El candidato a la Vicepresidencia, José Manuel Restrepo, hace tan solo cuatro días invitó a una misa en la Basílica del Voto Nacional –en Bogotá– para consagrar el país al Sagrado Corazón de Jesús. Allí recordó que Abelardo de la Espriella, el aspirante de Defensores de la Patria, estaría el domingo en el templo del Señor de los Milagros en Buga (Valle) potenciando su relato de la “patria milagro”.
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Ese mismo 12 de junio, algunos congresistas del Pacto Histórico agradecían en X un mensaje publicado por la Conferencia Episcopal el 20 de mayo, en el que, según ellos, recibían un guiño con la frase “El cristiano no vota por ‘salvadores’, sino por programas que respeten la dignidad humana, la justicia social y el cuidado de la casa común”. Aunque en parte de la izquierda lo interpretaron como un supuesto apoyo al candidato Iván Cepeda, la misma congregación católica rechazó esas asociaciones.
Estas son solo algunas de las maneras en las que la religión, la fe y la espiritualidad han estado presentes en la contienda entre dos campañas que buscan la jefatura del Estado en la segunda vuelta del 21 de junio próximo. Una simbología que va directamente hacia las creencias del electorado, al menos al grueso de quienes suelen ir a las urnas.
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De hecho, Colombia no es ajena a que esta sea una arista con peso en los procesos electorales. Más allá de la elección de un presidente, la religión es un tema que permea la vida del país. Según la Encuesta de Cultura Política del DANE, en 2021 el 78,2 % de la población se identificaba como católica.
Estas circunstancias hacen que la religión y las creencias cumplan un rol no menor en las campañas presidenciales, tanto en las actuales como en las anteriores. No es gratuito que la campaña de Abelardo de la Espriella impulsara una misa con la intención de consagrar a Colombia al Sagrado Corazón, como ocurrió por primera vez en 1902, o que su cierre de campaña haya sido en Buga, conocida como la Ciudad milagro, mientras que la propuesta del candidato habla de la “patria milagro”. De la misma manera, no es un accidente que Iván Cepeda en sus discursos, ni en su plan de gobierno, mencione a una religión o a un dios en específico.
La religión, en estos casos, actúa también de manera estratégica. El candidato de la derecha suele llevar más de una camándula al cuello y algunas estampillas religiosas en su muñeca derecha, como se pudo ver en las tres apariciones públicas que tuvo después de la primera vuelta; y el aspirante de la izquierda esquiva las afiliaciones religiosas y opta, entre otros símbolos, por sus ya típicas camisas tipo “Mao” y algunas manillas de accesorio en sus muñecas.
“Creo que los dos tienen respeto por la religión. Sin embargo, a pesar de que ha habido momentos en los que quieren ganar el guiño de la Iglesia, nosotros cuando ejercemos nuestra labor pastoral lo hacemos para quienes votarán por Cepeda o por De la Espriella. La Iglesia no toma partido por uno o por otro. Por eso hay que diferenciar la manera en la que ellos, como seres humanos, pueden vivir su experiencia religiosa y hacerla pública, porque no tienen por qué ocultarla”, aseguró un sacerdote católico que habló para El Espectador pidiendo no citar su nombre.
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Eso sí, hay matices. Para Sergio Ramírez, doctor en psicología y magíster en teología, las maneras en las que los dos candidatos que irán a la segunda vuelta abordan la religión y la fe se diferencian en cómo cada campaña entiende este aspecto de la vida. Cepeda —según este psicólogo— comprende la religión como un valor cívico y De la Espriella como un pilar fundamental de su plan de gobierno. Esto, además, se refleja en sus posturas programáticas; en el manifiesto del movimiento de Defensores de la Patria del candidato de la derecha, “Dios y los valores cristianos” son el primer punto de una lista de creencias. “Creemos firmemente en Dios, en los valores cristianos y en la plena libertad” es otra de las frases que se encuentran en la página de su campaña, lo cual muestra que esta es la brújula moral en estas filas.
Esto está ligado a las acciones que ha realizado frente a iglesias o en lugares religiosos y al rosario que transmitió en vivo el día antes de la primera vuelta. Pero, como bien lo dicen los textos de su manifiesto y su página, la campaña del “Tigre” no solo apela a los católicos, sino también a los cristianos de diferentes denominaciones.
En su carrera por la Casa de Nariño, el abogado de 43 años ha tenido acercamientos con pastores y líderes evangélicos. “Toda su ética se ancla en el cristianismo: la familia como núcleo central y sagrado de nuestra sociedad, se lee en sus documentos; y el título y el vocabulario también son directos: ‘milagro’, por ejemplo, se repite varias veces. Todo eso conecta muy bien con el cristianismo evangélico y católico”, agregó Ramírez. A través de la palabra, Abelardo De la Espriella ha adoptado también una identidad arraigada en la religión. “Él es el Ciro de Colombia, yo le recé a Dios para esto”, le dijo a El Espectador uno de los asistentes a un evento del candidato realizado en mayo. El apodo que se ganó el aspirante está relacionado con un personaje bíblico, el único rey extranjero “ungido” por Dios para liberar a los judíos de su cautiverio en Babilonia.
