En 1922 se estrenó por primera vez en Colombia la adaptación cinematográfica de María, realizada por los directores Máximo Calvo Olmedo y Alfredo del Diestro. Se basó en la novela homónima de Jorge Isaacs (1867) y se convirtió en el primer largometraje con una trama ficticia que se realizó en el país. Su duración fue de 180 minutos, pero se dice que en la actualidad solo sobreviven 25 segundos.
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En la secuencia que se conoce se ve el paisaje vallecaucano con algunos de los actores montando a caballo mientras cruzan un río cercano a la Hacienda El Paraíso, donde se rodó la película. Los realizadores Jorge Nieto y Luis Ospina se encargaron de realizar en 1985 un trabajo de reconstrucción de archivo para salvar la memoria de este largometraje. Fue así como surgió la cinta “En busca de María”, ganadora del India Catalina a mejor documental al año siguiente.
Los inicios de la historia del cine en Colombia cuentan con dos versiones que relatan la llegada de, por un lado, el vitascopio de Thomas Alva Edison con la Compañía Universal de Variedades, y por el otro, el trayecto del cinematógrafo de los hermanos Lumière por medio de su colaborador Gabriel Veyre.
De acuerdo con Leila El’Gazi, quien escribió en 1997 “Cien años de la llegada del cine a Colombia: abril 13 de 1897”, la compañía del ilusionista sueco Balabrega mostró a Puerto Colón, en Panamá, —que era entonces territorio colombiano— la primera proyección de cine con el vitascopio de Edison acompañado de varios shows de magia, tiro al blanco y la presentación de la bailarina Mademoiselle Elvira. Tras esa primera función, el diario en inglés The Colon Telegram publicó: “En una inmensa pantalla son proyectadas las vistas de tamaño natural, las cuales representan los movimientos de los actores. El efecto es sumamente realista y da prueba de los avances hechos por la ciencia en nuestros días”.
Dos meses más tarde, Gabriel Veyre, un farmacéutico, filmador y distribuidor de películas de los hermanos Lumière, arribó a Puerto Colón en junio de 1897. Veyre, como mencionó Diego Rojas en el texto “Un desencantado pionero del cine en Colombia” (1955), “tenía como misión presentar el cinematógrafo en México, Venezuela, Colombia y las islas del Caribe” y además “filmar nuevas ‘vistas’ de esos países para enriquecer el repertorio de la Casa Lumière”. Realizó distintas funciones en el territorio durante ese mes, y en julio partió hacia Venezuela.
Por medio del empresario venezolano Manuel Trujillo Durán, uno de los primeros en introducir el vitascopio en su país en 1896, presentó la primera función en el Teatro Peralta de Bucaramanga el 21 de agosto de 1897.
Con la llegada del cinematógrafo y el vitascopio al país, se dio paso a que algunas familias como los Di Doménico —migrantes italianos— y los Acevedo fueran los pioneros en construir industria en Colombia.
Tras los estragos de la Guerra de los Mil Días, que puso en pausa entre 1899 a 1902 el desarrollo del cine en Colombia, los hermanos Di Doménico se instalaron en Bogotá y comenzaron a realizar proyecciones en el Teatro El Dorado de diferentes películas que eran traídas de Europa. En 1914 crean la Sociedad Industrial Cinematográfica Latinoamericana (SICLA) y comenzaron a crear sus propias producciones grabadas en el territorio nacional.
En su mayoría, se trataban de cortos que mostraban la cotidianidad de los ciudadanos y eran exhibidos antes de las funciones de las películas programadas. Con su Diario Colombiano, Francesco Di Doménico documentó algunos ritos sociales como procesiones religiosas y fiestas estudiantiles.
Los acervos fílmicos de los Di Doménico y los Acevedo – fundadores de Acevedo e Hijos, pioneros del cine parlante en Colombia— se encuentran bajo la protección de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. El archivo de los Acevedo fue registrado en 2018 en el programa de la Unesco Memoria del Mundo para América Latina y el Caribe.
