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Charlé con Isabel Segovia Ospina, historiadora y experta en relaciones internacionales de la Universidad de Pensilvania, con maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Vanderbilt. Fue secretaria de Educación de Bogotá entre 2024 y 2026. Ha sido viceministra de Educación del gobierno de Álvaro Uribe, candidata a la vicepresidencia de la República, en fórmula presidencial con Enrique Peñalosa, consultora del Banco Mundial, profesora de la Universidad Externado y columnista de El Espectador.
Se publicaron los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, pruebas PISA, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que miden el aprendizaje de los jóvenes de 15 años y evidencian uno de los niveles más bajos de la historia en Latinoamérica. ¿Los 25 años de experiencia que usted tiene en el sector educativo qué le dicen sobre esto?
La alarma no es solamente para Latinoamérica sino para todo el mundo, porque es el resultado más bajo registrado de todos los países de la OCDE. Esto incluye a Europa y Asia, que también han participado de la prueba PISA desde el 2000 y los resultados han sido los peores desde 2006, exceptuando unos pocos que están sacando la cara como China, Singapur y Gran Bretaña. Es un tema al que tenemos que prestarle mucha atención.
¿Qué cree qué pasó? ¿Todavía es efecto post-pandemia?
Explicaciones concretas todavía no existen, pero tengo varias teorías. Los resultados, particularmente del lenguaje, estaban cayendo desde antes de la pandemia. La pandemia, sin duda, agudizó el problema no solamente por el encierro que tuvieron los niños, sino porque los motivamos a usar tecnología para aprender. Cuando pasó la pandemia, muy pocos países asumieron el hecho de que realmente se generaron pérdidas de aprendizaje. Unos pocos países, por ejemplo Costa Rica y Gran Bretaña, hicieron programas específicos de mejoramiento y de recuperación de lo que pasó. Los demás hicimos como si la pandemia nunca hubiera pasado por los niños, que tenían nueve y diez años, momento clave para la formación de competencias en matemáticas básicas y lectoescritura. Entonces, a mí no me extrañaron estos resultados y se unen a una discusión muy grande que tenemos hoy en día, que tiene que ver con el uso de la tecnología. Las competencias de lectoescritura están siendo fuertemente afectadas por el hecho de que los niños viven inmersos en una pantalla, ven muchos más videos, leen cosas cortas. La prueba mostró tendencias muy interesantes que la gente no sabe, como que aumentó el porcentaje de jóvenes que contestan rápidamente, pero se equivocan. Eso demuestra que el uso excesivo de la tecnología empeoró la comprensión de textos complejos y largos.
Precisamente Colombia salió muy mal calificada en comprensión lectora y matemáticas.
Claro, porque al encierro se sumó no haber aprendido presencialmente las competencias de lectoescritura que eran absolutamente necesarias y tampoco se hizo una recuperación real de lo que pasó durante la pandemia, del impacto de la tecnología como medio de aprendizaje. Además, está la pelea constante que tenemos todos los padres de familia con el uso recreativo de las pantallas y todo eso está generando repercusión. Es gravísimo, porque si uno no sabe leer y escribir, no puede aprender nada más. Yo no puedo aprender matemáticas o ciencias sociales si no sé leer y escribir.
¿Qué se debe hacer al respecto?
Un llamado muy crítico a que tenemos que reaccionar como país y como mundo, a poder empezar a compensar estos problemas de enseñanza y aprendizaje que estamos teniendo con los niños y con los jóvenes, para que puedan recuperar sus competencias.
Usted trabajó bastante en el Ministerio de Educación y fue la secretaria de Educación de Bogotá entre 2024 y 2026. ¿Qué medidas tomaría ante esto?
