22 Jan 2011 - 9:00 p. m.

¿Dónde estás, Rufino José Cuervo?

El Instituto Caro y Cuervo y su Asociación de Amigos, la Biblioteca Nacional y el Ministerio de Cultura dedicarán el año a exaltar el legado del más importante filólogo colombiano.

Nelson Fredy Padilla

La pregunta socarrona del título es parte de la invocación El lejano país de Rufino José Cuervo. El escritor y gramático Fernando Vallejo la leyó a comienzos de 2007 en el auditorio del Gimnasio Moderno, durante el Festival Malpensante. Acompañado de una manada de perros bogotanos, le explicó a 600 personas por qué en su altar literario, por encima de Miguel de Cervantes, tiene a don Rufino, “el filólogo sin par” de la lengua española.

¿Dónde está Cuervo? Cien años después de su muerte, ocurrida en París el 17 de julio de 1911, basta ir a su casa museo en el barrio La Candelaria del centro de Bogotá: el aldabón golpea, el gran portón de madera se abre y un pacífico pasillo empedrado resulta la vía de escape a la algarabía de la calle y a la fachada disuasiva del Museo Militar, instalado al otro lado de la calle.

Patios y traspatios, escaleras anchas, balcones floridos, eternas fuentes de agua, sonoros pisos de madera, atmósfera monacal en la que vivió “un loco y un santo”, como lo define Vallejo. ¿Qué fue del bogotano que dedicó su vida a dos “causas perdidas”: escribir el Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana y la gramática española? El llamamiento de Vallejo dio una idea de la magnitud de la tarea: “La máxima locura que ha producido la raza hispánica, por sobre la de don Quijote, es la tuya, tu diccionario, delirante, desmesurado, hermoso con la hermosura que tienen las grandes obras sin sentido ni razón”.

El alma juiciosa y mundana de don Rufino se percibe en cada rincón de los dos pisos de la casona. Aquí está el escritorio en el que el 29 de junio de 1872, en latín, imploró a Dios “la luz de la sabiduría” y encomendó a San Pedro y San Pablo “el comienzo de esta obra”. Por si la ayuda divina no bastaba, el muy católico y su hermano Ángel producían al fondo del primer piso, desde cuatro años antes, la “Cerveza de Cuervo”, de la que se conserva el escudo de la marca de fábrica pintado sobre un muro blanco. Bajo estos altos techos ahora funciona el Instituto Caro y Cuervo y su unidad docente el Seminario Andrés Bello.

Del encierro para reconstruir la historia y el uso de nuestro idioma, letra por letra, palabra por palabra, dan fe libretas garrapateadas, corregidas y sobrecorregidas, junto a ficheros infinitos de la bibliografía consultada. “Esta es la gran novela de las palabras”, exclamó García Márquez cuando lo comprobó aquí, como lo comprobó Vallejo, Octavio Paz, Carlos Fuentes; la realeza y los académicos españoles que le han conferido todos los premios posibles al legado Caro y Cuervo; estudiantes de todo el mundo, de Estados Unidos a Australia, de Argentina a Japón; como lo puede comprobar cualquier visitante el último domingo de cada mes. Caro por don Miguel Antonio Caro, su cómplice que fue poeta y presidente, con quien a los 23 años ya había escrito una gramática latina. A los 28, terminó acá el primer libro de dialectología de la lengua castellana, las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano. Luego haría las anotaciones a la gramática de Andrés Bello.

Las reliquias

No a todo el mundo le abren las urnas de cristal donde se conservan los sellos con los que marcaba cada libro ni le permiten oler u hojear las páginas ajadas del Tomo I del Diccionario, en las que los plumazos de tinta china se resisten a evaporarse. María Eva Quintana, la gestora cultural, es el ama de llaves y nunca le entregaron la de la urna en la que se conserva la máscara mortuoria en bronce. El rostro del cadáver de don Rufino, moldeado un día después del fallecimiento por el escultor antioqueño radicado en París Marco Tobón Mejía, también autor del carboncillo que retrata a su amigo en el lecho de difunto a los 67 años de edad. Los últimos 29 años los vivió en la capital francesa siempre concentrado en el Diccionario, del que publicó dos tomos de la A a la D y dejó las bases con las que los lexicógrafos colombianos armaron seis tomos de la E a la Z.

