares e inteligencia artificial, construidas con docentes, familias y estudiantes. Por último, crear una mesa de trabajo con el Ministerio, los gobiernos locales, la academia y la sociedad civil, para que la ayuda que hoy sobra no se disperse.
PISA nos dice dónde estamos. El sismo nos recordó que, cuando el país se mueve junto, podemos levantarnos. Hagamos que esta vez la reconstrucción llegue al aula con los mejores estándares.
*Directora ejecutiva de Red PaPaz
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