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“El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad: poder sin límites (La novela y el mundo)

La obra del escritor polaco-británico, “El corazón de las tinieblas”, aborda temáticas como la condición humana, la colonización y la barbarie.

Mónica Acebedo

08 de julio de 2026 - 08:42 a. m.
Joseph Conrad publicó su primera novela cuando cumplió 38 años.
Foto: Getty Images
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"La conquista de la tierra, que por lo general consiste en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nuestras, no es nada agradable cuando se observa con atención".

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“El corazón de las tinieblas” (1899) de Joseph Conrad (1857-1924) es uno de los mejores ejemplos de la novela como género idóneo para reflejar las complejidades de la condición humana y la forma como el ejercicio del poder desprovisto de controles sociales, políticos o morales se convierte en un descenso a los infiernos. El tema de “civilización” como aquella intención colonizadora y purificadora de una cultura que se cree superior frente al salvajismo o “barbarie” es el eje de la narración, pero va mucho más allá: el poder produce la ilusión de superioridad. Dice Mario Vargas Llosa sobre esta idea en la novela: “Esta dialéctica entre civilización y barbarie es tema neurálgico en ‘El corazón de las tinieblas’. Para cualquier lector sin orejeras, es evidente que en modo alguno se desprende de la novela que la barbarie sea el África y Europa la civilización. Si hay una barbarie explícita, cínica, la encarna la Compañía, cuya razón de ser en las selvas y los ríos donde se haya instalado es saquearlos, explotando para ello con ilimitada crueldad a esos caníbales a los que esclaviza, reprime o mata sin el menor escrúpulo, igual que a las manadas de elefantes, para conseguir el oro blanco, el ansiado marfil”. Los países europeos justificaban la colonización, precisamente, por esa idea de civilización, pero Conrad presenta una distancia inalcanzable entre los ideales de progreso y la realidad.

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El contexto espacial de la novela es la expansión del Imperio de Leopoldo II de Bélgica en África y el temporal, el siglo XIX. Marlow es un marinero británico contratado por la Compañía (empresa comercial) para navegar por el río Congo y buscar a Kurtz, un exitoso agente que se dedica a la recolección de marfil. La percepción inicial que tiene Marlow sobre Kurtz es la de un hombre inteligente, respetado e incluso admirado, casi un mito. Sin embargo, cuando finalmente lo descubre, se da cuenta de que es una figura todopoderosa, corrupta y aislada. Marlow logra sacar a Kurtz, pero este muere durante la travesía de regreso. Para ese momento ya era un hombre enloquecido, delirante, acabado. Son famosas las últimas palabras antes de morir: “El horror, el horror”, que se han interpretado desde múltiples perspectivas: horror a sí mismo, como una forma de arrepentimiento; horror a la condición humana; horror al sistema del colonialismo; horror a la muerte.

El viaje de Marlow no es solamente un trayecto geográfico por un terreno hostil, sino una travesía sociológica que cuestiona las construcciones culturales, el colonialismo y la creencia de la superioridad de los europeos. Marlow supone que lo que va a encontrar es una compañía racional y organizada y en cambio se encuentra con corrupción, abuso, violencia y destrucción. La única forma de ejercer el poder es el sufrimiento de los otros. Quienes ejercen el poder lo hacen convencidos de que sus actos se justifican por un bien ulterior: el progreso y la civilización: “El poder corruptor del corazón humano es más oscuro que cualquier otro mal”.

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Marlow empieza a navegar y entre más se adentra en las zonas dominadas por Kurtz, peor es la anarquía. Las instituciones tradicionales europeas no existen; no hay leyes ni jerarquía. Nada importa sino la violencia. El corazón de las tinieblas no es exclusivamente un lugar geográfico donde rige el caos; también es una denominación genérica para explicar el infierno de los seres humanos cuando el poder no tiene límites: “Levanté la cabeza. El mar estaba cubierto por una densa faja de nubes negras, y la tranquila corriente que llevaba a los últimos confines de la tierra fluía sombríamente bajo el cielo cubierto […] parecía conducir directamente al corazón de las inmensas tinieblas".

De hecho, Conrad, cuyo nombre original era Józef Teodor Konrad Korzeniowski, viajó él mismo por el Congo en 1890 y su experiencia le sirvió para escribir la novela. El corazón de las tinieblas es una obra fundamental de la literatura universal en la que confluyen: el mal con todas sus connotaciones individuales y proyectadas a lo colectivo; una crítica general al colonialismo europeo; una reflexión sobre el concepto de poder y su forma de ejercerlo; una aproximación al alcance de la idea de civilización frente a la barbarie; una mirada a la locura como una enfermedad de la que son víctimas los europeos que colonizan; y una exploración de la condición humana: “¡Es curiosa la vida... ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo […] que llega demasiado tarde [...] una cosecha de inextinguibles remordimientos".

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Por Mónica Acebedo

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