10 Jun 2021 - 8:08 p. m.

Crónicas de los jóvenes de Usme: Sueño americano

El Espectador publica esta serie de relatos sobre una de las localidades de Bogotá más afectadas por la pobreza, pero llena de talento.

Alexánder Martínez * / Especial para El Espectador

En las vacaciones de diciembre recuerdo que no tengo ni un peso, pero sí una familia disfuncional. Por eso no me gusta diciembre. No como la prima, chica cosmopolita y a la moda que se codea con la crema de la crema, estudiante de pepsicología y amaestrada en administración de supermercados que quiere cambiar el mundo ayudando a la gente incivilizada y pobrecita del campo. La prima, llena de extractos, portafolios y tarjetas gracias a su Técnico en Gestión Contable del Sena, porque la prima se fue por el camino correcto, estudió algo para progresar en la vida. Tan buena ella, que le paga las vacaciones a la tía ¾que tanto ha sufrido con sus cuatro niños y su marido, sobre todo con su marido¾, la escuela de fútbol al hermano menor, el mercado para la comida del 24, ayuda con los servicios y le compra pinta nueva a todos en la casa. (Lea aquí más crónicas sobre Usme).

Tan buena la prima, gente de bien.

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—¡Qué racha tan hijueputa! 4 de enero y ya con la prima de junio comprometida.

—Y cómo quiere que no, si dañado el techo, dañada la nevera, dañado el gato, dañadas las luces de diciembre, dañada yo que no hago sino reventar con todo desde que quedé sola, rota la pata de la cama, cortado el teléfono, las paredes descascaradas, las puertas oxidadas y desprendidas, su hermana que debe lo del arriendo, sin ropa, viejos los muebles, ni una cebolla en la alacena, recibos para el 12 ¾y a mí que me pagan hasta el 14¾. Vaya y llame a su amigo a ver si le presta al menos unos cien mil pesos. Ese sí es un buen amigo, uno siempre que lo llama ahí está; no como ese otro amigo suyo que ni pa’ echar a arder sirve. (Lea aquí otra crónica sobre Usme).

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—¿Y cuándo es que sale de la universidad, mijo?

—Este año, Ana. Si todo sale bien, este año termino y en marzo del otro año hay cartón.

—¡Dios mío! Ya dentro de poquito nada más. Alabado sea nuestro señor Jesucristo, padre y rey de los cielos. Menos mal. Por fin. Se le iba demorando un poquito eso, ¿no? Y luego se va para Francia a estudiar, ¿cierto?

—Sí, mamá. Es la idea. Pero primero hay que acabar. Hay que trabajar y ahorrar. Trabajar y ahorrar.

—Ojalá termine rápido para que se vaya y me lleve a vivir por allá. ¿Verdad que cae nieve y que la gente vive muy feliz?

—Sí, mamá. Pero la nieve cae solo durante unos meses.

—¡No hable! Y yo que siempre creí que allá hacía frío todo el año. Lo que es no haber estudiado en esta vida.

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Hubo un tiempo en el que era astronauta y científico y vivía en la felicidad sin escuela, sin las madrugadas de las cuatro y media para el bus hasta la universidad, sin las peleas por los recibos que nos respiran en la nuca, sin el futuro que acosa. En diciembre era muy feliz jugando con los primos en el patio, mientras los grandes preparaban la cena para la nochebuena, porque aparentemente las noches pueden ser buenas.

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—¿Y qué fue lo que usted estudió? Mire que en el trabajo me preguntan y yo no sé qué decirles a mis jefes.

—Para enseñar francés, mamá. Cuando le vuelvan a preguntar, diga que estudié para ser profesor de francés.

—¿Y nada más?

—Y para ser traductor.

—Ummmmm. ¿Y eso sí da plata, mijo? Imagínese que su prima fue a la Costa; su tía me mandó las fotos por WhatsApp. Si viera cómo está de flaca.

—¿Mi tía o mi prima?

—Su prima. Y si supiera, como que se va a Estados Unidos que con la hermana de su tío a trabajar.

—…

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Gracias por comunicarse con la línea de atención de su Crédito Fácil Codensa. Hasta pronto.

* Estos textos fueron publicados originalmente en la revista “Surgente”, producto literario de jóvenes escritores de la localidad de Usme, liderados por el escritor Rodolfo Celis @Fito Celis.

* Alexánder Martínez creció en la comuna Alfonso López, es graduado en filología francesa y fue el traductor, del francés al español, de “La risa de García”, novela de la escritora canadiense Joanne Rochette, sello editorial L’Instant même de Montreal, y lanzada hoy en Colombia en coedición de las editoriales independientes Mackandal (Barranquilla) y Filomena Edita (Bogotá). (Facebook live).

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