Este no es un libro sobre el presidente Gustavo Petro. Hernando Gómez Buendía, filósofo, economista, abogado, sociólogo, director de Razón Pública y columnista de este diario (la lista sigue, pero la dejaremos ahí), es claro al advertir que, si bien es el apellido del mandatario el que ocupa el centro de su portada en unas gordas letras negras, él es apenas una excusa para hablar sobre lo realmente importante. No se trata de un engaño o algún tipo de “clickbait” editorial, sino de un principio que guía todo el análisis planteado: “Este es un libro sobre Colombia que pone como pretexto a Gustavo Petro”.
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Con esta frase comienza “Colombia después de Petro: lecciones del ‘gobierno del cambio’”, el más reciente libro de este pensador colombiano. Allí, se propone analizar cuál fue el país que recibió el presidente en 2022 y cuál fue el que dejó en 2026. A través de la revisión de sus proyectos, el autor propone una radiografía del primer gobierno de izquierda del país, sin la pleitesía de la afición por el Pacto Histórico ni la ceguera de sus detractores.
¿Por qué lanzar un libro sobre Gustavo Petro antes de que termine su mandato?
Hay distintas razones. La más obvia es que Petro ya representa algo distinto en la historia de Colombia. Es el primer presidente que no fue ni liberal ni conservador desde que se fundaron esos partidos en 1848 y 1849. Es un presidente que “viene de abajo”, y que llegue un tipo de otro origen social hasta allá marca una diferencia, porque viene con una visión del mundo y de Colombia completamente distinta a la que habían tenido todos los demás.
¿Cuál es esa visión distinta que usted dice trajo este gobierno?
Él es la primera amenaza a lo que yo llamo el orden conservador, que es ese país que se construyó bajo una política económica ortodoxa basada en el café, con una adhesión irrestricta a los Estados Unidos y en un sistema político bipartidista. Él, como presidente de izquierda, amenaza todo eso porque con él emerge otro país. Si la conversación terminara aquí, esto es lo que me parece realmente importante que quede: con Petro se asomó un país que no quiere ver la “gente de bien” ni los medios de comunicación. Es decir, con él llegó finalmente el pueblo al poder y eso fue un shock muy grande. La pregunta a partir de ahí fue, ¿él realmente rompió el orden conservador, o el sistema fue tan poderoso que lo absorbió? Eso fue realmente lo que me llevó a escribir el libro.
Este es un libro que no busca complacer a ninguna parte del espectro político. ¿Cómo evitó inclinarse hacia un lado de la balanza?
Eso en realidad es producto de la naturaleza de mi oficio, que es un poco raro. Yo me autodescribo como un “psiquiatra social”. ¿Por qué? Porque lo que hago no es examinar cómo pienso yo, que eso sería muy fácil, sino cómo piensa la gente que piensa lo contrario a mí y entenderlo. La gente no es bruta ni está loca, tiene sus razones. En ese sentido, el libro es como un viaje en el que yo me pongo mi equipo de buceo y me meto en Colombia con la excusa de Petro. Voy mirando cómo fue la política minera, la relación con Venezuela, qué pasó con los medios, cómo manejó el café, hacia dónde llevó la salud, todo eso. Fue un viaje muy enriquecedor para mí y eso es lo que me encanta de este libro, que, si bien es corto, habla de lo divino y lo humano.
¿Qué destacaría de ese recorrido?
A medida que lo fui haciendo, me encontré cosas muchísimo mejores de las que yo creía. Por ejemplo, la representación simbólica de “los nadies”, que es una cosa de un tamaño enorme. Al igual que mucho peores, como la Paz Total, que para mí más bien fue un fracaso total. Entonces, si alguien quiere leer el libro más antipetrista que hay, es este, porque aquí digo: “Petro está equivocado en todo”, porque realmente creo que está equivocado en todo. Y, sin embargo, también digo que Petro tiene toda la razón en señalar los problemas profundos de Colombia que nadie quiere ver, empezando por una desigualdad brutal que es indiscutible. Petro lo que hizo fue decir: “Aquí están los pobres, los negros, los afros, los gays, los gitanos, el Vaupés, el Chocó... Todo esto es este país”, y eso es de una riqueza enorme.
¿Cuál es uno de esos puntos en los que usted dice que Petro está equivocado?
Un ejemplo claro es el de la Paz Total, que nació de una intención completamente equivocada. Claro, sobre eso hay una historia muy larga en la que también entran Santos, Uribe, Duque, Belisario Betancur... en fin, no vamos a decir que la guerra es un invento de Petro. El problema de él fue que, por sus razones, su historia y su vida, supuso que la violencia en Colombia era política y, por lo tanto, se podía solucionar negociando. Falso, señor Petro, porque cuando se acabaron las FARC, se acabó la violencia política; lo que hay ahora es puro narcotráfico. Y segundo (que aplica no solo para este presidente, sino para todos los anteriores), la paz se hace cuando el que está disparando decide hacerla.
¿A qué se refiere?
A que la violencia no tiene causas; tiene motivos. Parece una visión radical, que además contradice todo lo que se enseña sobre “las causas de la violencia”, pero si eso fuera así habría guerrillas en Chile, en Perú y en Suecia. No es así. La violencia ocurre cuando alguien toma las armas en nombre de la justicia social. Esa es una decisión voluntaria, no automática.
¿Cómo cree que se va a leer este libro mucho después de que Petro haya salido de la presidencia?
Yo espero que este libro encuentre sus lectores ahora que vienen las elecciones, pero también quisiera que durara un poco más porque Petro sí marcó una diferencia. Si me pregunta si buena o mala, no lo sé. Sí diría que este es como un pedazo de la película de Colombia en la que el orden conservador atraviesa una prueba ácida, porque se coló un tipo a la presidencia. ¿Qué hace? ¿Qué significa? ¿Qué logra y qué no logra? ¿Qué batalla ideológica plantea? Esas son las preguntas que me planteo.
Ahora hay mucha gente que dice: “Ya salimos de este tipo. Volvamos a la normalidad”. Es la mejor estrategia de campaña, además. Dicen: “Dejemos el ruido, la peleadera, la mala administración, la corrupción y todo lo malo de este presidente y salgamos de una vez de esta anomalía”. Yo me pregunto: ¿de qué normalidad estarán hablando? ¿Cuál es ese país maravilloso que había el 6 de agosto de 2022? Entonces, el trabajo aquí fue doble, de hablar con los antipetristas y preguntarles por sus razones, pero también de entender qué piensa Petro y qué tipo de hombre es. Eso es lo que abre la conversación sobre el sentido de la Nación; sobre realmente quiénes somos nosotros.
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