No es especulación. El mismo Christopher Nolan dijo en una entrevista sobre La Odisea que esa era una historia que había estado contando durante años en todas sus películas. En una mirada rápida, podría decirse que se trata de la figura del héroe, que sí, pero también es la exploración del tiempo y de algo mucho más pesado para la condición humana: la culpa.
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Con La Odisea, Nolan hace una especie de regresión. Acudir a una de las historias fundacionales de la literatura Occidental, a uno de los orígenes de una estructura que se ha repetido y se seguirá repitiendo a través de los tiempos era el suceso necesario para darle un sentido a todo lo que se ha preguntado y ha explorado el cineasta británico a lo largo y ancho de su obra cinematográfica.
De Memento a La Odisea: una pregunta por el tiempo vivido
Quizá sea necesario empezar diciendo que con su más reciente película, Nolan consagra las ideas que han atravesado sus películas. En el caso de la pregunta por el tiempo, más que como dimensión, es una pregunta por la forma en la que se vive la duración en la que ubica a sus personajes.
En el caso de Odiseo, el lapso de 10 años que tarda para volver a Ítaca es la consagración de esa pregunta. Y nada mejor que el poema de Constatino Kavafis para explicar este punto: “Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, / Ítaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas”.
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No es lo que duró en volver, sino lo que vivió para lograrlo. Y esa experiencia de padecer el tiempo, de enfrentarse a todo lo que él le presenta, es parte de esa configuración del héroe que ha querido hacer Nolan, porque más que la exaltación de una figura épica y gloriosa, lo que hace el director es deconstruir a ese personaje y mostrar que ser ese mito o leyenda pasa, más que por las virtudes, por los sacrificios o dolores que carga consigo y que lo acompañan en su aventura.
Le sucede a Leonard Shelby en Memento, a Cooper en Interstellar, a Bruce Wayne en Batman, a Dom Cobb en El origen, a Farrier en Dunkerque y a Oppenheimer en la película que lleva el mismo nombre. Todos estos protagonistas, al igual que Odiseo, en el transcurso de sus misiones y obras, se enfrentan a sus vacíos y a sus culpas, elementos que terminan pesando incluso más que las victorias alcanzadas en sus historias.
La identidad, el “yo” y la figura del héroe perdido en Nolan
Si hay una pregunta base en la filosofía esa es la de preguntarnos quiénes somos, que en otras palabras se traduce a la importancia de reconocer y comprender nuestra identidad.
El viaje del héroe, estructura que precisamente nace con la obra de Homero, ha sido explorada por Nolan en varias películas. Ahora bien, más que cumplir con cada uno de los 12 pasos que componen esta teoría, Nolan parece obsesionarse con las peripecias y los sucesos que marcan el quiebre de sus personajes.
En varias de sus películas, el argumento está atravesado por la crisis existencial e individual de sus personajes principales. Ya sea por la pérdida de la memoria como en Memento, el conflicto entre la realidad y la imaginación como en El Origen, o el cuestionamiento por su figura, su alcance y su impacto, como en Batman o en Oppenheimer. En todas estas cintas, el argumento llega a su núcleo cuando sus personajes deben reconstruir ese “yo” y atravesar la angustia y el absurdo de derrumbar la figura que habían construido sobre ellos mismos y que el mundo les otorgo por sus acciones.
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En La Odisea, nuevamente los argumentos de Nolan llegan a su cumbre. Desmenuzar al héroe y mostrarlo como un héroe perdido en su grandeza y en su historia es también la forma de humanizarlo y aterrizarlo a nuestra condición, de poner sobre la mesa las emociones y los dilemas que dan sentido a nuestras historias y, precisamente, a nuestra identidad.
“Esta historia siempre estuvo como un referente narrativo en mi mente porque trata sobre un hombre roto tratando de encontrar quién era antes de la guerra, antes de la culpa, antes de perderse a sí mismo”, dijo Nolan en entrevista para Diners sobre La Odisea.
Entre la responsabilidad y la culpa del héroe
Aunque no es de Nolan, sirve acudir al universo de Spider man y citar la frase que aparece en varias películas de este héroe contemporáneo: “Todo poder conlleva una gran responsabilidad”, y esta idea, que halla su origen incluso en la Biblia y otros textos antiguos, nos sirve para hablar del tratamiento que hace el británico de sus personajes y sus legados.
Hay algo interesante que tocamos someramente más arriba, y es que la culpa que experimenta el héroe de Nolan tiene varias razones, pero una que se repite en sus películas está relacionada con la muerte de alguien cercano. Si bien decíamos que la pérdida de identidad hace parte del argumento de la reconstrucción del “yo”, lo que atraviesa el dolor de sus personajes es la muerte de un amor, de una amistad, de un familiar o de su propio mundo.
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La responsabilidad de su grandeza pasa a ser la culpa de la misma cuando en el medio se presentan los sacrificios, y la pérdida de un ser querido resulta siendo el origen de un héroe, pero también la exaltación y la fuerza del mismo, es decir, no solo es la causa, sino también la consecuencia. Y esa culpa termina siendo el móvil de sus acciones, que a veces incluso también pasa por la venganza, y eso se ve en los dos héroes de Nolan: Batman y Odiseo.
Pero también le ocurre a Cobb, que hace de los sueños un terreno inhabitable y tortuoso, a Cooper, y quizá una de las películas que más aborda la culpa en Nolan es Oppenheimer, que consciente del alcance de su obra con la creación de la bomba atómica, termina por mostrarse más humano y frágil que cualquiera al enfrentarse al dilema de su defensa de la ciencia y de su país, mientras también es arropado por la culpa de haber creado el artefacto que abrió la puerta a la carrera nuclear y armamentista más grande de nuestra historia.
Y ocurre entonces algo similar con Odiseo, que es mito y leyenda a la vez, que aunque dura años perdido sin saber quién es, algo dentro de sí le recuerda que su figura es la del héroe más grande de su tiempo y de su pueblo, pero la muerte de su tripulación y el costo de abandonar y a su vez de retornar a Ítaca termina pesando más que la gloria que lo motivó a ser quien fue.
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