
El Festival Internacional de Cine Infantil y Juvenil Calibélula celebra su décima edición entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre. Este evento fue creado con el objetivo de contribuir a la formación de públicos infantiles y juveniles y al fortalecimiento de la cultura cinematográfica y audiovisual en Colombia. En la Cinemateca La Tertulia se realizó la inauguración de esta edición, con la proyección del filme "Ben, un lémur en fuga", que contará con 130 películas nacionales e internacionales.
Además de la proyección de las películas, que en ediciones pasadas ha contado con 70.000 asistentes, el festival también realizará talleres para jóvenes y niños. Su directora, Patricia Patiño, habló para El Espectador sobre esta nueva edición.
¿Cómo nació el festival?
Calibélula nació porque se hizo una investigación por mi experiencia en el trabajo con los estudios de grabación Takeshima durante más de 15 años y también como comunicadora social. Si bien en Colombia existían para esa época aproximadamente 150 festivales de cine, muy pocos estaban dirigidos a la infancia y a la adolescencia. Durante tres años manejé el Festival de Cine de Cali y Luis Ospina, cuando salí de Takeshima, me dijo: "¿Por qué no montas un festival de cine para niños y adolescentes?" Me sonó la idea, pero no la veía viable porque me parecía muy compleja. Sin embargo, me animé tres meses después y se concretó este sueño. Aunque los otros festivales tienen secciones dirigidas a la infancia, ninguno estaba exclusivamente dirigido a esta población. La respuesta ha sido muy positiva y hemos logrado impactar a muchas comunidades, especialmente a las instituciones educativas públicas. Hemos visto crecer a muchos chicos alrededor del cine, del trabajo audiovisual. No solo hacemos exhibición, circulación, sino que hacemos procesos formativos.
¿Qué películas traen para este año?
Ha sido una curaduría bastante interesante e importante. La inaugural, "Ben, un lémur en fuga", es mexicana y muy especial, dirigida por Leopoldo Aguilar. Él contaba que creó la película con el objetivo de sensibilizar al público sobre la necesidad de conservar y proteger la diversidad animal. Además, esperaba incentivar en los niños el amor por el cine y esos principios y valores que son tan necesarios en este momento. Otra película destacada es "Soy Múcura", de Nina Marín. Esta es su segunda película y explora cómo una niña con discapacidad auditiva lucha por su sueño de ser bailarina y acercarse al bullerengue. Tendremos, además, obras realizadas por niños y otras películas que provienen de México y Argentina, entre otros países.
¿Cómo hacen el proceso de curaduría?
Nosotros hacemos una convocatoria desde el primer trimestre del año. Llegan cortos y películas de todo el mundo y hacemos esa curaduría con un equipo muy consolidado dentro del festival, además de algunos cineastas y productores. Se hace una preselección de lo que va a circular en el festival y, al final, los jurados son los niños y adolescentes que vieron todas las obras que se seleccionaron y se les da una puntuación de acuerdo con su técnica, guion, la historia que narran y todo lo que debe tenerse en cuenta a la hora de relatar una historia. Tenemos categorías de animación, cortometrajes realizados por adultos, cortometrajes realizados por niños, largometraje nacional, largometraje internacional, cortometraje nacional y cortometraje internacional. Aquí también participan quienes han hecho parte de los talleres Calibélula en las aulas, que son procesos formativos de varios años.
A partir de la experiencia con el festival, ¿cómo ven el panorama de la animación y el cine infantil?
Calibélula tiene alrededor de 25 cortos realizados por niños y adolescentes a través de los procesos formativos que hemos desarrollado durante los últimos cinco años. Por otro lado, afortunadamente, ha habido una mayor producción de contenido para infancias que resulta de las convocatorias del Mintic. Es importante, aunque muy difícil, tener largometrajes latinoamericanos para la infancia y adolescencia. A pesar de que hemos visto que, a partir de estímulos y convocatorias, ha crecido la motivación para crear este tipo de cine, sigue siendo insuficiente. Conseguir películas que abran y cierren festivales no es fácil porque generalmente no se piensa ni en niños ni en adolescentes a la hora de producir. Considero que en estos 10 años hemos visto una producción mucho más alta y siempre estamos en búsqueda de nuevas obras.
¿Cuál es la importancia de que este tipo de cine siga vivo?
La animación es importante porque, definitivamente, no solo entretiene, sino que se convierte en una herramienta de aprendizaje, de imaginación, de expresión y construcción de identidad. Nosotros tenemos espacios no solo para la exhibición, sino también para incentivar a nuevos productores y cineastas a realizar este tipo de obras, tanto de ficción como de animación, para que conozcan los requisitos y elementos que deben tener en cuenta para narrar este tipo de historias. El cine de animación ayuda a comprender emociones y eso es lo que nosotros buscamos.
¿Hay alguna anécdota que rescataría de estos 10 años?
Creo que lo más importante es que hemos logrado cumplir 10 años; ese es un reto gigante. Para hacer un festival de este tipo hay que tener mucho amor y mucha pasión, saber que uno va a dedicar horas enteras de trabajo y ¿a cambio de qué? De una sonrisa, de que en un colegio se haya implementado el aprendizaje audiovisual a raíz del trabajo que realizamos con los talleres… Tenemos, por ejemplo, dos colegios del Cauca, de comunidades indígenas, en donde hemos visto la evolución en la creación de sus obras y cómo los niños, cuando les preguntan qué quieren ser de grandes, responden: cineasta. Lo más difícil es garantizar los recursos para hacer este tipo de festivales.
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