A través de la salvaguarda, conservación y restauración que realizan algunas entidades como la Fundación Patrimonio Fílmico de Colombia, el Ministerio de las Culturas por medio de la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos (DACMI) y la Cinemateca de Bogotá, entre otros, es posible que en la actualidad las personas puedan acceder a estos archivos que, en su mayoría, están digitalizados.
“El patrimonio fílmico en Colombia contiene narrativas de la memoria histórica, social y cultural del país. Algunas de estas narrativas son predominantes y hegemónicas. Otras subyacen, van emergiendo y están sujetas de ser descubiertas y exploradas. El archivo es una fuente de inspiración, investigación e interpelación”, comentó en entrevista para El Espectador Ricardo Cantor Bossa, gerente de Artes Audiovisuales y director de la Cinemateca de Bogotá.
Por medio de leyes como la 397 de 1997, que propone la creación del Ministerio de Cultura; la 814 de 2003, sobre el fomento de la actividad cinematográfica en el país, y la 1185 de 2008, que habla de la salvaguardia, protección, recuperación, conservación, sostenibilidad y divulgación del patrimonio cultural de la nación, es que se ha respaldado la producción de cine colombiano, tanto en su creación y distribución como en la conservación y cuidado de su archivo.
Un año después de presentar el documental “En busca de María” se creó la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano “tras varios intentos que procuraban la creación de un archivo audiovisual por parte del Cine Club Colombia —actual Cinemateca de Bogotá— y de la creación de la Filmoteca Nacional” en la década de 1950. Tres décadas después, la Compañía de Fomento Cinematográfico (FOCINE) convocó a un comité de patrimonio fílmico nacional que resultó en la consolidación y creación de la entidad en 1986.
“Se unieron varias personas que hacían parte del medio cinematográfico y audiovisual para analizar la situación con las películas que se estaban haciendo, preguntándose quién las iba a guardar, y con las que ya estaban hechas cómo lo iban a hacer. Además de preguntarse cómo las nuevas generaciones van a conocer esa historia del cine y del país”, dijo para este diario Alexandra Falla, directora de la Fundación de Patrimonio Fílmico Colombiano.
En la actualidad, el acervo de la fundación dispone de más de 200 mil unidades de cine, video y otros soportes como la fotografía, carteles, guiones originales, centros de documentación y recortes de prensa, entre otros. De acuerdo con Falla, la Unesco solicita a cada uno de los estados salvaguardar su memoria audiovisual porque “son archivos que están relacionados con el ADN del país, con lo que somos culturalmente como nación”.
Por su parte, la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos (DACMI) del Ministerio de las Culturas, se enfoca en “formular e implementar acciones de diseño de políticas, planes, programas y proyectos” para fortalecer a los agentes y dinámicas del ecosistema audiovisual y sonoro que contribuyan al reconocimiento de la diversidad cultural que hay en el país.
“A través del Programa Nacional de Estímulos a la creación e investigación del Ministerio de las Culturas, brindamos recursos económicos para que las entidades y personas especializadas en temas de patrimonio fílmico puedan guardar y gestionar sus propios archivos”, comentó Marina Arango, coordinadora de la DACMI, añadiendo que entidades públicas como el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional son las encargadas de obtener y preservar los registros de cada producción que se realice en el país.
Además de proteger y salvaguardar cada corto, película, noticiero, documental o programa de televisión que se haya realizado en Colombia, para Arango es esencial que también se garantice su distribución. “A través de la creación, seguimos pregúntandonos cómo somos. Nosotros no podemos saber qué queremos si no nos vemos. Por eso hay que producir, compartir y guardar las memorias para poderlas circular”.
Sobre el futuro del patrimonio fílmico en el país, Ricardo Cantor Bossa dijo que en Colombia se deben “contemplar procesos de conservación a largo plazo, además de garantizar el acceso y la democratización de los archivos”, como también “reflexionar sobre su uso y reutilización, gestar colectiva y sectorialmente una mayor flexibilidad normativa en términos de derechos de autor, encargarse de la actualización tecnológica y de la salvaguarda de obras del audiovisual expandido, de estéticas y narrativas que evolucionan con los nuevos medios”.
Tal como mencionó Alexandra Falla: “Si bien es cierto que estamos salvando y restaurando la memoria del pasado, estamos hoy construyendo los archivos del mañana”.