En un callejón escondido del barrio Las Villas existe un lugar donde el eco de las voces se escapa de las páginas y la tinta deja su huella en el corazón de los lectores. Precisamente, en este rincón de Soacha empieza la historia de Ecos de Tinta, una librería que ha resistido al paso del tiempo gracias a su comunidad.
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Andrea Velandia, bióloga especializada en pedagogía y escrituras creativas, encontró en esta última disciplina un camino para adentrarse en el mundo editorial. En un taller realizado en 2019 nació el Colectivo La Guapucha, nombrado así por un pez endémico colombiano, a partir del cual Velandia vio en el fanzine la oportunidad de juntar sus dos pasiones en un mismo lugar.
Sin embargo, en 2020, un año marcado por la pandemia, el proyecto cambió de rumbo. Junto a su pareja de ese entonces, Germán Sandoval, quien tocaba el violonchelo, decidió emprender una iniciativa editorial de literatura musicalizada que se llamaría Ecos de Tinta. “El nombre representa lo que queríamos hacer: los ‘ecos’ son el sonido del violonchelo y la ‘tinta’ es la pluma con la que escribo”, mencionó.
Con el desarrollo de esta propuesta, la editorial publicó “El aprendizaje de Sofía”, un libro infantil que reunía la poesía escrita por Velandia. En 2021, la autora tuvo acceso a talleres para formarse como librera, impulsados por la Asociación de Libreros Independientes (Acli), Idartes y la Alcaldía.
Estos talleres la impulsaron a cumplir un sueño: abrir su propia librería. Aunque ella dijo que para ese momento sabía lo básico, decidió aventurarse en este reto junto con sus padres, Helly Flórez y Édgar Velandia, quienes se volvieron miembros del equipo. Tratando de hacer un análisis de mercado, encontraron en Soacha, lugar de residencia de su abuela, una oportunidad.
Bogotá se ha convertido en el nicho por excelencia del sector editorial nacional. De acuerdo con la Cámara Colombiana del Libro, en 2024 se contabilizaron 205 librerías y 444 puntos de venta en el país, de los cuales 167 están en Bogotá, es decir, el 39,3 %. Esta concentración del sector en la capital también se traslada al mismo territorio bogotano, ya que gran parte de estas librerías se concentran en los mismos sectores. “En Bogotá, las librerías están muy centralizadas, sobre todo en Chapinero, Teusaquillo y el centro, y hacia el sur casi no hay. Muchas librerías que lo han intentado ya no existen”, afirmó Velandia.
En 2022, el proyecto se vio materializado y la librería Ecos de Tinta nació en este rincón de Soacha. Empezaron atendiendo a puerta cerrada y con muy pocos libros, mientras organizaban el espacio y entendían cómo funcionaba el negocio. Mientras tanto, la editorial continuó publicando a otros autores.
Velandia describió su librería como un espacio “particular”. “La entrada es por un callejón, y para nosotros eso es casi una metáfora. Estamos en Soacha, en un barrio popular, con muchas dificultades sociales… Lo que buscamos es que las personas, al entrar por ese pasillo largo, cambien de ‘chip’, dejen atrás el caos del barrio y entren a otro mundo: uno con programación cultural, libros y autores”.
No obstante, el mantener un espacio como este representó una serie de obstáculos desde el primer momento: “En cuatro años hemos estado a punto de cerrar muchas veces, porque sostener el espacio es complejo”. Velandia también mencionó que había meses en los que no se vendía ni un solo libro. Al igual que otras personas en el sector editorial independiente, Velandia tuvo que desempeñar varias de las funciones del negocio por su cuenta y, a su vez, tenía que rendir en sus otros trabajos como tallerista y profesora en Bogotá.
Otro de los grandes retos que describió fue la relación con ciertos proveedores. Algunos de ellos, al requerir ventas mínimas, solicitaron en algún momento la devolución de sus libros, y mencionó que, en cierta ocasión, un proveedor no quiso venderle ejemplares de manera directa, orillándola a tener que buscarlos por otros medios. Sin embargo, también reconoció que varios de los proveedores con los que trabajan hoy en día se convirtieron en “grandes aliados” y que los apoyaron con “paciencia” desde sus inicios.
Por otra parte, la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) le ha permitido acercarse y formar alianzas con otras personas del gremio, aunque acceder a estos lugares de manera individual sigue siendo bastante costoso, por lo que muchas veces ha sido parte de iniciativas colectivas para entrar.
De la misma manera, Velandia destacó el rol que han adquirido iniciativas como la Cámara Colombiana de la Edición Independiente en acercar a proyectos emergentes y ayudarla a formar vínculos con iniciativas regionales, donde cree que todavía hay mucho camino por recorrer. “Las librerías de Bogotá tienen dinámicas muy distintas, con públicos que tienen mayor poder adquisitivo. En cambio, cuando hablo con libreros y editores de región, encuentro experiencias mucho más cercanas a la nuestra”.
A pesar de todas estas dificultades, hoy en día la librería ha logrado posicionarse en el sector. Una de las apuestas para lograr esto fue repensar el espacio como un lugar de encuentro cultural, donde se realizan talleres de escritura, cineclub, narración oral y clubes de filosofía y de lectura.
Además, por recomendación de su mamá, decidieron incluir la venta de café, comida y cerveza para el público. También se sumaron nuevos integrantes al equipo: Hajed Reyes y Gerson Prieto, quienes, junto con sus papás, le han permitido a Velandia distribuir de mejor manera la responsabilidad que implica un proyecto como este.
Por último, reconoció que la comunidad ha sido clave en todo este proceso. “Soacha alberga distintos estratos socioeconómicos, pero hay un alto porcentaje de la población en estratos uno y dos, para quienes el libro sigue siendo un lujo”. No obstante, si bien pueden existir este tipo de retos, la gente de Soacha no ha dejado de habitar este espacio y, durante los momentos de crisis, se ha acercado a preguntar, apoyar y proponer ideas para que la librería siga viva. “Algunas dificultades son reales, pero también existe una comunidad lectora muy fuerte, gente que escribe, que quiere leer, que compra libros y que apoya estos espacios”.
Además, explicó que varios bogotanos, sobre todo del sur de la ciudad, van a la librería, ya que es de los pocos espacios que están localizados cerca de estos sectores. “Muchas personas no se atreven a emprender proyectos culturales en el sur por esos prejuicios y porque, históricamente, varias librerías han fracasado”, mencionó, pero también reconoció que Ecos de Tinta se ha convertido en un proyecto que rompe con esos estereotipos que se tienen con respecto a que en estas zonas “no se lee”.
Hoy en día, Ecos de Tinta se encuentra en remodelación y planean inaugurar a mediados de febrero un segundo piso donde se pueda recibir a más visitantes. “La comunidad siente que este logro es colectivo: que el segundo piso, los nuevos espacios y los libros son resultado del esfuerzo de todos”.
En este callejón escondido en el barrio Las Villas, la gente de Soacha ha formado un lugar donde encontrarse con los libros y con su comunidad. A pesar de los retos, el trabajo de Velandia y su equipo, junto con el apoyo de las personas que habitan este espacio, ha logrado mantener este proyecto que descentraliza el sector y que, a partir de esos “ecos de tinta”, le da un nuevo significado a la lectura desde lo colectivo.