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Así será el Macondo de la segunda temporada de la serie “Cien años de soledad”

Muy pronto estará disponible la segunda temporada de esta adaptación televisiva de Netflix, que se ha convertido en uno de los proyectos audiovisuales más ambiciosos de Latinoamérica. El Espectador recorrió el set donde se le dará fin a esta historia y conoció de primera mano todos los detalles que se tuvieron en cuenta para su construcción.

Santiago Gómez Cubillos

20 de julio de 2026 - 08:07 a. m.
El set de la segunda temporada contó con 18 nuevos espacios de grabación y dos calles adicionales al de la primera.
Foto: Netflix
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Después de casi dos años buscando el mar por los caminos de la sierra, José Arcadio Buendía soñó con una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo que se levantaba a orillas del río. Convenció a sus hombres de que jamás llegarían a la playa y que, más bien, debían empezar a derribar árboles para fundar su pueblo ahí mismo. Ahí nació Macondo. Pero, de esas veinte casas de barro y cañabrava donde crecieron las primeras generaciones de la familia Buendía ya no queda nada. La segunda temporada de la adaptación televisiva de ‘Cien años de soledad’, que llegará a Netflix el próximo 5 de agosto, traerá consigo un panorama muy distinto al de la primera, con un pueblo mucho más grande, más abierto al mundo, pero también cada vez más cerca de su inevitable destrucción.

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El Espectador estuvo presente en un recorrido que el equipo de producción de esta serie organizó por el set de más de 560.000 metros cuadrados que se construyó para el rodaje de esta segunda temporada. Durante la visita, se explicó que el trabajo incluyó 18 nuevos espacios de filmación, al igual que la apertura de dos calles nuevas. Este fue el cuarto Macondo que se hizo para la serie y será allí donde se contará la llegada de Fernanda del Carpio, la masacre de los 17 Aurelianos, las parrandas de Aureliano Segundo, los delirios exploratorios de José Arcadio Segundo y todos los demás episodios pendientes de la novela de Gabriel García Márquez.

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Ahora, esto supuso varios retos para el equipo. Uno de ellos fue el de lograr retratar el paso del tiempo, según explicó Bárbara Enríquez, la diseñadora de producción. “El Macondo de la segunda temporada ya tiene 50 años de historia. En el diseño estético de toda la serie, la idea era mostrar cómo el pueblo envejecía ante nuestros ojos. Aunque llegaran nuevas tecnologías, también entraría en decadencia, como cualquier pueblo”, contó. Esto quiere decir que no solo tuvieron que construir nuevos espacios, sino adaptar los existentes al punto en el que iba la narración.

Por otro lado, muchos de los espacios fueron creados para destruirse a medida que fuera avanzando la serie. “‘Cien años de soledad’ es la historia de un pueblo que nace y termina podrido. Esa descomposición profunda es parte esencial del relato y su destino inevitable. No significa que no pueda haber una recuperación en otro momento, pero dentro de la lógica narrativa, ese deterioro es el camino que plantea la novela”, continuó Enríquez. Desde el principio sabían que el trabajo que estaban haciendo allí tendría que desaparecer, bien sea invadido por la maleza, manchado con la sangre de los manifestantes de la compañía bananera o destruído por la inundación.

Sobre este último punto, por ejemplo, Enríquez precisó que la casa Buendía y la de Petra Cotes fueron diseñadas como piscinas que podrían inundarse durante el diluvio que se llevará consigo los animales criados por ella y Aureliano Segundo. Claro, todo esto después fue complementado con efectos visuales para aumentar la sensación de desastre, pero la idea de hacerlo también con agua real y en un escenario adaptado desde el principio para esa filmación obedecía a la filosofía con la que los creadores de la serie habían querido trabajar desde el principio. Para la diseñadora de producción, este fue uno de los grandes retos que trajo esta adaptación de “Cien años de soledad”, pero también uno de los puntos más importantes para garantizar la calidad del producto final.

“La pregunta que siempre surge con esto es: ¿por qué no hacerlo virtual? Ya casi no se construyen locaciones de grabación, pero la interacción humana en un lugar físico es muy importante. Hace del proceso algo mucho más rico, permite moverse mucho más fácilmente. Quienes vieron la primera parte saben que hay unos planos-secuencia larguísimos en los que los personajes entran y salen por puertas. Filmar eso digitalmente es muy difícil, si no imposible. En cambio, nosotros con este tipo de sets le damos libertad a los fotógrafos para moverse, descubrir cosas, hacer unos planos-secuencia espectaculares. Y eso solo lo da el set físico”, argumentó Enríquez.