En Colombia el sector educativo ha venido pasando por una crisis compleja y la verdad es que en los últimos 15 años el Ministerio de Educación no ha sido manejado por personas que conozcan el sector. Normalmente tienen agendas políticas que no tienen que ver con los procesos de aprendizaje. En cuanto a la experiencia específica que tuve ahorita, la Secretaría de Educación de Bogotá debería ser modelo para el resto del país, porque se han hecho unos trabajos importantes en el proceso de aprendizaje; es “volver a mi primaria”, como lo llamo yo; volver a las competencias básicas; hacer un refuerzo específico para que los niños de primaria efectivamente aprendan a leer, escribir y aprendan matemáticas cuando corresponde; hacer un trabajo remedial del impacto de la pandemia y hacer nivelaciones en las áreas fundamentales, volver a aprender a leer y a escribir literalmente.
En la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional, donde soy profesor, le hemos bajado a la tecnología, hemos vuelto a escribir a mano durante la clase, leemos textos en voz alta, incrementamos el debate sobre la bibliografía estudiada. ¿Ese es el camino?
Claro. Es una cosa que deberían estar haciendo en todos los colegios y universidades. Hay países, como Suecia y Uruguay, que han decidido eliminar la tecnología de las aulas y volver a la escritura a mano para recuperar el proceso cognitivo que tiene que ver con el hecho de que yo haga un grafismo específico e identifique desde mi cabeza qué es lo que estoy tratando de decir. El escribir inmediatamente en un computador o en un teléfono rompe con una competencia que es absolutamente necesaria para la capacidad de interpretar textos. Por eso vuelvo y digo: primero mi primaria. Volvamos a lo fundamental. Pero para esto hay que hacer un esfuerzo grande, liderado desde el nivel nacional, que le ayude a las entidades territoriales a implementar programas de mejoramiento. Bogotá lo puede hacer porque tiene recursos y un énfasis grande en el tema educativo con gente bastante competente para manejar el sector, pero Bogotá no es el país.
En las PISA, Bogotá tuvo un resultado superior al resto del país y en las pruebas Saber 11 diez puntos por encima.
Sin ser lo ideal, eso tiene que ver con un programa específico de tutorías de los últimos años y demuestra que hay una intencionalidad específica de la capital del país de ayudar a los jóvenes para que compensen lo que no aprendieron.
En Bogotá bajó la deserción escolar. ¿Cómo lo lograron?
Ha bajado muchísimo porque los colegios se han vuelto entornos protectores y porque ya tenemos cupos. Ahora tenemos colegios que pueden incluir a todos los niños, incluso los que tienen alguna deficiencia, sea por un tema cognitivo, o por ser inmigrante, o por estar en condición de desplazamiento por alguna razón. Tienen apoyos específicos.
Pero una cosa es inclusión y otra cosa es un aprendizaje de calidad. ¿Eso también está mejorando?
En Bogotá hay una intencionalidad específica de mejoramiento de la calidad. Hoy se puede implementar evaluación formativa y mirar, casi en tiempo real, si lo que está haciendo el programa efectivamente está logrando resultados. Antes esas metodologías no estaban tan bien diseñadas ni eran tan prácticas en su forma de evaluar. Uno tenía que esperar hasta las pruebas Saber para establecer si lo que se hizo funcionó, aunque eso ha tenido todo tipo de interrupciones desde el ICFES, desafortunadamente.
¿A qué se refiere con “interrupciones”? ¿El nivel nacional no tiene una buena conexión con Bogotá?
La forma como funciona el sistema educativo es completamente centralizada. El Ministerio de Educación hace la distribución de los recursos del Sistema General de Participaciones, los entrega a las ciudades y ellas los administran e implementan sus programas de mejoramiento. Pero el ministerio tiene otro rol muy grande, que es el fomento de la política pública específica y la responsabilidad de evaluar. Es lo que hace el ICFES y eso es lo que ha venido perdiendo una trayectoria, una trazabilidad, porque han dejado de hacer las pruebas estandarizadas que les daban información a las entidades territoriales para poder tomar decisiones de mejoramiento. Bogotá es muy atípica porque es de las pocas entidades territoriales del país que ha tenido recursos propios adicionales, pero puede trabajar muy articuladamente si el nivel nacional realmente tiene un interés en que los niños mejoren el aprendizaje.
