A pocos meses de que se inaugure la sexagésima primera edición de la Bienal de Venecia, uno de los eventos artísticos más importantes a nivel mundial, ha surgido una polémica por la aparición de Rusia en la lista de países invitados. Según confirmó a principios de mes el delegado cultural de Vladimir Putin, Mikhail Shvydkoy, participarán este año con una muestra de danza folklórica y música.
Ante el anuncio, varios miembros de la comunidad artística nacional italiana e internacional expresaron su descontento por la inclusión de la Federación Rusa e incluso la Unión Europea amenazó con retirar su financiación del evento por esta decisión del comité organizador que fue condenada “enérgicamente”.
Ante la situación, el alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro, dio unas declaraciones a la prensa italiana en las que aseguró que la inclusión de este pabellón en esta edición de la Bienal de Venecia cumplirá con todos los estándares del comité organizador de ser un espacio abierto a todas las expresiones artísticas y no un instrumento de propaganda política.
“Si el gobierno ruso fuese a incluir propaganda, nosotros seríamos los primeros en cerrar su pabellón”, afirmó Brugnaro durante una rueda de prensa por la presentación del pabellón central de la Bienal.
Allí mismo, defendió la decisión de permitir la entrada de Rusia en este evento a pesar de no estar de acuerdo con la guerra que este país libra contra Ucrania desde febrero de 2022. “Rusia, como estado invasor de Ucrania, es un problema, pero el pueblo ruso no. Soy proucrania, todo el mundo lo sabe, he hermanado a Venecia con Odesa. (Pero), debemos trabajar para asegurarnos de que cultura no sea censura”, concluyó.
Mientras tanto, el ministro de Cultura de Italia, Alessandro Giuli, ha pedido la documentación completa de los planes para el pabellón ruso y pidió la renuncia de su delegada en la organización del evento, Tamara Gregoretti. Sin embargo, hasta el momento la decisión de incluir a la Federación Rusa en esta edición de la Bienal de Venecia se mantiene en firme.