Un pelo en la boca marcó el comienzo de una historia de amor que Juliana Rodríguez Pabón quiso contar en 30 relatos. Bordado de pelo, el primer libro de esta autora bogotana, fue concebido como una antología de cuentos; sin embargo, su construcción dista mucho de otras obras que entran en esa categoría. Aquí, cada una de las piezas se puede leer de manera independiente, pero juntas forman parte de una gran trama que se teje a través de una misma voz. Son puntadas distintas de un solo tapiz.
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“Se me ocurrió escribir este libro cuando me di cuenta de que el tema podía ser el bordado”, afirmó Rodríguez en una conversación para El Espectador. Cuando le preguntamos cuál había sido la pasión que primero había invadido su vida y que, más tarde, daría origen a Bordado de pelo, nos contestó que no había sido la escritura ni el bordado, sino la lectura. “Decidí estudiar Literatura no porque tuviera alguna pretensión de ser escritora, sino porque me gustaba leer. Fue más adelante, cuando me tocó empezar a escribir en la carrera, que coincidieron estas dos pasiones y empecé a escribir sobre bordar”.
Los dos oficios tienen mucho en común. No es gratuito que texto y textil compartan una misma raíz etimológica o que las palabras que utilicemos para hablar de uno sean fácilmente intercambiables en una conversación sobre el otro. “Nos han enseñado que las historias tienen un inicio, un nudo y un desenlace, y eso conforma una trama, que también es lo que hace una persona que teje”, como expresó la autora. Ella misma se vio influenciada por esta relación cuando estaba pensando en la estructura que quería para Bordado de pelo.
“Leí una vez que las arañas tejen sus telarañas de afuera hacia adentro y cierran en el centro con un nudo. Quise hacer algo parecido, así que escribí el final y luego hice el ejercicio de escribir todos los cuentos que desembocarían allí. Fue un ejercicio que me llevó a que el tejido no fuera únicamente un tema, sino también la estructura, porque los cuentos hacen referencia unos a los otros, mas no como una línea, sino como una trama”, contó. Aunque también aclaró que parte de este ejercicio fue darse cuenta de en dónde estaban esos puntos de separación entre la escritura y el tejido.
El resultado fue una obra en la que la mayoría de los relatos están narrados por Juliana, una mujer que es tanto la autora como una ficción de ella misma. En ese juego, Rodríguez expuso parte de su vida, pero a través de la ficción, que funciona como una máscara. En “Sobre la pose”, uno de los cuentos de esta antología, quedó una frase que bien podría describir esta relación dual entre la Juliana que escribe y la escrita: “Para la interpretación de un personaje, un actor presta sus gestos: ríe, llora, se enoja. Nos deja ver cómo luce cuando está alegre, triste y enojado. Nos revela algo de sí al tiempo en que actúa como otro”.
“Llamar a la narradora Juliana y hablar de ella en tercera persona ya me hace autora de una mujer distinta a mí. Y ese juego de revelar y ocultar me llevó a exhibir, a veces descaradamente, mi sufrimiento, mi amor y mi deseo, pero a través de ella, que soy yo y a la vez es otra”, afirmó la autora. “Además, como es una ficción, la Juliana narradora no está comprometida con la verdad ni con la realidad y, a veces, ni siquiera con la verosimilitud. Ella solo se preocupa por la forma del relato, y eso hace que lo que el lector encuentre no sea una crónica de mi vida o mi diario íntimo, sino otra cosa”, agregó.
Justo ahí entra la otra parte que hay que considerar: el lector, con quien la narradora interactúa constantemente. Quien levanta este libro se descubre como un personaje más de sus páginas, a veces como cómplice, a veces como objeto de deseo. Para Rodríguez, inventar ese lector fue una de las partes más entretenidas de este proceso creativo. “Me divierte esa cercanía. Me encanta pensar en que quien tenga este libro se va a sonrojar cuando lea que nos estamos dando un beso, y ese es parte del humor con el que escribí el libro”.
A todo esto Rodríguez le sumó lo fantástico, que le permitió crear imágenes como el pelo que se enreda en la garganta, se vuelve nudo y luego nido. “La fantasía para mí es llevar un poco más allá cada situación, exagerarla para que también se extienda en la imaginación del lector”. Y lo legendario, que pobló su obra de personajes como Adán y Eva, del Génesis, o Filomena, Procne y Tereo, de Las metamorfosis, de Ovidio. Fue así como las dos Julianas fueron tejiendo Bordado de pelo con los hilos de la memoria, de lo fantástico y lo legendario que se encuentran en el centro de la telaraña: el cuento “Sutura”, donde entendemos que este libro es, sobre todo, una sola gran historia de amor.