El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

“Buenas Vibraciones”: una comedia que abre conversaciones sin profundizarlas (Opinión)

La película de la actriz y directora francesa Reem Kherici, “Buenas vibraciones”, actualmente se muestra en las carteleras de cine colombianas. Presentamos una reseña del filme.

Daniel Rojas Chía

19 de agosto de 2026 - 02:31 p. m.
La película "Buenas vibraciones" se estrenó en Francia en mayo de 2026.
Foto: Archivo Particular
PUBLICIDAD

Recientemente, la comedia francesa Buenas Vibraciones (Pour le plaisir), dirigida por la francesa Reem Kherici, se ha mostrado como una obra que busca conciliar entretenimiento ligero con una reivindicación cultural en favor de la visibilización del placer femenino.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

La película, protagonizada por Alexandra Lamy (Fanny) y François Cluzet (Tom), parte de una premisa sencilla: una mujer que le confiesa a su esposo, tras dos décadas de matrimonio, que nunca ha alcanzado un orgasmo, y despliega un relato que tambalea entre la sátira marital y la fábula empresarial inspirada en la invención del juguete sexual Womanizer.

El humor, más que un pretexto para contar la historia amablemente, se convierte en una especie de vehículo de emancipación, en donde Kherici apuesta por la comedia como estrategia discursiva, en lugar de abordar el tema desde la solemnidad o el drama innecesario o recurrir al humor físico hasta llegar al absurdo y a la caricatura de la vida conyugal.

Le sugerimos: María Belén Sáez será la nueva directora artística y ejecutiva del MAMBO

Esta forma, aunque arriesgada, permite que un asunto históricamente silenciado y al que, en ocasiones, se le ha dado la etiqueta de tabú en países profundamente machistas como el colombiano, se vuelva accesible para un público amplio. El humor, sin embargo, no siempre se sostiene con la misma eficacia y la cinta, en muchos momentos, pierde el ritmo. En algunos pasajes logra una frescura acertada, pero cae, muchas veces, en clichés televisivos.

La pareja protagonista se convierte en un laboratorio, mientras el matrimonio funciona como metáfora de la tensión entre la tradición y la modernidad. Ella representa la invisibilización del deseo femenino, pero cuando él pretende resolver el problema con un invento, las dinámicas entre ambos revelan tanto la fragilidad de los vínculos afectivos como la capacidad de reinventarse como pareja.

En este sentido, la película se unió a una genealogía de comedias francesas que exploran la crisis matrimonial desde La cena de los idiotas (1998) hasta Infieles anónimos (2012), pero con un matiz feminista al situar el placer de la mujer como motor narrativo e intención central del relato.

Le recomendamos: La Guerra Civil española a través de la muerte de Federico García Lorca

No ad for you

Querer reivindicar el placer femenino es el mayor mérito de Buenas Vibraciones al normalizar la conversación sobre el placer femenino desde el humor y como un gesto cultural que no debe subestimarse. Sin embargo, la película se queda en la superficie: evita profundizar en las implicaciones sociales y políticas del tema, y se conforma con una resolución amable que privilegia la reconciliación y el éxito empresarial. En este punto, la obra revela su carácter de producto comercial más que de manifiesto crítico que pretendía ser al principio.

Podría interesarle: León XIV anima a que la música sacra respete sensibilidad contemporánea y otras culturas

No ad for you

Buenas Vibraciones es una película que no alcanza la densidad crítica que su tema merece y solo habla desde el imaginario colectivo donde se propone la pregunta: ¿por qué el placer femenino sigue siendo un tabú?

La película de Kherici no ofrece respuestas contundentes, pero abre un espacio de conversación que, en el terreno de la comedia comercial, ya constituye un gesto político. Su valor reside menos en la perfección de su guion que en la posibilidad de que, entre risas y situaciones absurdas, el espectador se enfrente a la necesidad de repensar la intimidad y la igualdad en la pareja, pero solo se queda en la formulación de la pregunta, nunca propone ni la aborda desde ningún lugar con profundidad.

No ad for you

Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖

Por Daniel Rojas Chía

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.