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El Atlas catalán: la gran pintura del mundo medieval

Los mapas antiguos son ricos testimonios de las sociedades del pasado que nos permiten viajar en el tiempo. El Atlas catalán, elaborado en 1375, es una fuente que nos revela elementos centrales de la cultura medieval.

27 de septiembre de 2026 - 06:02 p. m.
Fragmento del Atlas catalán, 1375, Biblioteca Nacional de Francia.
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Los mapas son documentos históricos únicos, no tanto porque sirvan para ubicarnos espacialmente, sino porque son expresiones de las sociedades que los producen. Más que pinturas neutrales del mundo, son representaciones en las cuales el cartógrafo selecciona qué se incluye y qué no, jerarquiza y ordena el mundo. Son artefactos poderosos que permiten poseer el mundo a escala humana, definir fronteras, servir como cartas de propiedad y trazar dominios. Sobre un mapa se puede planear el futuro, grandes batallas, expediciones, naciones o imperios. Con un mapa en sus manos, un hombre pequeño se transforma en un hombre poderoso, quien, gracias a la ciencia de la cartografía, puede tener una nación o el mundo entero en sus manos. Los mapas pueden ser muchas cosas al mismo tiempo, instrumentos militares y políticos, pero también pueden ser bellas obras de arte con complejos contenidos simbólicos. Por todo esto, los mapas son extraordinarios testimonios de su tiempo.

El llamado “Atlas catalán”, elaborado por cartógrafos mallorquines del siglo XIV, además de ser una representación cristiana del mundo y una expresión del poder político de la Corona de Aragón, es una pintura del mundo medieval. La obra se compone de 6 hojas dobladas por la mitad, pegadas sobre tablas de madera con una envergadura total de tres metros de largo por 65 cm de alto. Es un mapa único, no solo por su tamaño, sino por el detalle y la riqueza de su contenido, con una suntuosa decoración, una rica toponimia y textos descriptivos en lengua catalana. Su tamaño y detalle hacen difícil su reproducción impresa; por lo que, en esta oportunidad, el lector tendrá que imaginar los detalles o hacer uso de una imagen de alta resolución digital. La carta no está firmada, pero sabemos que su autor fue un judío convertido al cristianismo de nombre Abraham Cresques, quien, con la ayuda de su hijo Jehuda, confeccionó este colosal mapamundi entre 1375 y 1377, al parecer como un regalo del rey de Aragón a su homólogo de Francia.

Una vez en París, el Atlas hizo parte de la colección de Carlos V y se incorporó a la Biblioteca Real en el Palacio de Louvre. Pocas personas en el mundo tenían la capacidad de elaborar y poseer una obra científica y artística como el Atlas catalán, en la cual se acumula información sobre la totalidad del mundo conocido ensamblada por los mejores dibujantes de mapas; de manera que el Atlas fue una valiosa pieza artística y científica, exhibida como símbolo de poder imperial.

Atlas catalán completo, 1375, Biblioteca Nacional de Francia.
Foto: Wikimedia Commons

El mapamundi celebra los logros de exploradores y navegantes cristianos y es uno de los primeros mapas que incluye una rosa de los vientos, una estrella de 8 puntas que se usó en mapas medievales para ayudar a orientar a los navegantes señalando la dirección de los vientos. Se incluyen los nombres de los puntos cardinales como la tramontana (norte), levante (este), merzodi (sur), ponente (oeste). La dirección norte se destaca con una flecha mayor que señala la estrella polar; más adelante, la parte superior de la rosa de los vientos fue sustituida por la tradicional flor de lis.

