¿Cómo llegó a la historia de G. W. Pabst y qué fue puntualmente lo que le hizo comprender que ahí había una historia por contar?
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Siempre pensaba, como escritor alemán, que en algún momento escribiría sobre el régimen nazi. Como autor alemán siempre había pensado que acabaría escribiendo una historia sobre los nazis. Hay una gran riqueza de información, es bastante accesible: hay archivos, hay protocolos, hay documentos originales. En algún momento pensé que yo podía contribuir de algún modo a esta historia.
Originalmente quería escribir una novela diferente: quería escribir sobre un director ficcional en los años veinte, en la industria de las películas mudas en Alemania. Así que vi muchas películas y leí sobre los grandes directores de esa era y luego, por casualidad, vi que G. W. Pabst, uno de los grandes directores, se fue a Alemania cuando los nazis llegaron al poder, pero luego, después de hacer cine en América, volvió a Alemania e hizo películas para los nazis.
Y pensé: esto es tan extraño, tan inusual y fascinante, que esta es realmente la novela que quiero escribir y esta es la novela sobre los nazis que siempre estaba buscando cómo escribir
El humor es uno de los componentes importantes de esta novela. ¿Cómo incluirlo cuando de por medio está una tragedia como la del nazismo?
Yo no puedo escribir sin humor, viene a mí, es como una manera de mirar al mundo. Pero también cada dictadura es, en sí misma, absurda. Hay toda esta insanidad y absurdidad en una dictadura que, por supuesto, no es divertida en absoluto si tienes que vivirla. Pero si puedes dar un paso atrás y mirarla con un ojo frío y objetivo, escribir sobre la dictadura se convierte en algo que contiene, inevitablemente, un elemento de humor, porque la dictadura es absurda. Y eso puede resultar gracioso si no tienes que experimentarla, por supuesto.
Quiero preguntar ahora por el conflicto moral que atraviesa la historia del director. Además, en una entrevista él habla de hacer lo correcto, ¿qué significa eso?
Es un malentendido. Lo que dije es que todos deberíamos esperar que habríamos hecho lo correcto y que no deberíamos renunciar a la esperanza de que, cuando seamos puestos a prueba, haremos lo correcto.
Es demasiado fácil dar un paso atrás y decir que no sé lo que hubiera hecho, que todo es relativo y que probablemente también habría fallado. Suena modesto decir eso, pero en realidad es demasiado fácil. Lo que dije es que todos deberíamos esperar —y yo espero— haber hecho lo correcto, pero, por supuesto, eso es solo una esperanza.
Es interesante que un artista, en nombre de su obra, termine siendo cómplice de un régimen. ¿Hasta qué punto un artista debe defender su trabajo?
Lo que me resultó tan fascinante de la historia de Pabst es que él cree que está defendiendo su trabajo al trabajar para los nazis, porque le dan todos estos recursos y él quiere hacer gran arte. Después de su fracaso en Hollywood, cree que esta es su manera de hacer gran arte.
Él piensa que es su manera de no comprometerse, pero, por supuesto, hacer películas para los nazis es el compromiso último. Su deseo de grandeza es la trampa, de alguna manera, y él no lo entiende.
Esta no es una novela didáctica, no la escribí para que aprendamos una lección. Es solo una historia que quería contar. Pero quizá una cosa que se puede aprender es que nunca vuelvas: si logras dejar un Estado totalitario, quédate donde estás y no regreses, porque es imposible seguir siendo quien eres y mantenerte puro en el infierno.
¿Cree usted que hoy hay artistas en una situación similar? ¿Cree que el arte suele estar en peligro de ser “cómplice” de regímenes autoritarios?
Siempre lo está, especialmente en el cine. Puedes escribir un libro o pintar un cuadro, pero no puedes hacer una película solo. Siempre hay compromiso en el cine. Es lo mismo que en la arquitectura: puedes construir una casa por ti mismo, pero el cine siempre necesita recursos, y esos recursos deben venir de algún lugar.
Especialmente el mundo del cine está siempre en peligro de compromisos. Si miras los Globos de Oro, todos estuvieron bastante silenciosos sobre lo que está sucediendo en Estados Unidos. Eso también es una forma de compromiso. Veremos qué pasa en los Óscar. Sospecho que la gente será muy cuidadosa con lo que dice. Aunque no estén en peligro real, no quieren perder posibles papeles en la próxima película de Marvel. La industria del cine es un mundo en el que la gente se compromete mucho, en todas partes.
Entiendo que acudió a los recuerdos de su padre para retratar la época, y también en el libro se trata de la figura del director como padre. ¿Cuál es la importancia de la figura paterna tanto en su proceso creativo como en la novela?
Son dos preguntas conectadas. Mi padre era director, así que pasé mucho tiempo en sets de rodaje cuando era niño. Sentí que sabía de lo que estaba hablando y cómo se hacen las películas; lo vi desde muy temprano. También en los últimos años escribí algunos guiones, y el hecho de que el cine formara parte de mi vida desde niño fue importante.
Mi padre nació en 1927 y tenía parte de su familia judía, como la llamaban los nazis. Tenía recuerdos muy vívidos de lo que era vivir bajo los nazis, ir a la escuela bajo el régimen, ver cómo los profesores se convertían en miembros del partido y enseñaban propaganda.
Había muchas memorias de la vida cotidiana en el Tercer Reich que mi padre me contó desde muy temprano y que pude usar. Por eso este libro me resultó cercano, no lo sentí como una novela histórica que necesitara investigar mucho. Muchas cosas provienen de lo que me contó mi padre.
Y la historia se ficcionalizó, pero está basada en un hijo real que Pabst se llevó con él. Eso es lo que siempre me impactó más: no tanto que hiciera películas para los nazis, sino que tomara a un chico que había ido a una escuela estadounidense y había vivido en un país libre para volver a vivir bajo los nazis. Es la forma última de un fracaso moral: el fracaso como padre. Para mí, el verdadero fracaso moral es ese: el fracaso como padre al llevar a su hijo de vuelta a la dictadura.
Partiendo del tema de la moral: ¿cuál cree que es la relación entre el arte y la moral? No necesariamente en su caso, sino en general.
No estoy seguro de tener una buena respuesta; es una pregunta muy grande. Creo que el arte no nos enseña nada. No se trata de enseñarnos a vivir una vida moralmente buena; esa sería una idea muy aburrida.
Hay algo realmente peligroso en el arte también. El buen arte puede hacernos cuestionar cosas a tal nivel que perdamos toda certeza. Y eso también es algo bueno.
Pero creo que no puede haber gran arte sobre algo que sea profundamente malo desde el punto de vista moral. No puede haber un gran poema escrito para glorificar a Donald Trump, por ejemplo. Sería ridículo. No puedes hacer buen arte a partir de algo que es moralmente corrupto.
Así que hay una conexión entre lo que es moralmente correcto y el buen arte, pero es complicada. El arte no nos enseña a ser buenos; también puede enseñarnos a confundirnos y a cuestionarlo todo, y eso también es algo bueno.
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