 Recibieron el Premio Príncipe de Asturias 1999 en memoria de su inspirador. ¿Dónde está Cuervo? Subsiste en cada salón, a través de su colección de óleos, en la biblioteca de lingüística y filología, en las aulas donde sus admiradores estudian maestría o diplomado. Como fundador y mentor, la misma devoción genera en la Academia Colombiana de la Lengua entre especialistas como Edilberto Cruz Espejo, invitado a París porque la Unesco quería entender los alcances del “mayor monumento filológico y lexicográfico de la hispanidad”.

La obsesión del bibliófilo Rufino José ameritó la creación del Fondo Cuervo en la Biblioteca Nacional, donde se la pasaba de cabeza entre los libros. La componen 5.371 volúmenes de sus autores preferidos en español, latín, griego, alemán, francés, árabe —en la Biblioteca Nacional de Francia hay más—. En Bogotá esta colección única tiene un apartado en la sala de seguridad donde se conservan tres incunables —uno de 1492—, una edición del Amadís de Gaula de 1539, una Biblia del Oso y otra de Ferrara, las Novelas ejemplares de Cervantes, la Gramática de Nebrija. Meter la nariz, ojear, conmoverse; sólo tocan las manos expertas del historiador Camilo Páez, cuervólogo emocionado a la espera de la gran exposición de estas reliquias. ¿Quiénes más han entrado aquí? Vallejo, otros pocos escritores, investigadores, Vallejo.

Otra máscara mortuoria

En la Biblioteca Nacional, en la oficina de la directora, Ana Roda, otra urna de cristal guarda un soldado de plomo con el sello de las iniciales cruzadas RJCU, el Catecismo del Padre Astete de 1851, el Rosario poético, más libreticas de notas, el libro de oraciones en latín de 1846 que leyó antes de morir y la máscara mortuoria de yeso, la que se elabora antes de la de bronce. Sobrecogedora. Encima de  la urna el libro de visitantes, el autógrafo afanado de célebres escritores colombianos, uno “conmovido, en el corazón del santuario, bajo la mirada de Cuervo…”: Vallejo. Con razón él dice que la de Cuervo es la biografía que quisiera escribir, aparte de la magistral que le dedicó al poeta Porfirio Barba Jacob, El mensajero.

Es por esto que Fernando Vallejo, el autor de Logoi: una gramática del lenguaje literario y de reconocidas novelas y ensayos, fue invitado a instalar el próximo 3 de febrero, en la biblioteca Luis Ángel Arango, el Festival de la Palabra Caro y Cuervo, organizado cada año por el Instituto y su Asociación de Amigos, en cabeza de Elvira Cuervo. Otro evento con motivo del centenario es la apertura de la maestría en Literatura y Cultura, para formar más cuervólogos en La Candelaria y en las afueras de Bogotá,  sede rural de retiro espiritual al estilo de don Rufino, un museo literario con cien mil títulos y aires de sauce y yerbabuena, abierto al público de lunes a viernes.

Entre anaqueles, Custodia Ríos de Ardila completa allí 30 años haciéndole honor a su nombre, velando por otra valiosísima parte de la herencia documental de Cuervo: más ficheros bibliográficos, cajas desacificadas en las que conserva desde la partida de bautismo hasta el acta de defunción —con sello del Consulado General en París—; las capitulaciones de sus padres Rufino —vice del presidente Tomás Cipriano de Mosquera— y Francisca Urisarri; la contabilidad de la cervecería y el libro de cuentas de la familia; postales, cartas y más cartas del filólogo a sus colegas, a sus amigos, a su familia; cajas de madera llenas de libretotas, libretas y libretitas de escritorio, bolsillo y mesita de noche, todas desbordadas por los márgenes con acotaciones de un idioma de mil años y papelitos insertos con más reparos que sus copistas no debían pasar por alto, y el testamento de su puño y letra en el que le heredó al país una obra imposible de terminar para él pero que ya comprometió a dos generaciones.

¿Dónde está don Rufino? Trascendió a cada diccionario, a cada palabra en español. Está y no está, porque para la mayoría de colombianos es como si no hubiera existido. Y la idea del Ministerio de Cultura y de todas las instituciones que lo veneran es resucitarlo en 2011. “Reivindicarlo y traer al siglo XXI su filosofía frente a la lengua, hacer tránsito de la lingüística a la sociolingüística”, es la misión que se propuso Genoveva Iriarte, directora del Caro y Cuervo.

Entonces Vallejo, el gramático ateo, abrirá el año botella en mano con un brindis de la edición especial de la cerveza Don Rufino y una diatriba basada en aquella invocación “malpensante” en la que al final anunció: “Canonizo al más noble y el más bueno de los colombianos. A Rufino José Cuervo, que no odió, que no conoció el rencor ni la envidia, que no ocupó puestos públicos ni tuvo hijos, que amó como un iluso a este idioma y a esta patria lejana”.

