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Dunk y Egg, los nuevos personajes del universo de “Juego de Tronos”

La serie, que se estrenará este 18 de enero, se ubica un siglo antes de los acontecimientos de la saga principal.

Juliana Vargas Leal

17 de enero de 2026 - 10:30 a. m.
“El Caballero de los Siete Reinos” se estrenará por la plataforma de streaming, HBO Max.
Foto: HBO Max
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El próximo 18 de enero HBO estrenará “El Caballero de los Siete Reinos”, una nueva serie del mundo de “Juego de Tronos” y “Canción de Hielo y Fuego”. Basada en los Cuentos de Dunk y Egg, narra la historia de Aegon V, el Improbable, cuando era un niño al servicio de un caballero errante, quien luego se tornaría en lord comandante de la Guardia Real. A diferencia de la saga principal, con esta historia, George R. R. Martin quiso explorar la perspectiva del pueblo llano y qué hacía un buen caballero y un buen gobernante. “El Caballero de los Siete Reinos” deja de lado las intrigas y la política para acercarse más a una fantasía de aventuras clásica. Dunk y Egg, en suma, son la antítesis de lo que se ve en la mayoría de los personajes de “Juego de Tronos” y “Canción de Hielo y Fuego”.

En la última temporada de “Juego de Tronos”, el segundo capítulo fue escrito por Bryan Cogman, uno de los pocos guionistas que leyó los libros de “Canción de Hielo y Fuego” y que fue reconocido por su profundo conocimiento de los detalles de la saga. “El Caballero de los Siete Reinos” fue el título que le dio al capítulo en el que le rindió homenaje a Brienne de Tarth y, también, a su ascendencia, al ritmo de “Jenny de Piedrasviejas”, cantada por Podrick al final del capítulo.

La protagonista de la canción fue una muchacha que vivió durante el reinado de Aegon V, el Improbable, y que fue famosa por casarse con el hijo del rey, Duncan Targaryen. “En los salones de reyes que ya no están, Jenny baila con sus fantasmas...”, dice la canción, “los que había perdido y los que había encontrado, y los que más la habían amado”. Por más que el rey Aegon intentó disolver el matrimonio de su hijo con una mujer del pueblo llano, Duncan renunció a su título de Príncipe de Rocadragón en favor de su hermano menor Jaehaerys.

Lady Jenny, como era llamada por cortesía, acabó siendo aceptada y se convirtió en una de las favoritas de los Siete Reinos. Así fue como el rey Aegon V y su familia se convirtieron también en la familia de Jenny de Piedrasviejas, los mismos que luego se convertirían en fantasmas en lo que se conoció como la tragedia de Refugio Estival, “los que se fueron hace tanto, que no podía recordar sus nombres. La hicieron girar sobre las viejas y húmedas piedras, expulsando su pena y su dolor”.

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El rey convocó a Refugio Estival a muchos de sus principales allegados, a fin de celebrar el nacimiento de su bisnieto. Allí, el rey hizo traer siete huevos de dragón y, según cuenta la historia, quiso revivir a los dragones que se habían extinguido hacía tiempo. Sin embargo, lo que surgió fue una bocanada de fuego que acabó con la vida del rey, muchos de sus familiares y del lord Comandante de la Guardia Real, también llamado Duncan. Duncan el Alto.

“… la sangre de dragón reunida en un…

… siete huevos en honor de los siete dioses, aunque el septón del rey había advertido que…

… piromantes…

…fuego valyrio…

…las llamas no podían sofocarse… altísimas… tanto ardían que…

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… muerto, de no ser por el valor de lord Comman…" (De la historia del archimaestre Gyldain, en “El Mundo De Hielo y Fuego”)

Duncan el Alto fue quien le enseñó a Aegon a ser un buen rey, mientras el pequeño príncipe le sirvió como escudero. Siendo el cuarto hijo, a su vez, del cuarto hijo del entonces rey Daeron, Maekar no le vio problema a que su niño más pequeño se fuera con un caballero errante si es que ese era su deseo. Así fue como el futuro Aegon el Improbable vivió entre el pueblo llano durante algunos años.

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Más allá del manejo de la espada o la heráldica, la verdadera lección que Duncan, o Dunk, le legó a Aegon, o Egg, fue la empatía nacida de la intemperie. Al arrastrarlo por los caminos polvorientos de Poniente, despojándolo de sedas y privilegios, Dunk le permitió ver el reino desde el fango, compartiendo el hambre y las penurias del pueblo llano. Le enseñó que la verdadera caballerosidad no reside en la gloria de los torneos, sino en el sagrado deber de proteger a los débiles y defender a quienes no pueden defenderse. Así, Egg aprendió que un buen rey no es aquel que simplemente gobierna a sus súbditos, sino aquel que, habiendo caminado entre ellos, comprende que su corona es una herramienta para servirlos. No es casualidad que, años después, Egg hubiera nombrado a su primogénito Duncan.