¿Cómo hacer que esa inclusión con calidad llegue a lo rural?
Haciendo que la prioridad sea la población más vulnerable. Uno siempre tiene que pensar en la periferia. La educación debe llegar con todos los recursos a los sitios que se requieren, a dónde más se necesitan. Si uno pone al niño en el frente de la política pública, si uno se acuerda para quien trabaja todos los días, se puede hacer. Lo que pasa es que a los funcionarios públicos a veces se les olvida, porque hay tanto tema administrativo que da vueltas por ahí que se les olvida para quién trabajan.
Ahora vivimos la coyuntura del cambio de gobierno, una nueva ministra de Cultura, una nueva ministra de Educación, que plantean que hay que empezar por la Biblia y por el factor religioso católico. ¿Eso qué le dice a usted?
Todas las administraciones tienen siempre prioridades. La anterior se metió en este tema de educación superior y no fue muy exitosa. ¿Qué está pasando ahorita? Pues voy a darle el beneficio de la duda, pero mi recomendación principal sería hacerle un llamado a raíz de las pruebas PISA, porque es una oportunidad muy clara de concentrarnos en lo importante y lo realmente importante es que los niños aprendan y puedan desarrollar sus proyectos de vida. Frente a todo lo demás, pueden ser intereses específicos en el tema ideológico, el tema religioso, independientemente que yo esté de acuerdo con eso o no, lo importante es que la Constitución se esté respetando, así como los derechos de todos.

Profundicemos en el factor tecnología. Este año se han venido pronunciando personajes comprometidos con el desarrollo de la Inteligencia Artificial, advirtiendo que los riesgos globales son casi apocalípticos y frente a la educación son graves. ¿Eso es exagerado?
La tecnología ha tenido un impacto bueno y malo en el conocimiento. Desafortunadamente con lo que estamos viendo en PISA, más malo porque los niños viven frente a una pantalla. Ahora la IA es una amenaza para todo, pero también puede ser una gran oportunidad. Lo cierto es que ya está aquí y hay que entender cómo puede enriquecer el aprendizaje como un acompañamiento o un apoyo en el proceso sin romper el proceso de racionalización y de comprensión. Las instituciones educativas y los países deben implementar políticas educativas articuladas con la IA, pero sabiendo para qué sirve positivamente. Si cometemos el mismo error que con la tecnología, que fue “ahí está, miren a ver qué hacen”, el futuro puede ser bastante incierto en el proceso educativo.
El magnate Bill Gates acaba de publicar un ensayo titulado “La turbulenta era de la IA” en el que advierte que las decisiones que tomemos ahora son cruciales y pide implantar en cada país sistemas regulatorios. ¿Qué tipo de regulación de la IA imagina frente a la educación?
Ese llamado de Bill Gates tiene que ver con lo que está pasando con las redes sociales porque terminaron generando vicios en los adultos y en los jóvenes. Vemos el juicio contra Meta en California donde reconocieron que sí usaron metodologías para enviciar a los usuarios de las redes sociales. En el caso de la IA, el interés de los creadores, productores y desarrolladores va a ser que la usemos cada vez más, independientemente de cuáles sean las consecuencias para los humanos, para los jóvenes y para el proceso educativo. Hay que regular es al productor, no al consumidor. Las prohibiciones lo único que logran es que los jóvenes hagan más cosas por debajo, el efecto contrario. Lo bueno es que algunos directivos de todas estas compañías de IA están haciéndose un autollamado diciendo: aquí tenemos que frenarnos todos un poco y, sobre todo, tenemos que tener los controles de seguridad que corresponden. Para la educación el tema de la seguridad de la información a la que se accede es vital para que el usuario no termine como un estúpido al final del día. Esa regulación debe revisar cómo los proveedores ofrecen los servicios a adultos y niños.
¿Cómo se imagina esas regulaciones en el aula de clase?
