
El escritor y cineasta Andrés Caicedo "nació con la muerte adentro". Eso le dijo a su madre. También le dijo que no estaba hecho para vivir más tiempo. Ambas cosas las escribió en una carta con fecha de 1975, que le dejó antes de suicidarse con 60 pastillas de secobarbital. Tenía 25 años, una melancolía que parecía infinita y una obra que lo llevó a destacar en la literatura de los años 70.
En la biografía de Caicedo que aparece en la Enciclopedia del Banco de la República se describe al escritor como un genio, "de esos pocos que hizo lo que predicó (…) Para él estaba primero la acción y después la reflexión; eso hizo que produjera a una marcha vertiginosa, hasta el punto en que él como persona casi no existía, porque era más grande su obra. Sus críticos lo han visto como un desarraigado, un desadaptado o un ser trágico, pero más allá de la mirada superficial, estaba el artista afanado por vivir intensamente".
Esta semana, cuando se cumplieron 75 años de su natalicio, ese legado, presente en novelas como ¡Que viva la música! —su obra cumbre— fue recordado y defendido por cientos de colombianos. Entre ellos, un grupo de estudiantes de la Maestría en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo que presentó un derecho de petición por un video publicado en la cuenta oficial del Instituto en X, en el que su director, Sergio Vélez, se refirió a Caicedo desde su muerte, su rebeldía y su relación con las drogas.
En la publicación, el director dijo que Caicedo fue "consumido por sus propios demonios, atrapado en el laberinto de las drogas y devorado por una rebeldía extrema en la que no encontró dónde apoyarse". También afirmó que "el rechazo absoluto a las normas y a la institucionalidad terminó convirtiéndose en una trampa mortal".
Los estudiantes cuestionaron esa lectura. En el documento señalaron que el mensaje de Vélez "se dirige a juzgar críticamente la vida y la obra del escritor" y preguntaron cuál fue el propósito editorial y conmemorativo del video, quiénes participaron en su preparación y aprobación y por qué se eligió ese enfoque como eje de la conmemoración. También pidieron conocer las fuentes primarias y los estudios críticos que sustentan las afirmaciones sobre la vida de Caicedo y solicitaron que el Instituto distinga entre los hechos verificables, las interpretaciones y los juicios de valor que aparecen en el video.
Entre las preguntas está también si la interpretación sobre la obra y la vida de Caicedo expresa una posición institucional del Instituto Caro y Cuervo, una lectura del director o ambas. Los estudiantes preguntaron, además, "¿Qué aspectos propiamente literarios recomienda el Instituto examinar sobre la obra de Andrés Caicedo, por ejemplo, la voz narrativa, la estructura, el lenguaje, los géneros, la representación de Cali y de la juventud, o las relaciones entre literatura y cine? ¿Cómo se conecta ese análisis con las conclusiones críticas incluidas en el video conmemorativo?".
El derecho de petición también pidió respuestas sobre cuál es la posición del Instituto frente a la obra y el legado de Caicedo en la literatura colombiana, qué recursos de consulta sobre el escritor están disponibles en sus bibliotecas y colecciones y si están previstas actividades o contenidos para acercarse a su obra desde distintas perspectivas.
"¿Cuenta el Instituto con criterios o lineamientos para conmemorar autores y autoras desde sus cuentas oficiales y para distinguir la voz del director de la posición institucional?", se lee al final del documento.
Una vida hecha de letras, teatro y cine
A los cinco años, a Andrés Caicedo ya se le había despertado una curiosidad por los libros y las palabras. De ahí en adelante, el arte y la literatura fueron el idioma con el que se intentó explicar a sí mismo.
"La producción intelectual de Andrés Caicedo empezó desde los 9 años", describe la red cultural del Banco de la República. Para finales de los sesenta, cuando aún no cumplía los 20, ya se conocían sus primeras piezas de teatro; había adaptado Moby Dick a la escena y sus cuentos aparecían en los suplementos dominicales de los periódicos de Cali.
Nació en 1951 en Cali. Según reseñó Señal Colombia: "Siempre fue curioso y absorbía cada cosa con devoción infinita: cualidades que coincidieron con una de las épocas de mayor efervescencia cultural, no sólo en Colombia, sino en el mundo entero".
Fundó y dirigió, junto con Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero y Luis Ospina, entre otros, el Cine-club Cali que se realizó primero en la sala del Teatro Experimental de Cali (TEC), después en el Teatro Alameda, y finalmente en el San Fernando. En diarios como El Diario de Occidente y El Pueblo, de Cali, en 1972, escribía y consignaba su experiencia como espectador de las películas que veía. Para 1974 comenzó a publicar la revista Ojo al Cine, aunque solo logró editar cinco ediciones de esta.
"Caicedo era un trabajador compulsivo. Por sus diarios observamos que sus horarios eran estrictos en lo que tenía que ver con lecturas, montajes teatrales y escritura", detalló el Banco de la República.
Escribió los relatos "Por eso yo regreso a mi ciudad", "Vacío", "Los mensajeros", "Besacalles", "De arriba abajo de izquierda a derecha", "El espectador", "Felices amistades", y "¿Lulita que no quiere abrir la puerta?". Sin embargo, algunas de sus primeras incursiones en la literatura se dieron en 1966 con "Las curiosas conciencias" e "Infección". Para 1969, trabajó en el Teatro Experimental de Cali (TEC) y fue actor en la obra Seis horas en la vida de Frank Kulak.
En 1972 intentó adaptar, sin éxito, "Angelita y Miguel Ángel" junto con Carlos Mayolo.
"En 1974 viajó a Estados Unidos con cuatro guiones de largometraje escritos por él y dispuesto a vendérselos a Roger Corman, director que admiraba profundamente; sin embargo, aunque traducidos por su hermana, los guiones nunca llegaron a manos de Corman", detalló el Banco de la República y regresó a Colombia en 1975.
Durante 1974, escribió la que él consideraba su "mejor obra": "Maternidad". En el mismo periodo de tiempo se publicó la primera edición de Ojo al Cine; dos años más tarde, en 1976, se publicaron la tercera, cuarta y quinta ediciones.
El 4 de marzo de 1977, Caicedo recibió un ejemplar de su novela "¡Qué viva la música!" y, ese mismo día, falleció tras ingerir 60 pastillas de Sercobarbital.
Alberto Fuguet dijo sobre él: "Caicedo es el eslabón perdido del boom. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd superatormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado".
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Juan felipe(82042)•Hace 1 horaLa verdad en mi condición de bruto; creo q no es tan genio.
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spook(ix0ip)•Hace 2 horasAhora que sabemos que estaba enlazado con la familia de la bruja cabal….. puede com3r much4 mi3rd4