18 Jun 2021 - 2:01 a. m.

Lo que Tumaco y Palmira le pueden enseñar al resto de Colombia sobre la presencialidad

Todos los colegios tienen “luz verde” para retornar a clases presenciales, pero solo el 41,4 % están en alternancia. Tumaco, con el 100 % de sus colegios funcionando; Palmira, con un modelo educativo de ir cuatro días, o Antioquia, con inversión en elementos de bioseguridad, ya han tenido éxito.

Paula Casas Mogollón / @PauCasasM

Queda menos de un mes para que los colegios vuelvan a clases presenciales, una medida que se anunció en la Resolución 777 del 2 de junio de 2021, publicada por el Ministerio de Salud. Según la entidad, para el 15 de julio finalizará la vacunación en el sector educativo. Una decisión esperada por las instituciones, principalmente las públicas. “Este mes cumplimos 15 meses con cerca del 90 % de estudiantes de colegios oficiales sin haber asistido a las aulas de clase. No hemos pensado en las afectaciones que los niños y las niñas han tenido por haber cerrado los colegios por un tiempo tan prolongado”, dice Sandra García, PhD. en política social de la U. de Columbia y profesora de la Escuela de Gobierno de los Andes.

Hasta el momento, solo 7.525 instituciones educativas están en alternancia, es decir, el 41,4 % de todas las escuelas que hay en el país, de acuerdo con el Observatorio de Gestión Educativa de la Fundación Empresarios por la Educación. Pese a que aún persiste el miedo a que se registre algún brote de COVID-19, ya son varias las secretarías de Educación que tienen meses de ventaja en la alternancia y que han tenido éxito en sus métodos. Una de ellas es la de Tumaco que, según datos del Observatorio, es la entidad que más ha avanzado en este proceso, con un 85,7 % de efectividad en sus estrategias.

César Modesto Caldas, profesional universitario del área de planeación educativa de la Secretaría, explica que primero realizaron el plan piloto con los estudiantes de grados 10º y 11 de colegios privados y luego pasaron a las instituciones públicas. El rastreo de casos también llevó a que no se registraran brotes en las escuelas. “En lo que llevamos de este modelo solo tuvimos que cerrar en mayo y fue porque, acá en la región, en el tercer pico se registraron muchos casos y muertes por coronavirus”, añade. Antes del cierre, 35 instituciones educativas y 22 centros educativos estaban en alternancia, es decir, el 100 % de colegios del municipio.

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Otra de las secretarías que lideran este proceso es la de Antioquia. Alexandra Agudelo, secretaria de Educación del departamento, cuenta que el modelo inició en septiembre de 2020 porque los padres, sobre todo en las zonas rurales y rurales dispersas, pidieron la reapertura de algunas sedes, ya que algunos niños y niñas estaban presentando afectaciones socioemocionales. “En estos lugares son monodocentes y tienen a cargo hasta 15 niños. Entonces, con modelos flexibles se podrían abrir”, asegura. Para ese año invirtieron $700 millones en elementos de bioseguridad y consiguieron que 37 mil estudiantes regresaran a clase.

En 2021, la inversión fue de $13 mil millones para comprar alcohol, lavamanos portátiles, tapabocas y gel antibacterial. “Los padres han sentido que sus hijos están en un entorno seguro, además del compromiso del magisterio antioqueño que le apostó a este modelo”, cuenta Agudelo. Hasta el 11 de junio son 275.835 estudiantes en alternancia de 3.609 sedes, es decir, el 82 % de las instituciones, y ya recibieron la primera dosis de la vacuna los 19 mil maestros oficiales del departamento. Pero, advierte Agudelo, que en estos dos meses buscarán una solución para las 538 sedes que no tienen agua y no han podido abrir.

Uno de esos municipios antioqueños beneficiados es Marinilla, donde comenzó la alternancia en septiembre de 2020 con los colegios Francisco Manzué y la institución educativa Román Gómez. “Hemos trabajado de tres a cuatro horas presenciales y la combinamos con la virtualidad y la entrega de talleres físicos para los estudiantes que no tienen internet, siempre con el acompañamiento del docente”, señala Jorge Orlando Soto, secretario de Educación del municipio. Desde marzo de 2021 el resto de planteles educativos se sumaron a esta metodología de la que ya forman parte 644 estudiantes de todos los grados y 44 profesores.

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Palmira es otra de las secretarías que lleva la delantera. Empezó el proceso en septiembre de 2020 y priorizaron las zonas rurales. “En esa región montañosa es casi una utopía el estudio en casa porque no hay señal de internet, no hay cobertura y fue muy difícil garantizar un adecuado aprendizaje en casa. Pensando en eso, decidimos iniciar los pilotos aquí”, afirma Óscar Escobar, alcalde de Palmira. Para este año se incluyó el transporte escolar en la zona rural. “Tenemos 16 rutas en funcionamiento para garantizar que los niños y las niñas no tengan impedimentos para asistir a clases”, agrega.

