Ya se contaban los días para recordar a Mario Vargas Llosa por el primer año de su muerte, que sucedió el 13 de abril de 2025, y faltando unas cuantas semanas, Perú, y en general el continente, vuelve a llorar la partida de uno de los grandes autores de nuestra literatura: Alfredo Bryce Echenique, que partió ayer, 10 de marzo, a sus 87 años. “Estaba un poco mal, pero se ha ido bastante en paz”, dijo el escritor y amigo del autor limeño, Jorge Eduardo Benavides.
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Alfredo Bryce Echenique, nombre que se escribe en los mismos renglones de otros autores peruanos como Mario Vargas Llosa, José María Arguedas o Julio Ramón Ribeyro, edificó su obra literaria entre algunos privilegios provenientes de la cuna de una familia banquera, pero también en la búsqueda de su propia voz, sus propios paso, vacíos y experiencias.
Tras haber estudiado Derecho y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde también hizo un doctorado en Letras, y de haber vivido unos años en Estados Unidos en la década de 1970, hacia mediados de los 80’s se fue a vivir a Europa. España y Francia fueron los países en los que residió hasta que en 1999 volvió a Perú de lo que él llamó un “exilio voluntario”.
Hablar de Francia y España no es meramente un recurso biográfico, pues varios de los personajes de sus novelas estuvieron situados allí. Además, Ramón Ribeyro fue quien lo recibió en Europa a su llegada y el que, según cuenta El País, le dio el nombre a Huerto cerrado, su primer libro publicado, de cuentos, en 1968. De aquí otro dato no menor, pues el mismo Bryce Echenique aseguró que escribía para que sus amigos lo quisieran, haciendo de la amistad un concepto central de su narrativa.
Además de los amigos, el amor también fue central para su vida y obra, que aunque se escriben entre una disyunción, terminan siendo un todo. Estando en París se casó con Margarita (Maggie) Revilla, y a pesar de que su matrimonio duró poco -Bryce Echenique tuvo tres relaciones más adelante-, fue ella la que motivó en buena medida su camino como escritor.
En ese mismo año, en París, fue testigo del famoso Mayo del 68, y allí se topó, entre otros, con Julio Cortázar, a quien consideró como un autor clave para su escritura cuentística. En diálogo con el portal La Tercera, de Chile, el peruano contó: “Recuerdo una protesta contra la guerra de Vietnam con Sartre y Vargas Llosa. Yo estaba en el público y de repente vi a Julio Cortázar, cuyos cuentos me habían fascinado. No me acerqué a saludarlo. En parte por estupidez, y para qué. Lo importante no era conocerlo sino leerlo. Sentía que yo escribía atado al sujeto, verbo y predicado. Julio era todo lo opuesto. Sus cuentos me liberaron”.
La nostalgia, el exilio, el humor, el amor ya mencionado, la vida privada y las clases sociales son conceptos que se pueden rastrear en su obra literaria. Un mundo para Julius, La vida exagerada de Martín Romaña, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz o No me esperen en abril son algunos de los libros que a grandes rasgos están atravesados por estos temas y que componen su legado en la narrativa latinoamericana. De todos esos, el autor peruano dijo que posiblemente los libros que sobrevivirían en el tiempo, reconociendo que le habría gustado que fueran todos, estarían “entre Julius y Martín Romaña”.
Fue Un mundo para Julius el libro con el que debutó en la literatura. Un niño que desde su inocencia y ternura describe lo que ocurre en la clase alta peruana es la historia de esta obra que, en palabras de García Márquez, se definió así: “Por la inteligencia de su factura, la ciencia de su lenguaje, la mezcla sutil de ironía, nostalgia y humor, y la aguda visión de lo real que conforman su esencia, este libro de Bryce Echenique es una de las mejores novelas escritas por un autor latinoamericano”.
La política no le fue ajena. Por ella, de hecho, tuvo diferencias con autores de su época. En una entrevista para el diario El Comercio, Bryce Echenique contó que intentó huirle a los señalamientos por ser una persona cercana a la izquierda. “En realidad, hice muy poco caso a esas críticas. Siempre he considerado que mi vida podía tomarse como una aventura, y estar con Fidel me permitía estar con García Márquez, que era lo que más me interesaba. Así pude ver cosas increíbles, como fue el encuentro de Fidel Castro con la Madre Teresa de Calcuta. García Márquez me decía: ‘A mí no me motiva esa monja, anda tú en mi lugar’, y yo fui. Y vi el pleito entre esos dos seres inefables, Fidel y la monja. Él le decía: “Madre, usted es una revolucionaria”, y ella respondía: ‘No. ¡Todo lo hago por amor a Dios!’. Y después de insistirle, Fidel voltea y me dice: ‘Es la primera vez que me visita una santa’. Él lo arreglaba todo a su favor [ríe]”.
“Lamentamos profundamente la partida del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, una de las voces más representativas de la literatura peruana contemporánea. Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores”, escribió en la cuenta de X la agencia gubernamental Casa de la Literatura Peruana.
La partida de Bryce Echenique va dejando cada vez más desolado el panorama de los autores que le dieron otro rostro y otra narrativa a América Latina durante el siglo XX.
Los días pasan y si bien hay otras generaciones que se han encargado de contarnos y de señalar con sus letras nuestra condición como sociedad y como seres humanos, los nombres de la literatura que realzó al continente cada vez se van quedando más cortos.
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