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El nivel de detalle cartográfico se debe, en parte, al creciente número de exploraciones de la época. En particular, aquellas vinculadas a la Corona de Aragón en el Mediterráneo, que en este atlas figura como “Mar de Aragón”; pero también se nutre de testimonios de viaje más allá de los confines del Mediterráneo, como la expedición de Jaume Ferrer al Río del Oro en África occidental. Además de testimonios de exploradores aragoneses, el mapa hace referencia a literatura de viajes de la Edad Media y es uno de los primeros mapas en reconstruir cartográficamente los relatos del Libro de las Maravillas de Marco Polo. La mayoría de los nombres, descripciones de la corte del “Gran Kan” y leyendas de la parte oriental de la tierra provienen de las narraciones del viajero veneciano del siglo XIII. Al parecer, Abraham Cresques, con una amplia cultura y dominio de varias lenguas, incluyendo el árabe, tuvo acceso a una nutrida información de diversos testimonios literarios y científicos. Entre otros viajeros, el mapa hace referencia a los relatos de viajes del explorador magrebí Ibn Battuta y es evidente que los Cresques accedieron a los testimonios del explorador hebreo Benjamín de Tudela, quien escribió su Libro de viajes a inicios del siglo XII, así como a los escritos del misionero Jordanus del año 1340.

Los dos primeros retablos son una detallada representación del calendario y la concepción del cosmos medieval. En el primer panel se dibujaron esferas que representan calendarios cristianos y las fases lunares; en el segundo, un detallado modelo del cosmos. Siguiendo la concepción de Aristóteles y Claudio Ptolomeo, la Tierra, morada de los hombres, está en el centro del universo. Por encima de la esfera terrestre y los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, se representan de color azul esferas celestes con la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. A continuación, se pueden encontrar los nombres y los símbolos del zodíaco. Así, los dos primeros paneles representan los conocimientos astronómicos de su tiempo, señalando las fechas religiosas de los calendarios judío y cristiano.

Los cuatro paneles restantes componen un gran mapa del ecúmene, el mundo habitado conocido, con tierras europeas, africanas y asiáticas. Se trata del más detallado atlas terrestre de la famosa escuela mallorquina de cartografía y una de las pinturas más completas del mundo medieval europeo. Como es predecible, la costa del Mediterráneo, un mundo más familiar y objeto de un intenso tráfico marítimo de la Corona de Aragón, se presenta con mayor detalle en los retablos 3 y 4. No obstante, el propósito era consignar la totalidad del mundo conocido con especial interés en el comercio global y la legendaria ruta de las especias. En el mapa se da especial atención al “mar de las islas de la India, donde están las especias”.

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Entre las ciudades más destacadas fuera del mundo cristiano está La Meca, representada con una cúpula azul y una leyenda que dice: “En esta ciudad es el santuario de Mahoma, el profeta de los sarracenos, que vienen aquí en peregrinación de todos los países. Y dicen que, después de haber visto algo tan precioso, ya no son dignos de ver nada más en absoluto, y que se ciegan a sí mismos en honor a Mahoma”. Mientras que las áreas bajo control musulmán están marcadas con cúpulas de mezquitas, Jerusalén está rodeada de viñetas alusivas a la Biblia, como el Jardín del Edén, el Arca de Noé y la crucifixión.

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Una de las características de la escuela cartográfica mallorquina es la presencia de muchas banderas y las imágenes de diversos monarcas y sus estandartes acompañados de textos con información económica y demográfica. Las ciudades cristianas están diferenciadas de las musulmanas por una cruz, con la excepción de Granada, que contiene la cruz, pero presenta una bandera con inscripciones arábigas. Otras ciudades significativas son Bagdad, Samarcanda y Astracán, todas centros culturales y comerciales de interés para los cristianos.

La prolífica toponimia e inscripciones con información geográfica se combinan con anotaciones relacionadas con tradiciones literarias y fábulas de la época. No faltan animales como camellos y elefantes de África y Asia, al igual que algunas criaturas fantásticas. Siguiendo la tradición medieval de la literatura de viajes en territorios lejanos, se ven sirenas, gigantes y caníbales, al igual que gemas y especias de la India y China.

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Por Mauricio Nieto Olarte

Mauricio Nieto Olarte es filósofo de la Universidad de los Andes y doctor en Historia de las Ciencias de la Universidad de Londres.
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