¿Vallejo repetirá su castiza plegaria?: “¡Qué bueno que te moriste, Rufino José! No habrías resistido el adefesio en que te convirtieron el idioma. Pretendiste apresar en siete tomos todo el caudal de tu idioma. Imposible. El idioma es como un río que no agarra nadie. El río fluye y se va. El idioma es fugaz, deleznable, cambiante, pasajero, traicionero... Los idiomas cambian, se empeoran... Nos putiaron el idioma... San Rufino José Cuervo Urisarri que desde el cielo nos estás viendo, ¡apiádate de nosotros!”.

FESTIVAL DE LA PALABRA CARO Y CUERVO 2011

Programación

Jueves 3 de febrero

6 p.m. Inauguración del Festival en la Biblioteca Luis Ángel Arango.Presentación de la presidenta de la Asociación, Elvira Cuervo de Jaramillo.Fernando Vallejo habla sobre el centenario de la muerte de Rufino José Cuervo.Concierto del Quinteto de los Andes, grupo de cámara de la Filarmónica de Bogotá.

Viernes 4

Lugar: Casa de CuervoNúcleo mañana 10:00 - 11:45 a.m. ‘¿Cómo se hace un libro?’Escritor invitado: Gonzalo EspañaApoya Panamericana

Núcleo tarde12 m. - 12:45 p.m. Campaña ‘Yo me llamo Rufino José’.Oferta y presentación de libreros y editores independientes.12:45 - 2:00 p.m. Almuerzo. 2:15 - 3:00 p.m. Edilberto Cruz Espejo habla sobre el Diccionario de Construcción y Régimen y su significado en el español actual.3:15 - 4:45 p.m. Lectura de poemas y conversaciones con el público.Participantes: Federico Díaz-Granados, Juan Carlos Bayona y Juan Felipe Robledo. Modera: Jorge Iván Parra. Apoya Agenda Cultural. 5:00 a 6:30 p.m. Mesa redonda ‘Bogotá en la literatura’, con Juan Gustavo Cobo Borda, Antonio Caballero y Daniel Samper Pizano. Modera: Carlos Castillo. Apoya Santillana. Lanzamiento de la cerveza Don Rufino, en botella.

Sábado 5

Lugar: Casa de Cuervo.Núcleo mañana. 10:15 - 11:15 a.m. Mesa redonda ‘Hablemos de la memoria’, con Roberto Burgos, Juan David Correa y Juan Esteban Constaín. Modera: Adriana Echeverry. Apoya Editorial Planeta.11:15 - 12:15. Mesa redonda ‘Hablemos del cuento’, con Carolina Sanín y Antonio García. Modera: Juan David Correa. Apoya Editorial Norma. 12:15 m. - 1 p.m. Enrique Santos Molano habla sobre la polémica de Rufino José Cuervo con Juan Valera.

Núcleo tarde 1:15 - 2:15 p.m. Almuerzo. 2:15 - 3:00 p.m. Campaña ‘Yo me llamo Rufino José’.Oferta y presentación de libreros y editores independientes. 3:00 - 4:00 p.m. Mesa redonda ‘Novelar la historia’, con Juan Esteban Constaín y Enrique Serrano. Moderador: Gonzalo España (por confirmar). Patrocina Editorial Planeta. 4:15 - 5:00 p.m Los lugares de la poesía, con José Luis Díaz-Granados y Jota Mario Arbeláez. 5:15 - 6:15 p.m. Lectura de textos narrativos y conversación con el público. Participantes: Gonzalo Mallarino Flórez, Enrique Serrano y Evelio Rosero Diago. Modera: Alejandra Jaramillo Apoya Agenda Cultural . 6:15 Tertulia en el salón de Casa de Cuervo. Domingo 6

Lugar: Gimnasio Moderno 10 - 11:15 a.m. ‘Nuevas narradoras colombianas’.Participantes: Carolina Sanín, Marta Orrantia, Margarita Posada y Carolina Cuervo.Modera: Federico Díaz-Granados. Apoya Agenda Cultural . 11:30 a.m. a 12:30 p.m. Genoveva Iriarte y Fernando Vallejo hablan sobre la importancia actual de Rufino José Cuervo. 12:30 a 1: 30 p.m. Clausura del Festival. Palabras del expresidente Belisario Betancur, la presidenta de la Asociación de Amigos, Elvira Cuervo de Jaramillo, y la directora del Instituto, Genoveva Iriarte.

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