Sobre todo en primaria y en secundaria, no debería haber ningún tipo de tecnología. Solamente para tareas específicas que el profesor muestre en tableros interactivos. Es usar la tecnología sin satanizarla, sabiendo que las nuevas generaciones son digitales. En el caso de la IA el profesor debe motivar inquietudes al respecto, no simplemente decirles vayan e investiguen, sin ningún direccionamiento. El reto para los profesores es grande, sabiendo que hay que reconocer la existencia de herramientas que hacen la labor más fácil por la cantidad de acceso a información. Tenemos que ayudar a los niños y a los jóvenes a poder interpretarla, analizarla y cuestionarla.
Usted fue gerente de Educación de la Fundación Compartir, donde hicieron un estudio en busca de la excelencia docente. ¿Lo pueden actualizar?
Mi paso por el sector público me dejó claro de que no puede haber mejoramiento educativo si no cambia la carrera docente, pero primero hay que reformar la política pública. Por ejemplo, el gobierno nacional no ha cambiado la ley de transferencias. Los recursos se asignan por niño atendido, ahora con muchos menos estudiantes, porque nacen muchos menos niños, las entidades territoriales no pueden cubrir los costos solamente con los matriculados. La diferencia termina pagándola la entidad territorial y eso hace el sistema completamente ineficiente. Es una reforma que toca hacer y es urgente. En cuanto a la excelencia docente, con varios investigadores hemos pensado buscar recursos para hacer una actualización de ese estudio que usted cita, porque el estatuto y la carrera docente tienen que cambiar. Ya tenemos más de 25 años con ese estatuto. Fue supremamente útil para organizar el sector, logró cosas muy buenas, pero ya está absolutamente estancado.
¿Por qué?
Porque los profesores no tienen motivaciones. Usted entra al sector público de la docencia, se gana un concurso, hace una evaluación de un año y se queda ahí de por vida. No importa si es bueno o malo o regular, ahí se queda. Además, tampoco se puede transferir a ningún sitio. Esto no es un ataque a los docentes. Ellos mismos estarían encantados de tener un sistema que los motivara, que los promoviera, que les diera reconocimientos y que cuando se cansen, que es algo normal, puedan tener oportunidad de hacer cosas diferentes y no les toque quedarse 45 años en un colegio. Si nosotros no hacemos una reforma real a esa carrera, la capacidad de mejoramiento educativo está llegando a su límite porque es un sistema ineficiente.
Se sabe que cada vez nacen menos niños y el DANE también advierte del acelerado envejecimiento de la población. ¿De aquí a 20 años el escenario será de cierre de escuelas, colegios y universidades por falta de estudiantes?
Ese fenómeno para el país y para el mundo no es bueno, pues todos sabemos que necesitamos jóvenes para mantener a los adultos, pero para el sector educativo es maravilloso. Maravilloso porque entre menos niños y con los mismos recursos, se supone que vamos a tener, en teoría, más eficiencia y mejores capacidades para poder enseñar. Pero eso me devuelve al tema tanto de las transferencias como del estatuto docente. Si nosotros no nos preparamos desde ya para establecer una carrera docente más flexible y unas transferencias económicas de la Nación que realmente respondan a las necesidades, pues todo esto se nos va a venir encima. Lo que vamos a tener es una crisis terrible con instituciones llenas de profesores y sin niños.
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elsy(cww3c)•Hace 5 horasNecesitamos una ministra de educación como Isabel Segovia…
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OMAR RAUL(26993)•20 de septiembre de 2026 – 15:24Dos situaciones por agregar : las limitaciones del Mineducacion para liderar una verdadera política de mejoramiento de la calidad con las regiones. Pasaron 25 años sin revisar ni actualizar lineamientos curriculares y estándares de competencias. Y no podía faltar el agravante presupuestal, puesto que los escasos recursos del SGP destinados teóricamente para trabajar la calidad, los rectores se ven obligados a invertirlos en arreglo de baños y en reparaciones locativas.