En medio del ajetreo y el ruido de la capital, existe un barrio donde el arte atraviesa la vida cotidiana de las personas que lo habitan. San Felipe comenzó como una zona residencial en la que, luego, algunos de sus habitantes instalaron talleres de distintos oficios. Sin embargo, hace aproximadamente 16 años esta zona empezó a transformarse en un punto de encuentro para artistas, gestores culturales y emprendedores, quienes encontraron allí un espacio para desarrollar y compartir sus proyectos.
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Esta transformación del territorio hizo que San Felipe fuera reconocido como “distrito creativo”, un distintivo que enmarca el trabajo cultural que su comunidad ha venido consolidando. No obstante, recientes denuncias, expresadas a través de un comunicado colectivo, han revelado problemas de inseguridad en la zona, así como una serie de obras inconclusas que han perjudicado la vida de sus residentes.
Entre los afectados se encuentra CasaSelva, recinto que agrupa distintos proyectos creativos y que ha sufrido tres robos en menos de un año. El último ocurrió este 1 de marzo, cuando unos ladrones ingresaron por la ventana del segundo piso y sustrajeron un computador y equipos fotográficos valorados en COP 35 millones.
El Espectador habló con varios habitantes de San Felipe, entre ellos Andrés Pardo, artista plástico, gestor cultural y vocero de la zona sur del distrito creativo. Pardo, quien también codirige CasaSelva, afirmó que los robos a establecimientos han aumentado que dentro del sector es común ver que se hurtan contadores y cables de luz.
El artista señaló que parte del problema se concentra en “La Estación”, un predio aledaño a la zona sur de San Felipe que ha permanecido abandonado durante años. Este lote, que le pertenece a la Empresa de Renovación y Desarrollo Urbano de Bogotá (RenoBo), fue descrito en el comunicado como “un foco de inseguridad” y “un punto estratégico para actividades delictivas”, donde existe una problemática de acumulación de residuos y presencia de roedores.
Esto fue confirmado por Liz Caballero, dueña de la galería de arte Sketch, aunque también aclaró que las dinámicas en la zona norte del distrito, donde se encuentra ubicado su establecimiento, son distintas y que no tienen esta problemática que están viviendo sus vecinos debido a este lote. Además manifestó que, desde su perspectiva, el problema de inseguridad es algo que se ha dado de manera generalizada en Bogotá y que no es exclusivo del barrio San Felipe.
RenoBo ha abierto distintas convocatorias para el arrendamiento del predio, pero no se ha llegado a soluciones concretas: “Entre el parque y el lote tampoco hemos logrado establecer un contacto claro con los responsables. Se ha hablado de algunos cambios en el cerramiento, como poner malla, y de posibles proyectos piloto similares a los del Jardín Botánico o al vivero que RenoBo tiene en los lotes de la calle 26. Pero todo eso debería suceder pronto”, declaró Pardo.
Si bien la policía llegó 12 minutos después del robo en cuestión, la forma en la que funcionan los cuadrantes en la zona crea “fronteras invisibles” e impide que algún CAI más cercano reaccione directamente ante un delito en esa zona. Además, Caballero destacó que desde hace tiempo la comunidad había hecho la solicitud para la instalación de un CAI móvil o de un punto de atención policial en el barrio.
La inseguridad no es el único problema: de acuerdo con Pardo, esta es la consecuencia del abandono institucional que también se refleja otros proyectos inconclusos. Entre ellos están los tótems de señalización turística y “Barrios Vitales”.
Los tótems fueron una iniciativa implementada por el Instituto Distrital de Turismo durante la alcaldía de Claudia López. Sin embargo, desde el día de su inauguración hasta hoy solo queda en pie una de esas señales. Caballero señaló que esta se encuentra en el Parque central “La Araña” , que está “completamente vandalizada” y que los mapas que había en estos tótems nunca fueron actualizados.
Por otra parte, “Barrios Vitales” fue un piloto de redistribución del espacio público a través de la reducción de carriles vehiculares y la ampliación de rutas para que los peatones pudieran circular por la zona. A pesar de que este proyecto contó con mesas de trabajo con parte de la comunidad, no se concretó el plan de acción. Recientemente, y después de años desde el piloto, se les informó que ya existe contratación para continuar con la obra.
Los voceros que hablaron para este diario concuerdan en que, si bien existen canales de diálogo con la alcaldía Local de Barrios Unidos y otras secretarías del distrito, pareciera que las reuniones no logran traducirse en acciones concretas. Además, Pardo fue enfático en que no existe comunicación entre ellas.
Contactamos a la Alcaldía de la localidad, pero no se concretó la cita que pedimos para entender los procesos que se adelantan en el barrio.
“Tenemos un gran eslogan y una idea muy potente de distrito creativo, pero las entidades no han logrado engranarse ni trabajar de manera interinstitucional. Cada una llega al territorio como un paracaidista y la primera reunión suele ser: ‘Hola, queremos conocerlos’. Podrían llegar conociendo los procesos que ya existen, cómo estamos organizados y cómo trabajamos, pero eso casi nunca ocurre”, mencionó.
Además, el año pasado, el característico evento “Open San Felipe” fue cancelado por problemas con los permisos para su realización. “Esto ocurrió porque lo clasifican como un evento de gran impacto, cuando en realidad no es comparable con algo como un festival masivo. Además, no se cobra entrada, por lo que financieramente no es viable asumir todos los requisitos que se exigen. Esa situación sí afectó bastante al barrio”, afirmó Caballero. A pesar de esto, este 19 de marzo se realizará la Noche San Felipe, buscando retomar este espacio y así reactivar la actividad cultural y comercial del sector.
Estas problemáticas también han sido percibidas por otros habitantes de San Felipe. Mónica Forero, dueña de Emma Mia, un café y taller de cerámica, dijo que la falta de seguridad en el barrio es visible, lo que la ha llevado a reforzar las protecciones en su negocio, aunque también afirmó que no se ha visto directamente afectada y la afluencia de clientes se ha mantenido.
Caso contrario al de Camilo Cárdenas, del estudio fotográfico GÖZ, que ha visto cómo sus clientes han sido víctimas de robos, por lo que algunos han decidido no volver. Ambos identificaron esa discontinuidad en torno a algunos de los proyectos que se desarrollan en el barrio y Forero mencionó que ese tipo de sucesos desvalorizaban el oficio de los gestores culturales y los artistas.
Las voces entrevistadas recogen un sentimiento: no quieren que se dañe la imagen del barrio con estas denuncias; sin embargo, esperan que las instituciones logren articularse de mejor manera con el tejido cultural que han venido construyendo. “Este es un distrito que se creó desde la comunidad: quienes estábamos en el barrio decidimos construirlo, hacerlo crecer y hoy seguimos creyendo en él, a pesar de las dificultades y de las trabas institucionales”, concluyó Pardo.