No es la primera vez que un candidato presidencial es relacionado con un personaje religioso. Sin embargo, para el teólogo Ramírez, estas asociaciones no llevan necesariamente a las personas a votar por un aspirante, pero la afiliación da a entender una intención de hacer que el candidato sea percibido como parte de un plan más grande. Del otro lado, el sacerdote comentó que siempre existirá la posibilidad de que un político se identifique con un personaje del pasado, aunque esa comparación puede no ser cierta. Añadió que, en la fe cristiana, ya vino un salvador llamado Cristo y que “los demás ayudan o dificultan a cumplir la obra de Cristo”.
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Pero en política siempre hay contrastes: Iván Cepeda se decantó por otro camino. En un discurso pronunciado el 3 de marzo, el candidato reconoció que, aunque el país es en su mayoría de tradición cristiano-católica, “en las últimas décadas han ampliado su presencia e influencia iglesias cristianas de tradición protestante, evangélicas y pentecostales por medio de la educación, proyectos sociales e incluso participación política”. En ese mismo evento afirmó: “Asistimos a un escenario cada vez más plural en el mundo religioso y, lo que es tal vez más significativo, a un diálogo ecuménico cada vez más frecuente, intenso y fructífero. Es más, a un diálogo cada vez más democrático e incluyente entre el mundo de los creyentes y los no creyentes, lo que tiene un valor indudable para construir la convivencia en paz de una comunidad, una nación y, en últimas, de la humanidad misma”.
Con esas palabras, el también filósofo de 63 años dejó clara su visión sobre la aproximación a las creencias y religiones. Y mientras Ramírez se refirió a la manera en la que Cepeda abordó este tema como un “valor cívico”, Gustavo Bolívar –estratega de la campaña del Pacto Histórico– habló sobre el respeto del candidato por el libre albedrío y la manera en la que “se mueve espiritualmente por las encíclicas de los últimos dos papas”.Esa cercanía a los escritos de los sumos pontífices la notaron algunos simpatizantes del candidato de la izquierda y, en redes sociales, comenzaron a divulgar imágenes en las que se comparaban algunas propuestas de Cepeda con fragmentos de “Magnifica Humanitas”, del papa León XIV.
En ese discurso de marzo, Cepeda habló de la “revolución ética” que necesita el país, “debido a la profunda postración moral causada por décadas de violencia, del desprecio sistemático hacia quienes viven en la pobreza, de la corrupción, del patriarcado, del racismo, y de la depredación de la naturaleza”. A esta revolución se refirió como un movimiento “pacífico” que transforme desde la raíz la conciencia individual y colectiva.“Creyentes o no creyentes, todos los seres humanos necesitamos una dimensión espiritual que consiste en reconocer que hay una verdad o un conjunto de verdades que nos trasciende en nuestra vida, y que entra en un dominio que es para todas y todos nosotros a veces enigmático”, aseguró. Y también dijo que la “postración moral” de una sociedad comienza cuando se encierra en el nihilismo.
Para el sacerdote que habló con este diario, hay unos principios que, desde la visión de la Iglesia católica, un gobernante debería profesar: la vida, la familia, el respeto por la vida desde la concepción hasta la muerte, el bien común, la justicia y la paz. Sin embargo, aunque unos busquen la aprobación de la Iglesia para contar con el respaldo de esta institución y la cantidad de personas que mueve, el religioso advirtió que no es tarea de esta congregación juzgar qué valores y principios tiene cada uno. Por eso, afirmó que prefieren mantener una posición neutra.
Los símbolos de creencias y de fe en la campaña de Cepeda no solo se limitaron a él como candidato a la Presidencia. Aquella dimensión espiritual a la que se refirió en su discurso incluye a su fórmula vicepresidencial, Aída Quilcué, con su cosmogonía y los rituales propios del pueblo nasa, al que pertenece. La revista “Semana” reportó que, previo al inicio de la campaña, los padres de la senadora realizaron un ritual para “pedir permiso” a la Madre Tierra “para poder recorrer el país, porque una apertura de camino desde el mundo indígena es para poder encontrarnos con los otros, con los campesinos, con los estudiantes, con los afro, con el resto de la sociedad”. Las palabras son de allegados a la aspirante citados por la revista. En discursos de cualquier parte del espectro político, la religión, la fe y las creencias están presentes.
Sin embargo, el hecho de que un candidato tome una posición explícita por un credo u otro, o que no lo haga, puede generar un efecto entre la audiencia a la que esperan llegar. “Creo que siempre ha existido un acercamiento a la iglesia y la religión. En algunas ocasiones, posicionarse como no creyente ha sido un suicidio electoral. Por lo que algunos han optado por no hacer explícita la no adopción de un credo en campaña. Creo que siempre han estado atravesadas por este discurso, ya que los países de nuestra región tienen ese componente muy fuerte en sus sociedades y creo que cada vez se abordan con más fuerza e intención, aunque siempre han estado presentes”, finalizó Ramírez.
Ahora que la contienda entra en su recta final, pues el 21 de junio próximo se sabrá qué relato tomó más fuerza, la emoción y las creencias que se reflejan en la religiosidad de los 41,4 millones de ciudadanos habilitados para votar serán un foco directo de las campañas, de sus mensajes. La apuesta por las urnas siempre tendrá entre sus objetivos la fe de los sufragantes.
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