Además del transporte, otra de las estrategias es el modelo de asistencia a clase, que es parecido al que se emplea en Europa: los niños y las niñas van 4 días a clases y se quedan 10 en la casa en un aislamiento preventivo, que garantiza una probabilidad baja de un brote de coronavirus. “Solo se han reportado cuatro docentes y un alumno con COVID-19, y solo hemos suspendido la alternancia por el paro. Llegamos a tener 3.300 estudiantes de colegios oficiales y 2.800 de privados, y ya vacunamos al 68 % de los docentes”, señala Ana Bolena Escobar, secretaria de Educación de Palmira.

Y aunque hay varias instituciones educativas en alternancia, otras sedes cuentan con las adecuaciones necesarias para reabrir, pero no han podido por la negativa de algunos profesores de los sindicatos. Ese es el caso de un colegio en el corregimiento Peña Negra, en zona rural de Cachipay. “Acá la conectividad es baja y los niños y las niñas están estudiando con unas guías impresas, pero como se dañó la impresora los papás, que son de bajos recursos, deben pagar por ellas. O les toca seguir su proceso de aprendizaje por WhatsApp. Visité el plantel y tiene todo listo para asegurar que se cumplan los protocolos de bioseguridad”, cuenta García.

De no reabrirse los colegios, las pérdidas de aprendizaje serán cada vez mayor. Datos de la Unesco muestran que más de 100 millones de niños y niñas en el mundo tendrán un nivel mínimo de lectura por el cierre de las escuelas, además 24 millones de niños podrán abandonar sus estudios. En Colombia, el Observatorio de Gestión Educativa reveló que solo el 16,8 % de los estudiantes que se matricularon en 2021 regresaron a las aulas en alternancia. “He conocido testimonios desgarradores de niños que desertaron, otros están trabajando o han sido reclutados por grupos armados, otros deben cuidar a sus hermanos, algunos tienen un celular para todos los integrantes en su casa; y unos reciben guías que ni entienden”, añade García.

Si bien la virtualidad permitió que varios niños y niñas siguieran estudiando, la desigualdad fue más visible. Para Laura García Martínez, docente de la Universidad Manuela Beltrán y magíster en desarrollo educativo y social, se evidenciaron unas condiciones económicas y sociales que determinaron las dinámicas familiares y “que se desempeñaron como un facilitador o una barrera en el proceso de aprendizaje. Hay familias que no tienen disponibilidad de tiempo, porque trabajan desde la casay los niños no cuentan con una persona que los oriente. Hemos encontrado hogares en los que el aprendizaje sucede en medio de prácticas violentas verbal o físicamente que pueden llevar a una desmotivación”, dice.

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¿Qué dice Fecode?

Martha Alfonso, segunda vicepresidenta de Fecode, aclara que el sindicato de maestros y maestras no ha estado en contra de la reapertura de los colegios. Por el contrario, añade, piden que se garantice “el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad y las adecuaciones de las instituciones. Todos los planteles deben tener una ventilación adecuada, agua para lavarse las manos y tapabocas, teniendo en cuenta que con la vacuna, que era el otro requerimiento, baja el nivel de agresividad del virus, pero sigue existiendo una probabilidad de contagio. Y debemos pensar en los familiares de ellos que aún no están vacunados”, afirma.

Otro de los miedos del retorno a las clases para Fecode radica en que la atención general de salud para que se hagan los testeos a los maestros no ha sido la más oportuna. “La atención de salud del magisterio es bastante lenta. Entre el día en que usted presenta síntomas y le hacen la prueba pueden pasar de 10 a 14 días, lo que genera muchos problemas porque no se aísla a tiempo y se puede producir un supercontagio. Y las pruebas que nos hacen son de antígeno, que sabemos que no son tan exactas como las PCR”, cuenta.

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El éxito del regreso a clases en otros países

Mientras en Colombia avanza el regreso a clases, varios países de América Latina ya iniciaron este proceso. En México el retorno fue después de la vacunación de los docentes. Según la alcaldesa de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, 1.103 colegios abrieron - 387 públicos y 716 privados - y 80.000 alumnos y 10.000 profesores regresaron. Ecuador empleó un plan piloto en el que participaron 1.301 centros educativos y, según María Brown, ministra de Educación de este país, la reapertura fue con 120.000 estudiantes. En Uruguay también empezó un plan de retorno en los planteles de Montevideo, Canelones y Salto, donde 51.000 alumnos de primero, segundo y tercer año asistieron a las primeras clases presenciales.

En Europa desde enero de 2021 reabrieron los colegios y, pese a que se registró un incremento de casos entre febrero y marzo, no fueron cerrados. Las claves del éxito son las medidas de bioseguridad. En Italia iniciaron con un proceso de alternancia. Los estudiantes de preescolar y primaria regresaron en enero, mientras que la virtualidad se mantuvo en la secundaria y universidades. En Reino Unido, el ministerio de Educación exigió a los alumnos de secundaria y universidades una prueba PCR antes del retorno a clases. Y en España el programa de rastreo es muy fuerte. Se han aislado rápido los colegios en donde se detecta un brote.

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