Ahora bien, no sobra mencionar que la construcción de Macondo también requirió de un elevado nivel de atención al detalle, no solo en el estudio de la obra de García Márquez, sino también de la historia de Colombia de finales del siglo XIX y principios del XX. Esto debido a que la segunda temporada vendrá acompañada de algunos de los hitos tecnológicos de la época, como la llegada de la luz eléctrica al pueblo o la construcción del ferrocarril que traería consigo la fiebre del banano. Pero tal vez uno de los puntos más ilustrativos de esto lo explicó el departamento de vestuario, que se encargó de hacer que la ropa de cada uno fuera acorde a su personaje y al momento narrativo que se estaba representando.

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Una de las grandes adiciones de la segunda temporada de "Cien años de soledad" fue la construcción del ferrocarril y la estación del tren por la que llegará a Macondo la compañía bananera.
Foto: Netflix

Catherine Rodríguez, diseñadora de vestuario, explicó que su equipo tuvo que hacer una amplia búsqueda de material de archivo para dar con las telas y estilos que mejor se acoplaran a la historia. Eso sí, su prioridad siempre estuvo en las páginas de la novela. “Tengo dos asistentes de diseño que se encargan una de los extras y una del elenco principal, y están todo el tiempo con el dedo sobre la línea porque lo que llegaba al set tenía que ser exacto, entonces el equipo sí tiene mucho conocimiento de la obra, creo que a veces hasta obsesivo. Claro, en mi visión se pueden perder cosas porque algunas prendas podían ser muy calientes, por ejemplo, entonces ahí uno negocia con los actores”, precisó Rodríguez.

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De la misma manera, aclaró que el trabajo de su equipo también tuvo mucho que ver con la interpretación del texto, pues muchos de los detalles no están especificados en la novela. Por ejemplo, la diseñadora contó que, en un fragmento del libro, García Márquez escribió que Úrsula Iguarán, la primera matriarca de la familia Buendía, empezó a vestirse con “ropas juveniles”. Ante esto, debieron recurrir al repositorio de la Biblioteca Piloto de Medellín, donde encontraron unas fotografías de principios del siglo XX tomadas por Melitón Rodríguez de mujeres contemporáneas a Úrsula y vestidas a la moda del momento. El resultado fue una camisa de cuello alto con detalles bordados que Marleyda Soto usó durante el rodaje de esta segunda temporada.

Es cierto que, para quienes no cuentan con el entrenamiento de estos profesionales, este detalle podría pasar desapercibido. Sin embargo, es un ejemplo más de la minuciosidad con la que fue hecha esta adaptación y, para Laura Mora, una de las directoras de la serie y la encargada del gran final que se estrenará el próximo 26 de agosto, es allí donde realmente se pueden tender los puentes entre la literatura y la imagen. “Ahí está la clave: en esas pequeñas descripciones casi invisibles donde García Márquez menciona algo sobre una mesa o un gesto mínimo de un personaje. Es en esos lugares donde podemos tender un puente claro entre lo escrito y lo visual”, afirmó.

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Este ha sido un alto punto de debate desde que se anunció la adaptación de esta novela, pues incluso el autor se había negado a la posibilidad de hacerla y quienes fueron escépticos hasta el final se aferraron a la idea de que una representación visual jamás podría sustituir lo que ellos leyeron en las páginas de García Márquez. ¿La conclusión? Tenían razón. La serie de “Cien años de soledad” nunca quiso reemplazar a la obra original y, aun así, se realizó bajo la idea de darle una nueva mirada, un nuevo ángulo, a una de las más historias más icónicas de la literatura colombiana.

“Incluso la palabra ‘adaptar’ me parece problemática. Yo preferiría decir ‘interpretar’. Lo que hicimos fue una interpretación colectiva: un grupo de personas muy distintas, con ideas diversas sobre qué es y cómo se ve Macondo, que nos reunimos para construir acuerdos y encontrar un lenguaje común que nos permitiera darle forma a ese universo. No fue una adaptación en el sentido tradicional, sino una interpretación desde nuestras propias experiencias, miradas, referencias y sensibilidades”, afirmó Mora sobre este punto. Eso es lo que llegará muy pronto a la pantalla de Netflix.

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Cada vez se acerca más el final de la historia de la estirpe Buendía, el cumplimiento de la profecía de las encíclicas cantadas, el ciclón que habrá de arrasar con lo bueno, lo malo y lo poco que quede de Macondo. Sin embargo, siempre habrá quienes hagan que comience de nuevo, quienes la lean o la vean de nuevo. La llegada del fin de la adaptación de ‘Cien años de soledad’ no pondrá un punto final a las interpretaciones de esta obra. Más bien abrirá nuevas puertas para quienes quieran acercarse a ella.

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Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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