El terremoto del 10 de agosto de 2026 afectó a 471 municipios del territorio nacional, se reportaron 314 personas fallecidas, 4.438 personas heridas y 364 personas rescatadas, de acuerdo con el Decreto 1261 del 19 de agosto de 2026 de la Presidencia de la República. Según los considerandos del mismo decreto las afectaciones no solo se dieron sobre la vida y el bienestar de las personas que habitan esos municipios, sino que, además, se reportaron 30.664 viviendas destruidas, 136.946 viviendas averiadas, 352 centros de salud y 3.470 centros educativos afectados.
Es justamente de la afectación de los centros educativos y el acceso al derecho a la educación de las y los estudiantes y lo que la evidencia nos ha enseñado.
Desde la Oficina de Gestión de Proyectos de Investigación del Icfes en 2023 logramos documentar la magnitud de los efectos negativos que el acceso al colegio de manera virtual tuvo en los estudiantes durante la pandemia. Los resultados los publicamos en el artículo “Impacto del retorno progresivo a los colegios en el desempeño de los estudiantes de educación media: un estudio pospandemia en Colombia” de la Revista Desarrollo y Sociedad.
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Para medir la magnitud de los efectos utilizamos el regreso escalonado o progresivo de los estudiantes a los colegios entre 2021 y 2022, comparando los resultados del desempeño académico en el examen Saber 11° de 429.544 estudiantes de la cohorte de 2021 y los 424.163 de la cohorte de 2022.
Encontramos que al comparar el rendimiento académico en el Saber 11° entre los estudiantes que tuvieron clases presenciales, aunque solo fuera por unos días a la semana, con aquellos que permanecieron en clases virtuales, aumentaron su rendimiento en 3.47 puntos en 2021 y en 1.24 en 2022. Esta mejora en el rendimiento se mantuvo en todas las cinco pruebas que se evalúan en Saber 11°: en matemáticas, el puntaje aumentó 0.83; en sociales, 0.78; en lectura crítica, 0.64; en inglés, 0.57, y en ciencias, 0.57.
Lo más importante de todo esto es que la presencialidad tiene un efecto positivo en el rendimiento educativo de los estudiantes, incluso cuando no se da todos los días de la semana. De hecho, encontramos que en todos los quintiles la intensidad de alternancia tuvo un efecto positivo que varía entre el 1.2 y los 2.6 puntos en Saber 11°. Es decir, que lo importante en términos de desempeño escolar es que se mantengan las clases presenciales, aunque no se pueda todos los días de la semana.
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Ahora bien, el impacto de la virtualidad no afectó a todos los estudiantes por igual. Durante la pandemia, los más afectados fueron los estudiantes de colegios rurales y oficiales. Encontramos que para el 2022 en los colegios privados y urbanos ya no existía una diferencia estadísticamente significativa entre los estudiantes que habían tenido clases presenciales y los que estuvieron 100 % virtuales. Los estudiantes que recibieron clases virtuales la totalidad del tiempo alcanzaron el mismo rendimiento académico de aquellos que mantuvieron clases presenciales o que retornaron a la presencialidad más pronto, es decir que, al paso de un año, el rezago desapareció.
En cambio, en el caso de los estudiantes de colegios oficiales y rurales esa brecha en el desempeño escolar persistió incluso un año después de que se diera el retorno a las aulas. O sea que los estudiantes de los colegios que se mantuvieron en la virtualidad no lograron recuperar el terreno perdido pasado un año.
Resulta importante resaltar que las estrategias de enseñanza utilizadas en los colegios como guías, llamadas, plataformas y programas de radio sí ayudaron en el desempeño escolar; sin embargo, no reemplazaron las clases presenciales. De hecho, los colegios con más estrategias virtuales redujeron la brecha, pero no lograron cerrarla.
En ese sentido, es importante resaltar que en los momentos en los que definitivamente se deben interrumpir las clases, como sucedió en la pandemia por el Covid-19 o en este caso en las instituciones educativas afectadas o destruidas por el terremoto, es fundamental que se priorice de alguna forma las clases presenciales, aunque esta sea de manera parcial.
Como lo documentamos, mantener algún tipo de presencialidad en los colegios es lo más beneficioso para los estudiantes desde el punto de vista del desempeño académico. De hecho, si fuera necesario priorizar una sola área para la implementación de clases presenciales, a pesar de las dificultades, debería ser en las de matemáticas, debido a que es el área más sensible a la falta de presencialidad, pues exige una mayor interacción y retroalimentación en tiempo real, lo cual ya fue documentado en 2008 por Rakoczy y otros.
También es fundamental que, al focalizar la distribución de los recursos en el sector oficial, a los colegios rurales y oficiales les costó más cerrar la brecha de desempeño académico después de la pandemia y, por tanto, requieren una mayor atención y apoyo por parte de quienes diseñan las políticas.
Finalmente, reconocemos que en las zonas rurales la alternancia es más difícil de implementar por limitaciones de infraestructura y de logística. Sin embargo, en este punto es fundamental que se reconozca la experiencia y las estrategias pedagógicas que docentes y directivos docentes tomaron durante la pandemia con el fin de que se puedan diseñar las respuestas más idóneas.
Dichas estrategias no deben seguir una fórmula única para todos los colegios, deben contar con cierta flexibilidad de acuerdo con el contexto en el que se aplican, deben ser monitoreadas y adaptadas según las necesidades de los estudiantes.
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