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La nueva serie de HBO, “El Caballero de los Siete Reinos”, cuenta las aventuras que Dunk y Egg tuvieron mientras recorrían los Siete Reinos, antes de que Egg fuera rey y aconteciera la tragedia de Refugio Estival. A diferencia de “Juego de Tronos”, la acción no ocurre en castillos, salas del Consejo Privado y campos de batalla, sino a ras de suelo. George R. R. Martin quería mostrar cómo es Poniente para el pueblo llano. Dunk no es un lord; de hecho, quizás engañó a los dragones Targaryen al decirles que su antiguo protector, ser Arlan del Árbol de la Moneda, lo había hecho caballero antes de morir. Quería explorar la manera en que las decisiones de los grandes señores afectaban y a menudo arruinaban la vida de los pequeños.

Mientras que la saga principal es una compleja red de intriga política y magia oscura, los cuentos de Dunk y Egg comienzan siendo aventuras más lineales, centradas en el honor y la caballería. Para Martin, Dunk es la respuesta a la visión romántica de la caballería, la misma que explora en Festín de Cuervos a través de Brienne en su búsqueda de Sansa. Tanto con Dunk como con Brienne, su descendiente, Martin juega con una ironía central. Dunk probablemente no es un caballero ungido, al igual que Brienne, pero se comportan con más honor que cualquier otro caballero real de la saga. “Nunca hagas menos, sino más de lo que se espere de ti. Que no te amedrenten las tareas ni las penurias. Y sobre todo nunca avergüences al señor al que sirvas”, le enseñó ser Arlan a Dunk.

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Asimismo, a diferencia de Tyrion, Varys o Meñique, Dunk no es un genio político. Por el contrario, lo describe como lento de pensamiento y terco. “Más duro que atravesar los muros de un castillo”, escribe en repetidas ocasiones, al igual que para describir a Brienne. Martin le dio a Dunk una inseguridad interna constante. Dunk es un héroe que duda de sí mismo, lo que lo hace más valiente cuando actúa.

En cuanto a Egg, Martin quería responder a la pregunta de qué hace un buen gobernante. En Poniente, los príncipes viven aislados en la Fortaleza Roja o en Rocadragón. Al enviar a Egg a los caminos, creó un rey que supiera cuánto cuesta una hogaza de pan y en qué condiciones vive el pueblo. Igualmente, si Dunk es alto, fuerte y callado, Egg es diminuto, verborrágico, insolente y muy inteligente. Así es como Martin construyó una relación de padre e hijo o maestro y alumno invertida. Mientras que el caballero le enseña al escudero cómo pelear y sobre la empatía y la humildad, el escudero le enseña al duro de entendimiento sobre historia y política.

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En el capítulo “El Caballero de los Siete Reinos”, Bryan Cogman armó caballero a Brienne al ritmo de Jenny de Piedrasviejas para rendirle homenaje a la digna descendiente de Duncan el Alto, una mujer demasiado alta, demasiado fuerte, demasiado amable y demasiado noble para el mundo en el que nació. Esa es la serena belleza de la revelación de Martin: no hay corona ni gloria, solo la silenciosa continuidad de la virtud. A través de Brienne, el idealismo de Dunk perduró. Y en la nueva serie de HBO, “El Caballero de los Siete Reinos”, el espectador podrá ver en qué consistió la nobleza de quien, sin ser caballero, se convirtió en una de las más grandes leyendas de los Siete Reinos.

“—El campo [del escudo] debería tener el color de una puesta de sol —dijo de pronto—. Al viejo le gustaban. En cuanto al emblema…

—Un olmo— dijo Egg—. Un olmo grande como el del río, con el tronco marrón y las ramas verdes.

—Sí —dijo Dunk—, no estaría mal. Un olmo… pero con una estrella fugaz encima. ¿Podrías hacerlo?

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La joven asintió”. (El Caballero de los Siete Reinos, El Caballero Errante)

“—Vuestra puerta me ha recordado un viejo escudo que vi en la armería de mi padre, hace mucho (…)

Parecía más un cuadro que un blasón propiamente dicho; al verlo, su mente retrocedió muchos años, hasta la fresca oscuridad de la armería de su padre. Recordó cómo había pasado las yemas de los dedos por la pintura desconchada y desvaída, por las hojas verdes del árbol, por el curso de una estrella errante”. (Festín de Cuervos, Brienne II).

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